La ofensiva verbal de Donald Trump contra el Papa León XIV no cesa. Esto no solo intensifica su choque personal, sino que introduce un elemento de tensión en la ya delicada relación entre Estados Unidos y la Santa Sede. A escasos días de la llegada del secretario de Estado Marco Rubio a Roma con el objetivo de rebajar tensiones, el presidente estadounidense ha acusado al pontífice de “poner en peligro a muchos católicos”.
El núcleo de la disputa se sitúa en la guerra y, más concretamente, en la postura del Vaticano frente a la escalada en Oriente Próximo. Trump, en una entrevista a la cadena cristiana y conservadora Salem News Channel, afirmó que el Papa “prefiere hablar de si está bien que Irán tenga un arma nuclear”, añadiendo: “Creo que está poniendo en peligro a muchos católicos y a mucha gente, pero supongo que si depende del Papa, él cree que está bien que Irán tenga un arma nuclear”.
Estas palabras, que no reflejan declaraciones reales del pontífice, reinterpretan la posición vaticana —centrada en el rechazo a la guerra— como una supuesta indulgencia hacia Teherán.
Desde Roma, la respuesta ha sido contenida pero firme. El secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, evitó entrar en una confrontación directa, subrayando que “El Papa sigue adelante por su camino, predicando el Evangelio y la paz, como diría San Pablo, en toda ocasión, oportuna e inoportuna. Que esto guste o no es otra cosa. Entendemos que no todos comparten la misma opinión. Pero esa es la respuesta del Papa”. La declaración delimita con claridad el terreno: el Vaticano no responde en clave política, sino doctrinal.
El trasfondo de este choque es más amplio que un desacuerdo puntual. Desde su elección, León XIV ha adoptado posiciones críticas hacia varias políticas de la Casa Blanca, desde la inmigración hasta la intervención violenta en conflictos internacionales. El propio pontífice fue explícito: “No tengo miedo a la Administración Trump (…) Seguiré hablando en voz alta contra la guerra”. Esta línea refuerza una tradición diplomática vaticana basada en la mediación y el pacifismo, pero choca con una visión más beligerante del poder estadounidense.
En este contexto, la visita de Rubio adquiere una dimensión estratégica. Como católico practicante, su papel no es únicamente político, sino también simbólico. Según el embajador estadounidense ante la Santa Sede, Brian Burch, el encuentro será una “conversación franca” y responde a la necesidad de “trabajar las diferencias” a través del diálogo. Sin embargo, las declaraciones de Trump actúan como un elemento disruptivo que complica cualquier intento de distensión.
La tensión revela también divisiones profundas en el mundo católico, especialmente en Estados Unidos. Mientras que los sectores ultraconservadores y nacionalistas critican al papa por sus posturas sociales y geopolíticas —apelando a su condición de estadounidense—, el Vaticano insiste en su autonomía moral frente a cualquier poder político.
La acusación de Trump —que vincula al pontífice con una supuesta permisividad hacia Irán— se inscribe en esta disputa ideológica, donde la religión se convierte en un terreno de confrontación política.
Además, el episodio se produce en un momento diplomático sensible. La administración estadounidense busca recomponer relaciones no solo con el Vaticano, sino también con aliados europeos, en un contexto marcado por la guerra en Irán y tensiones transatlánticas. Las críticas previas de Trump a líderes como Giorgia Meloni y sus amenazas de retirar tropas de las bases militares de Europa forman parte de un patrón que complica la coherencia de la política exterior estadounidense.
Por otro lado, el Vaticano ha optado por mantener un perfil institucional, evitando escalar el conflicto. La estrategia parece clara: preservar su papel como actor global independiente, centrado en la defensa de la paz, incluso si eso implica confrontar indirectamente a grandes potencias. En ese sentido, la figura del Papa se sitúa en un plano distinto al de los líderes políticos, lo que explica la asimetría en el tono de las declaraciones. @mundiario
