El fenómeno Panini: pasión popular

Desde hace más de cinco décadas, las figuritas de Panini forman parte de un ritual cultural que atraviesa generaciones. Cada Mundial transforma kioscos, escuelas y redes sociales en verdaderas bolsas de intercambio futbolero. Abrir un sobre, encontrar una figurita difícil o completar una página del álbum sigue despertando la misma emoción que hace treinta años. Sin embargo, detrás de esa pasión colectiva, crece una mirada crítica sobre el modelo comercial que rodea hoy al negocio de las figuritas.

El Mundial 2026 volvió a demostrar que el fenómeno está más vivo que nunca. A pesar del fuerte aumento de precios, millones de personas continúan comprando sobres y álbumes en todo el mundo. En España, por ejemplo, completar el álbum puede superar los 210 euros y cada sobre aumentó cerca de un 50% respecto a la edición anterior. Aun así, la demanda no disminuyó y los puntos de intercambio siguen reuniendo multitudes. 

Pero justamente allí aparece la principal crítica: muchos fanáticos consideran que la pasión popular está siendo explotada comercialmente. Lo que antes era visto como un juego accesible para chicos y familias, hoy comienza a parecer un producto premium cada vez más costoso. En redes sociales y foros especializados abundan las quejas sobre el precio de los sobres, la dificultad para completar el álbum y la creciente especulación alrededor de figuritas especiales. 

La discusión también refleja un cambio cultural más profundo. El coleccionismo tradicional basado en el intercambio social empieza a convivir con una lógica más cercana a la inversión y la reventa. Figuritas raras, versiones holográficas y ediciones limitadas ya no circulan solamente entre chicos apasionados por el fútbol, sino también entre coleccionistas e inversores que buscan rentabilidad. Para muchos, eso le quita inocencia a una tradición históricamente vinculada con la emoción mundialista. 

Al mismo tiempo, la propia industria está atravesando una transformación histórica. La FIFA confirmó que, después del Mundial 2030, Panini dejará de tener la licencia oficial y será reemplazada por Topps, propiedad de Fanatics. La decisión marca el final de una era iniciada en México 1970 y abre una nueva etapa más digital, global y orientada al negocio de coleccionables premium. 

La noticia generó una fuerte reacción emocional entre los hinchas. Muchos usuarios definieron el cambio como “el fin de una tradición” y cuestionaron que el fútbol continúe alejándose de sus raíces populares para acercarse cada vez más a modelos de entretenimiento corporativo. 

Aun con todas las críticas, el fenómeno Panini conserva algo que ninguna estrategia comercial pudo reemplazar: la emoción humana. Porque detrás de cada figurita sigue existiendo una historia compartida entre padres e hijos, amigos y generaciones enteras. Tal vez allí resida el verdadero secreto de su éxito. No en el papel, ni en el negocio, sino en la memoria emocional que el fútbol logra construir alrededor de algo tan simple como completar un álbum. @mundiario