La campaña presidencial colombiana ha entrado en su recta final con una foto fija. Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia eligieron Barranquilla para cerrar oficialmente sus campañas antes de la primera vuelta presidencial del próximo 31 de mayo. No fue una decisión casual. El Caribe colombiano vuelve a consolidarse como uno de los grandes termómetros electorales del país y como un territorio clave para medir la capacidad de movilización, conexión popular y estructura política de los candidatos.
Aunque ganar la costa Caribe no garantiza automáticamente llegar a la Casa de Nariño, la historia reciente demuestra que ningún proyecto presidencial sólido puede ignorar el peso político y demográfico de esta región. Barranquilla, capital del departamento del Atlántico y una de las ciudades más influyentes del país, se convirtió así en el último gran escenario de una campaña marcada por la polarización ideológica, la fragmentación del centro político y la disputa entre modelos antagónicos de liderazgo.
Los cierres de campaña reflejaron, además, tres formas muy distintas de construir poder y de interpretar el momento político colombiano.
La primera en llegar fue la senadora Valencia, candidata del Centro Democrático y heredera directa del uribismo tradicional. Su acto en la Plaza de la Paz mostró tanto las fortalezas como las limitaciones de su candidatura. Valencia intentó proyectar una imagen de unidad conservadora y apeló a problemas concretos que afectan al Caribe, como las elevadas tarifas energéticas, pero el evento estuvo marcado por la presencia visible de estructuras políticas tradicionales de la región. Ese detalle resultó especialmente sensible en una campaña donde buena parte del electorado expresa un fuerte rechazo hacia las élites políticas regionales y los clanes tradicionales. La potsal que dejó su paso por Barranquilla terminó siendo menos la de una candidata renovadora y más la de una dirigente vinculada a sectores históricos del poder territorial colombiano.
La incomodidad estratégica de Valencia quedó todavía más expuesta con su intento público de acercamiento al excandidato centrista Sergio Fajardo. La conversación transmitida por Internet, lejos de consolidar una imagen de amplitud política, terminó evidenciando las dificultades del centro y la derecha tradicional para construir una alianza competitiva frente al crecimiento de candidaturas más polarizadoras.
De la Espriella busca imponerse en la derecha
En contraste, el cierre de campaña del populista Abelardo de la Espriella apostó por una narrativa completamente distinta. El abogado penalista y candidato de ultraderecha convirtió su acto en un espectáculo personalista centrado exclusivamente en su figura. Sin aliados visibles en la tarima y reivindicando una imagen de outsider, De la Espriella intentó presentarse como un dirigente enfrentado tanto al petrismo como a las estructuras tradicionales de la política colombiana.
Sin embargo, esa narrativa antiestablecimiento convive con apoyos territoriales y mediáticos que muestran una realidad política más compleja. Su acto en el malecón de Barranquilla —uno de los grandes símbolos urbanísticos asociados a la influencia de la familia Char— fue interpretado por numerosos observadores como una señal implícita del respaldo de sectores tradicionales del Caribe a su candidatura.
La relación entre De la Espriella y ciertos grupos de poder regionales refleja precisamente una de las paradojas centrales de esta campaña, ya que construye discursos de ruptura con la política tradicional mientras mantiene vínculos, apoyos o alianzas indirectas con estructuras históricas del poder local. Aun así, el candidato ultraderechista logró capitalizar con eficacia un elemento emocional de enorme fuerza electoral en el Caribe: la identidad regional. Reivindicó abiertamente su origen costeño, denunció el “bogocentrismo” y utilizó un lenguaje de confrontación cultural que conecta con sectores que sienten que las élites políticas y mediáticas de Bogotá han menospreciado históricamente a la costa Caribe.
Ese discurso identitario, mezclado con mensajes antisistema y una estética de liderazgo fuerte, explica en parte el notable crecimiento de De la Espriella en las encuestas durante las últimas semanas. El candidato ha logrado ocupar el espacio emocional del descontento conservador más radicalizado y aparece ya como el principal competidor de la izquierda en una eventual segunda vuelta.
Cepeda podría ganar en segunda vuelta
El último gran acto en Barranquilla fue el del senador de izquierda Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico y actual favorito en la mayoría de los sondeos. Su cierre de campaña tuvo un tono completamente diferente al de sus rivales. Cepeda apostó por una escenografía colectiva, rodeado por dirigentes sociales, congresistas y representantes de movimientos populares vinculados al oficialismo. La elección de un barrio popular de Barranquilla como escenario final buscó reforzar el vínculo simbólico entre el petrismo y los sectores históricamente excluidos. Cepeda reivindicó además sus raíces familiares caribeñas y trató de conectar emocionalmente con una región que fue fundamental para la victoria presidencial de Gustavo Petro en 2022.
Pero el cierre de Cepeda también tuvo un fuerte componente ideológico. El candidato endureció el tono contra De la Espriella y comenzó a presentar la elección como una disputa directa entre el progresismo y una derecha populista que calificó de “fascista”. La estrategia parece orientada a consolidar la polarización como eje central de la recta final electoral y movilizar al electorado progresista frente al temor de una victoria ultraconservadora.
Las encuestas publicadas antes de la entrada en vigor de la veda electoral reflejan precisamente ese escenario de creciente polarización. Cepeda mantiene el primer lugar en prácticamente todos los sondeos, aunque con diferencias importantes según la firma encuestadora. De la Espriella aparece consolidado en el segundo puesto y ha ampliado su ventaja sobre Valencia, cuya candidatura parece haber perdido impulso en las últimas semanas.
El dato más relevante es que varias encuestas muestran ya escenarios de segunda vuelta extremadamente ajustados. Mientras Cepeda conserva una base sólida en primera vuelta, el crecimiento de De la Espriella ha transformado lo que parecía una victoria relativamente cómoda del progresismo en una disputa mucho más incierta. @mundiario
