El debate alrededor de España se ha movido en los últimos días entre dos extremos. Por un lado, quienes consideran que la selección está mucho peor de lo que reflejan sus resultados. Por otro, quienes creen que el equipo simplemente necesita tiempo para alcanzar su mejor nivel. La realidad probablemente se encuentre en un punto intermedio. España tiene argumentos para competir contra Austria, pero también problemas que debe corregir si quiere seguir avanzando en el Mundial.
El primero tiene que ver con la amplitud. España siempre ha sido una selección especialmente peligrosa cuando consigue ensanchar el campo y obligar al rival a defender muchos metros de ancho. Sin embargo, durante la fase de grupos le ha costado hacerlo de forma constante. Los pocos minutos de Nico Williams y la gestión física de Lamine Yamal han reducido la presencia de extremos capaces de fijar a los laterales rivales pegados a la línea de banda.
Y eso tiene consecuencias directas. Si España quiere jugar por dentro, necesita abrir el campo al máximo. Cuanto más separados estén los defensores rivales, más espacios aparecen entre líneas para los centrocampistas.
Cuando los extremos fijan abiertos, obligan a los laterales a decidir si mantenerse en posición o saltar hacia dentro. Ahí nacen muchos de los espacios que tradicionalmente ha explotado la selección.
Otro aspecto mejorable es la velocidad de circulación. España ha tenido posesión en prácticamente todos sus partidos, pero en demasiadas fases la ha movido con lentitud. El balón ha viajado de una banda a otra sin la rapidez suficiente para desorganizar al rival. Cuando eso ocurre, el bloque contrario tiene tiempo para bascular, recolocarse y cerrar los espacios interiores.
Más que una cuestión de posesión, el problema ha sido la velocidad de esa posesión. España necesita mover la pelota con más ritmo, cambiar orientaciones antes y ser menos previsible. No se trata de tener menos balón, sino de utilizarlo mejor y con más intención.
Austria puede castigar precisamente ese tipo de situaciones. El equipo de Ralf Rangnick se siente cómodo en partidos intensos, con presión alta y muchas disputas físicas. Si España juega lenta, corre el riesgo de verse atrapada en un encuentro mucho más incómodo de lo que reflejan las diferencias de calidad entre ambas plantillas.
En ese contexto, los laterales pueden adquirir una importancia todavía mayor. Si los extremos no están en plenitud o no consiguen fijar por fuera, la amplitud tendrá que llegar desde posiciones más retrasadas. Ahí nombres como Grimaldo o Pedro Porro pueden convertirse en posibles cambios para abrir el campo y generar superioridades.
🎙️ «En torneos de esta exigencia futbolística hay que adaptarse, integrarse e ir mejorando poco a poco. Estamos en ese camino».
➡️ «El equipo ya empieza a reconocerse y me encanta que se nos exija».
🗣️ Luis de la Fuente, seleccionador nacional.#VamosEspaña | #CopaMundialFIFA pic.twitter.com/A1jpdruoYW
— Selección Española Masculina de Fútbol (@SEFutbol) July 1, 2026
También existe un factor físico que no conviene ignorar. Rodri sigue recuperando sensaciones tras una larga lesión, Pedri acumula una enorme carga de minutos durante la temporada, Fabián Ruiz y Mikel Merino llegaron condicionados por problemas físicos o lesiones recientes, Lamine Yamal ha tenido que dosificarse y Nico Williams ni siquiera pudo jugar minutos de calidad. No son excusas, pero ayudan a entender por qué España todavía no ha mostrado su mejor versión.
La buena noticia para Luis de la Fuente es que muchos de estos problemas tienen solución. No exigen una revolución táctica ni cambios drásticos. Exigen algo mucho más simple: abrir mejor el campo, mover el balón con más velocidad y aprovechar el talento que sigue teniendo una de las plantillas más completas del torneo. Porque España tiene aspectos que corregir, pero también suficientes argumentos para pensar que su Mundial no tiene por qué terminar ante Austria. @mundiario
