Quiénes son los aspirantes a relevar a Starmer si la rebelión interna prospera en el laborismo

La crisis interna que atraviesa el Partido Laborista británico ha abierto un escenario de incertidumbre en torno al liderazgo de Keir Starmer. Aunque el jefe del Gobierno mantiene el control formal del partido, el creciente malestar entre diputados y sectores de la militancia por la debacle en las elecciones autonómicas y municipales ha disparado las especulaciones sobre quiénes podrían encabezar una eventual sucesión. Desde figuras del ala moderada vinculadas al legado del Nuevo Laborismo hasta dirigentes con mayor conexión sindical y territorial, el debate refleja una pugna más profunda sobre el rumbo ideológico y estratégico del laborismo en un momento de desgaste político y presión parlamentaria.

La política británica acostumbra a convivir con los liderazgos frágiles. En el sistema parlamentario del Reino Unido, la autoridad de un primer ministro depende tanto de las urnas como de la disciplina de su propio grupo parlamentario. Y cuando esa disciplina empieza a erosionarse, las conversaciones sobre sucesión dejan de ser un ejercicio teórico para convertirse en una operación política tangible.

Eso es precisamente lo que sucede alrededor de Starmer. Aunque no existe todavía una candidatura formal contra él, el ruido interno ha crecido hasta el punto de que más de 80 diputados laboristas habrían pedido cambios en la dirección del partido o, al menos, un calendario de transición. La cifra no es menor: el reglamento interno exige el respaldo del 20 % del grupo parlamentario para activar unas primarias. Con la actual composición de la Cámara de los Comunes, eso equivale a 81 diputados.

El problema para los críticos de Starmer no es únicamente reunir apoyos, sino acordar un nombre capaz de unificar sensibilidades muy distintas dentro del laborismo.

Andy Burnham: el “rey del norte” que seduce al laborismo territorial

Entre todos los posibles aspirantes, el nombre que más entusiasmo despierta es el del alcalde Andy Burnham. Su perfil combina experiencia institucional, proximidad con las bases y una imagen pública menos asociada a la maquinaria de Westminster.  Burnham, antiguo ministro durante los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, ha construido desde el Ayuntamiento de Mánchester una identidad política muy distinta a la del laborismo londinense tradicional. Su defensa del norte de Inglaterra frente a las desigualdades territoriales le ha permitido consolidar un liderazgo con fuerte arraigo popular.

Sin embargo, su principal obstáculo es estructural. No es diputado en la Cámara de los Comunes. Para optar al liderazgo necesitaría primero obtener un escaño parlamentario mediante una elección parcial, algo que depende de la dimisión de algún diputado aliado y de que la dirección laborista facilite el proceso. Precisamente por ello, muchos críticos de Starmer apuestan por una transición pactada hasta el congreso laborista de septiembre, una fórmula que daría tiempo a Burnham para regresar a Westminster.

Angela Rayner: el peso sindical y la izquierda pragmática

Otra figura clave es Angela Rayner, históricamente vinculada a los sindicatos y al ala más social del partido. Su biografía política —marcada por orígenes humildes y una trayectoria sindical previa a su entrada en la política institucional— le ha otorgado credibilidad entre las bases laboristas tradicionales. Rayner fue una pieza central del proyecto inicial de Starmer y ocupó responsabilidades de primer nivel en el Gobierno como vice primera ministra. Sin embargo, su relación con el primer ministro se deterioró progresivamente tras varios reveses electorales y controversias internas.

Un problema fiscal relacionado con una vivienda familiar dañó además su imagen pública y limitó sus opciones de liderazgo. Aunque sigue conservando apoyos importantes dentro del partido, algunos sectores consideran que su perfil genera incertidumbre en ámbitos empresariales y financieros. En los últimos días incluso ha dejado entrever la posibilidad de respaldar a Burnham antes que protagonizar una batalla interna que fracture aún más al laborismo.

Wes Streeting: el heredero centrista con apoyos y enemigos

Si Burnham representa el laborismo territorial y Rayner el sindical, el ministro de Sanidad Wes Streeting simboliza el ala centrista y modernizadora del partido. Con apenas 43 años, Streeting es considerado por muchos diputados como uno de los dirigentes con mayor capacidad comunicativa y proyección electoral. Su habilidad mediática y su discurso reformista recuerdan a algunos sectores el estilo del Nuevo Laborismo de Blair.

Abiertamente gay, profundamente cristiano y procedente de una familia trabajadora del este de Londres, Streeting ha construido un relato político basado en el ascenso social y el pragmatismo ideológico. Esa combinación le ha permitido conectar con votantes moderados, aunque también le ha generado fuertes resistencias entre la izquierda laborista.

Su cercanía con figuras como el exembajador Peter Mandelson (en el ojo del huracán por su amistad con Jeffrey Epstein) y sectores vinculados al blairismo alimenta las sospechas de quienes creen que una eventual llegada de Streeting supondría un giro aún más centrista del partido. Paradójicamente, esa misma capacidad para atraer votantes moderados es lo que hace que muchos parlamentarios le consideren el candidato con más opciones reales de mantener al laborismo competitivo electoralmente.

Perfiles institucionales en la sombra

El nombre de Ed Miliband aparece recurrentemente en las quinielas, aunque más como figura de consenso temporal que como favorito real. Miliband ya lideró el partido hasta 2015 y su derrota electoral frente a los conservadores dejó una huella complicada dentro del laborismo. Sin embargo, conserva prestigio entre sectores ideológicos diversos y podría convertirse en una solución intermedia si el partido busca evitar una guerra abierta entre facciones. Por ahora, todo apunta a que preferiría apoyar a Burnham antes que volver a asumir el liderazgo directamente.

La ministra del Interior, Shabana Mahmood, también aparece en las conversaciones internas. Su perfil combina firmeza en inmigración con sensibilidad social, una mezcla que gana peso en un contexto de creciente polarización política. Mahmood representa además una nueva generación dentro del laborismo británico al ser musulmana, hija de inmigrantes y con gran capacidad oratoria, ha logrado ampliar su influencia en muy poco tiempo.

Por otro lado, la ministra de Exteriores Yvette Cooper mantiene intacta su ambición política pese a que su trayectoria reciente no ha generado un entusiasmo comparable al de otros aspirantes. Su experiencia institucional es amplia, pero muchos diputados dudan de su capacidad para movilizar electoralmente al partido.

Más allá de los nombres, la verdadera dificultad del laborismo reside en el equilibrio interno. El partido teme repetir ciclos de enfrentamientos que ya dejaron profundas heridas durante las etapas de Jeremy Corbyn y las tensiones posteriores. Starmer intenta aprovechar precisamente esa división. Mientras no exista un rival capaz de aglutinar una mayoría clara, el primer ministro conserva margen para resistir. Su estrategia parece basada en ganar tiempo y obligar a sus adversarios a desgastarse antes de formalizar cualquier desafío. @mundiario