Un desfile sin músculo: la presión militar de Ucrania empaña el Día de la Victoria de Putin

El tradicional Día de la Victoria en Rusia, convertido en uno de los pilares simbólicos del poder del Kremlin, llega este año marcado por la incertidumbre. Lo que durante décadas fue una demostración de fuerza militar cuidadosamente coreografiada se presenta ahora como un acto más contenido, condicionado por la guerra en Ucrania y, sobre todo, por la creciente capacidad de Kiev para golpear territorio ruso a gran distancia.

El presidente ruso Vladímir Putin afronta el 9 de mayo en un contexto inédito. La decisión de reducir el despliegue militar —sin tanques ni sistemas pesados— rompe con una tradición que durante años buscó proyectar poderío y continuidad histórica desde la victoria soviética en 1945.

Las autoridades rusas han justificado esta reducción por la “situación operativa actual”, pero el trasfondo es evidente: el temor a ataques ucranianos, especialmente con drones, que han demostrado capacidad para alcanzar objetivos cercanos a Moscú. El impacto reciente de un dron a escasos kilómetros del Kremlin refuerza esa percepción de vulnerabilidad.

A esto se suma un refuerzo sin precedentes de la seguridad: restricciones al internet móvil, posibles cortes de comunicaciones y un control más estricto del espacio aéreo. Medidas que, más allá de su carácter preventivo, reflejan un cambio en el equilibrio psicológico del conflicto.

La amenaza de Ucrania: drones y misiles de largo alcance

Desde el lado ucraniano, el mensaje ha sido explícito. El presidente Volodímir Zelenski advirtió de que “los drones ucranianos también pueden atacar este desfile”, subrayando la capacidad de Kiev para llevar la guerra al corazón simbólico de Rusia.

Pero más allá de los drones, el elemento que redefine el escenario es el desarrollo de misiles de largo alcance. Ucrania ha confirmado el uso del sistema F-5 Flamingo, capaz de alcanzar objetivos a más de 1.500 kilómetros. El reciente ataque contra una instalación militar en Cheboksary, en territorio ruso profundo, marca un salto cualitativo.

“Los Flamingos ucranianos cubrieron una distancia de más de 1.500 kilómetros. La instalación de producción militar que fue objetivo producía sistemas de protección de relés, sistemas de automatización y equipo de bajo voltaje”, afirmó Zelenski. Este tipo de operaciones no solo tiene impacto militar, sino también estratégico: amplía el alcance del conflicto y obliga a Rusia a redistribuir recursos defensivos en su propio territorio.

El Día de la Victoria no es una simple conmemoración histórica. Bajo el liderazgo de Putin, se ha convertido en una herramienta central de legitimación política, vinculando la victoria sobre la Alemania nazi con los conflictos actuales, especialmente Ucrania.

Sin embargo, la progresiva reducción del desfile en los últimos años —cancelación del tramo aéreo en 2022, menor presencia de sistemas modernos en 2023 y 2024— alcanza ahora su punto más visible. La ausencia de equipamiento pesado altera el mensaje tradicional de poder militar.

En este contexto, el desfile pierde parte de su función como demostración de poder y pasa a ser un acto más defensivo, condicionado por la necesidad de garantizar la seguridad.

Una tregua frágil en medio de la escalada

El contexto inmediato añade más tensión. Rusia ha anunciado un alto el fuego temporal con motivo del desfile, mientras Ucrania ha propuesto una tregua propia. Sin embargo, los ataques previos a estas pausas —incluidos bombardeos rusos que han causado unas 27 víctimas civiles— reflejan la fragilidad de cualquier intento de distensión.

“Creemos que la vida humana es mucho más valiosa que cualquier «celebración» de aniversario”, declaró Zelenski, en referencia a las conmemoraciones del 9 de mayo.

La dinámica de treguas unilaterales, ya vista en otras festividades, no ha logrado generar avances sustanciales en el conflicto, marcado por la desconfianza mutua.

Más allá del simbolismo, el trasfondo apunta a una evolución del conflicto. Informes recientes indican una ralentización del avance ruso en el frente y pérdidas territoriales puntuales, mientras Ucrania combina resistencia en el terreno con ataques de medio y largo alcance.

El uso de nuevas tecnologías —drones, misiles transónicos, sistemas de navegación avanzados— está redefiniendo el equilibrio. La capacidad de Kiev para producir y desplegar estos sistemas, con apoyo tecnológico occidental, introduce una dimensión industrial al conflicto que trasciende el campo de batalla inmediato.

Para Moscú, esto implica un doble desafío: sostener la ofensiva en Ucrania y, al mismo tiempo, proteger su propio territorio. @mundiario