Hay dirigentes que desaparecen en silencio tras abandonar el poder. Y luego está Josep Maria Bartomeu, que cada vez que reaparece consigue remover algunas de las cicatrices más profundas del FC Barcelona contemporáneo. Esta vez lo hizo hablando del caso Negreira, del Barçagate, de Lionel Messi y, por supuesto, de su eterna batalla política con Joan Laporta.
Lo más impactante de sus declaraciones, publicadas por el diario As, no fue la defensa de su gestión. Tampoco que asegurara que volvería a contratar a Nicestream, la empresa implicada en el escándalo de monitorización y ataques digitales. Lo verdaderamente demoledor fue escuchar a un expresidente del Barça reconocer prácticamente que desconoce el origen real de los pagos a José María Enríquez Negreira. “Eso venía de muchos años atrás y no tengo respuesta”, admitió. Una frase que resume el caos institucional que envolvió al club durante demasiado tiempo.
Porque el gran drama para el Barça no es únicamente la sospecha arbitral. El verdadero problema es la normalización de prácticas que nadie parecía cuestionar dentro de la entidad.
Bartomeu defendió que existían informes arbitrales realizados por Javier Enríquez, hijo de Negreira, y que eran utilizados por el cuerpo técnico y los analistas. Incluso explicó que fue él quien decidió cortar la relación en 2018 al considerar que esos informes podían hacerse internamente. Pero la pregunta sigue intacta: si el padre “no hacía ningún servicio”, ¿por qué se mantuvieron pagos durante años al entonces vicepresidente del CTA?
El Barçagate sigue persiguiendo al expresidente
La otra gran bomba de la entrevista fue su defensa del Barçagate. Bartomeu no sólo negó haber ordenado ataques contra futbolistas o figuras críticas del entorno azulgrana, sino que aseguró que volvería a contratar a Nicestream.
Una afirmación difícil de digerir viendo el daño reputacional que provocó aquel escándalo. Durante esa etapa aparecieron campañas digitales contra figuras como Gerard Piqué, Pep Guardiola, Xavi Hernández o incluso el propio Messi. Y aunque Bartomeu insiste en que el objetivo era simplemente “monitorizar” redes sociales, el contexto convirtió aquella explicación en algo casi imposible de sostener.
La entrevista también dejó claro que la pelea política con Laporta sigue completamente viva. Bartomeu defendió con fuerza su gestión económica y acusó al actual presidente de inflar las pérdidas provocadas por la pandemia para construir un relato de “herencia desastrosa”. Según él, el Barça podía sostener aquella masa salarial porque generaba ingresos gigantescos antes del Covid.
Es una visión que choca frontalmente con la realidad que encontró Laporta al regresar al club: problemas de Fair Play financiero, deuda disparada y la salida traumática de Messi. Precisamente sobre el argentino apareció otra confesión interesante. Bartomeu aseguró que su intención era renovarlo hasta el Mundial de Qatar y que el plan incluía posteriormente un desembarco en Miami inspirado en el modelo Beckham. Para él, la marcha de Messi sigue siendo la explicación principal de la pérdida de ingresos comerciales del club. @mundiario
