Los pecados que condenaron al Atlético y lo dejaron fuera de final de la Champions

El Atlético de Madrid volvió a quedarse en la orilla de la Champions, y lo hizo de la manera más dolorosa: viendo cómo el Arsenal le aplicaba su propio manual de estilo. Arteta fue pragmático, ordenado y calculador, y con apenas un gol de Bukayo Saka en Londres logró lo que Simeone tantas veces había conseguido: sobrevivir con lo justo y avanzar. El contraste fue brutal, porque el Atleti no supo reconocerse en su propio espejo.

El primer pecado capital fue la gestión de Ademola Lookman. Simeone lo obligó a convertirse en un apagafuegos defensivo, alejándolo del área rival y desconectándolo de sus compañeros más adelantados. El resultado fue un atacante desnaturalizado, incapaz de generar peligro y condenado a la irrelevancia. El Arsenal agradeció esa concesión y se blindó con tranquilidad.

El segundo pecado fue el banquillo. Los cambios del Cholo no aportaron nada, salvo la tibia entrada de Álex Baena. Almada y Sorloth fueron sombras, incapaces de alterar el ritmo del partido. En una semifinal de Champions, los relevos deben ser revulsivos, no lastres. El Atlético se quedó sin chispa, sin variantes y sin fe.

El tercer pecado fue la puntería, o la falta de ella. Giuliano Simeone tuvo la ocasión que podía haber cambiado la historia, pero su remate careció de fuerza. Sorloth, por su parte, desperdició la más clara del partido, golpeando al aire cuando tenía todo para marcar. En noches europeas, los pequeños detalles deciden, y el Atleti falló en el más elemental: meter la pelota.

Una eliminación que va más allá del resultado

Resulta imposible negar que el Atlético le plantó cara al Arsenal. El equipo de Simeone mostró carácter y competitividad, pero quedó la sensación de que con un poco más de mordiente ofensiva pudo haber asegurado su boleto a la final del torneo.

El conjunto dirigido por Mikel Arteta tampoco lo tuvo sencillo. Los pupilos del técnico argentino ofrecieron un partido incómodo, fiel reflejo de que nunca son un rival fácil y que saben cómo complicar a cualquiera en este tipo de escenarios.

Sin embargo, en estas instancias la resistencia no basta. Los equipos de élite deben imponerse en compromisos de tal magnitud, donde cada detalle marca la diferencia y cualquier concesión puede costar la clasificación.

El Arsenal demostró calidad y solidez, pero en ningún momento se mostró claramente superior al Atlético. Esa igualdad en el terreno de juego refuerza la idea de que, con mayor contundencia en ataque, los rojiblancos pudieron haber cambiado el desenlace y estar hoy celebrando su pase a la final. @mundiario