Rumanía rompe el cordón sanitario: socialdemócratas y ultraderecha se alían para tumbar al Gobierno

La política rumana atraviesa otra crisis. La decisión del Partido Socialdemócrata (PSD), hasta hace pocos días socio de Gobierno, de unir fuerzas con la formación ultranacionalista Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR) para impulsar una moción de censura contra el Ejecutivo liberal marca un punto de inflexión que trasciende el ámbito nacional. No se trata solo de una pugna por el poder, sino de un movimiento que pone a prueba uno de los principios más defendidos en la izquierda europea: el cordón sanitario frente a la extrema derecha.

El primer ministro Ilie Bolojan, líder del Partido Nacional Liberal (PNL), afronta ahora una votación decisiva que podría poner fin a su mandato. Paradójicamente, la ofensiva no llega únicamente desde la oposición tradicional, sino desde quien hasta hace poco compartía responsabilidades de gobierno. El PSD, encabezado por Sorin Grindeanu, ha justificado su ruptura por desacuerdos en materia económica, especialmente ante las políticas de ajuste impulsadas por Bolojan para contener un déficit disparado.

Sin embargo, el trasfondo político es más complejo. Las reformas planteadas por el Ejecutivo —subidas fiscales, recortes del gasto y proyectos de privatización— han generado tensiones internas, pero también han erosionado el equilibrio de poder territorial, donde los socialdemócratas mantienen una fuerte implantación. La propuesta de reestructuración de la administración local fue, según la prensa local, el detonante definitivo de la ruptura.

La clave del actual escenario reside en la aritmética parlamentaria. La suma de los votos del PSD, AUR y otras fuerzas soberanistas como Pace-Întâi România y SOS, podría alcanzar la mayoría necesaria para derribar al Gobierno. Pero el coste político de esa alianza es elevado. La cooperación con AUR, liderada por George Simion, rompe con el discurso mantenido hasta ahora por los socialdemócratas tanto en Rumanía como en el Parlamento Europeo, donde han defendido la exclusión de la ultraderecha de cualquier pacto institucional.

Esta contradicción ha generado fricciones en Bruselas. El líder del Partido Popular Europeo (EPP) Manfred Weber han señalado la incoherencia de los socialdemócratas, mientras que líder de los Socialistas y Demócratas (S&D) Iratxe García ha tratado de minimizar el alcance del movimiento, insistiendo en que no implica una alianza estructural con la extrema derecha. Aun así, el episodio debilita el discurso europeo contra los pactos con fuerzas ultras y acompaña el proceso de redefinición tras la derrota de Viktor Orbán en Hungría y el triunfo de Rudem Radev en Bulgaria.

Crisis interna y polarización creciente

En el plano interno, la moción de censura refleja una creciente polarización política en Rumanía. La ultraderecha ha capitalizado parte del descontento social derivado de la inflación, la desaceleración económica y las medidas de austeridad. El propio Simion ha ganado protagonismo como alternativa disruptiva, aunque ha descartado, por ahora, una coalición formal con los socialdemócratas. De hecho, AUR ha sido el partido que mejor sobrellevó la crisis electoral desatada tras la repetición de los comicios, ordenado por el Tribunal Constitucional, después de considerar que el candidato independiente prorruso, Calin Georgescu, pudo haber incurrido en irregularidades en su campaña para pasar a segunda vuelta.

El presidente del país, el independiente liberal Nicusor Dan, ha intentado contener la deriva política asegurando que no avalará un Gobierno con participación de la ultraderecha. Sin embargo, su margen de maniobra dependerá del resultado de la votación y de la capacidad de los partidos proeuropeos para recomponer una mayoría estable, aunque por los momentos los liberales de Unión Salvar Rumanía (USR) y la minoría húngara están dispuestos a seguir siendo parte del Ejecutivo.

Desde una perspectiva más amplia, lo ocurrido en Rumanía ilustra una tendencia creciente en Europa: la erosión de las líneas rojas tradicionales ante la presión de contextos políticos fragmentados. La alianza táctica entre socialdemócratas y ultraderecha no implica necesariamente una convergencia ideológica, pero sí evidencia un cambio en las prioridades estratégicas de los partidos, donde la competición por el poder puede imponerse a los compromisos previos. @mundiario