El baloncesto gallego vive uno de esos momentos que trascienden una simple clasificación deportiva. El ascenso del Monbus Obradoiro a la Liga Endesa supone mucho más que el regreso de un club histórico a la máxima categoría. Representa la reivindicación de un proyecto sólido, de una afición irreductible y de una manera de entender el deporte desde la paciencia, la identidad y el trabajo colectivo.
La escena en Sar, convertido una vez más en una auténtica caldera, tuvo algo de justicia emocional. Santiago recupera un lugar que sentía propio y lo hace además después de una temporada memorable, construida desde la resistencia y la capacidad de reacción. Porque el Obradoiro no ascendió desde la comodidad ni desde la superioridad aplastante desde el inicio. Ascendió desde la dificultad.
El equipo de Diego Epifanio arrancó el curso con dudas, lesiones y dos derrotas que parecían convertir el ascenso en una montaña demasiado empinada. Pero precisamente ahí empezó a construirse el relato de este equipo. El técnico burgalés entendió desde el primer día que el éxito no dependía únicamente del talento individual, sino de crear un vestuario fuerte, competitivo y capaz de soportar los inevitables golpes de una temporada larga.
El Obradoiro certifica el ascenso a la Liga Endesa tras una temporada casi perfecta
La filosofía de Epi terminó impregnando al grupo. El Obradoiro fue creciendo partido a partido hasta protagonizar una persecución casi perfecta: veinticinco victorias en veintiséis encuentros, una regularidad extraordinaria y una capacidad admirable para reinventarse ante cada contratiempo físico. Porque si algo marcó la campaña compostelana fue la sucesión de lesiones graves y la inteligencia con la que el club reaccionó al mercado.
La pérdida de Huskic, la recaída de Lundqvist o los problemas físicos de Speight habrían derrumbado a muchos proyectos. El Obradoiro, sin embargo, supo anticiparse. Llegaron Kravic, Munnings o Tra Holder para sostener una estructura que nunca dejó de competir. Y ahí aparece otro de los grandes méritos del club santiagués: la planificación.
𝑺𝑶𝑴𝑶𝑺 𝑨𝑪𝑩 🏆
Grazas por crer neste equipo. Grazas por estar en cada partido. Grazas por facelo posible 🫡
Fixémolo xuntos afección! 🙌#NósNonFaltamos pic.twitter.com/gXwF99gQbf
— MONBUS OBRADOIRO (@OBRADOIROCAB) May 8, 2026
La plantilla fue diseñada con equilibrio y sentido colectivo. Westermann aportó experiencia, Quintela continuidad, Barcello desequilibrio ofensivo, Barrueta amenaza exterior y Felipe dos Anjos presencia interior. No hubo grandes estrellas descontroladas ni apuestas extravagantes. Hubo una idea clara y coherente.
Pero si el ascenso del Obradoiro merece reconocimiento, también lo merece la temporada del Leyma Coruña. El conjunto coruñés ha sido durante muchos meses el gran dominador de la competición y el principal responsable de que la Primera FEB haya vivido una de las carreras por el ascenso más apasionantes de los últimos años.
El Leyma Coruña, gran rival del curso, afrontará ahora el exigente camino del play-off
El pulso entre Santiago y A Coruña elevó el nivel competitivo y devolvió al baloncesto gallego una rivalidad deportiva intensa, pero saludable. Los derbis fueron decisivos, vibrantes y cargados de tensión clasificatoria. El Obradoiro terminó imponiéndose en la recta final, pero el Leyma ha construido una temporada que sigue teniendo enorme valor.
Ahora los coruñeses deberán afrontar el camino más largo y emocionalmente desgastante del play-off. Puede parecer un castigo después de una campaña brillante, pero también es una oportunidad. El equipo naranja ha demostrado durante todo el año que posee argumentos deportivos, profundidad competitiva y personalidad suficiente para aspirar todavía al ascenso.
Lo sucedido deja además una lectura de fondo muy positiva para Galicia. En un contexto donde el deporte profesional exige presupuestos cada vez más elevados y estructuras más complejas, resulta significativo comprobar cómo dos proyectos gallegos han logrado situarse entre los mejores de la categoría. No es casualidad. Hay trabajo institucional, crecimiento social y una afición que ha entendido el baloncesto como parte de una identidad colectiva.
Sar celebró este viernes un ascenso merecido y profundamente trabajado. Pero el baloncesto gallego todavía no ha dicho la última palabra esta temporada. Mientras Santiago festeja su regreso a la élite, A Coruña sigue soñando con acompañarlo. Y pocas noticias serían mejores para el deporte gallego que volver a ver a las dos ciudades compartiendo protagonismo en la máxima categoría. @mundiario
