La Copa del Mundo de 2026 ya forma parte de la historia. No solo porque España levantó el título en Nueva Jersey, sino porque el torneo supuso un antes y un después para el fútbol mundial. Nunca antes un Mundial había sido tan grande. Más equipos, más partidos, más ciudades, más aficionados y más impacto económico. La FIFA apostó por cambiar el formato y, al menos desde el punto de vista de los números, el resultado ha sido un éxito difícil de discutir.
El primer gran récord llegó incluso antes de que rodara el balón. Por primera vez participaron 48 selecciones, dieciséis más que en Catar 2022. Esa ampliación obligó a rediseñar completamente el torneo, que pasó de 64 a 104 partidos, convirtiéndose en la edición más larga y extensa de la historia de los Mundiales.
También fue el Mundial más internacional jamás organizado. Estados Unidos, México y Canadá compartieron la sede en 16 ciudades diferentes, algo nunca visto en la competición. La logística era uno de los grandes temores antes del torneo, pero el campeonato consiguió desarrollarse sin que la dimensión del evento afectara al calendario deportivo.
En las gradas también se pulverizaron registros. La FIFA confirmó una asistencia superior a 6,6 millones de espectadores, el mejor dato de toda la historia de la competición. Incluso durante la fase de grupos ya se estaban batiendo récords diarios de asistencia y el torneo terminó superando ampliamente cualquier edición anterior.
Esa dimensión sin precedentes también tuvo un coste. El reparto del torneo entre tres países obligó a selecciones, árbitros, periodistas y aficionados a recorrer miles de kilómetros entre partidos, algo que incrementó la complejidad logística del campeonato y disparó la huella de carbono derivada de los desplazamientos. El nuevo formato demostró que un Mundial de estas dimensiones es posible, aunque también abrió el debate sobre si un torneo cada vez más grande puede seguir creciendo sin asumir un coste medioambiental y organizativo cada vez mayor.
El interés tampoco se limitó a los estadios. La final entre España y Argentina se convirtió en el partido de fútbol más visto en la historia de la televisión estadounidense, confirmando el enorme crecimiento del deporte en Norteamérica. Nunca un Mundial había tenido semejante impacto mediático en uno de los mercados más importantes del planeta.
A ello hay que sumar el impacto económico. La demanda de entradas rompió todos los registros antes incluso del inicio del campeonato, con cientos de millones de solicitudes procedentes de todo el mundo. La FIFA ya había anunciado meses atrás que el ciclo económico 2023-2026 estaba camino de convertirse en el más rentable de su historia, impulsado en buena medida por este Mundial. Pero no todos los récords fueron económicos. La ampliación también permitió que selecciones que difícilmente habrían estado presentes en el antiguo formato pudieran disputar una Copa del Mundo. Algunas, como Cabo Verde, Curazao o la República Democrática del Congo, dejaron una imagen muy competitiva y demostraron que el crecimiento del fútbol ya no pertenece exclusivamente a las grandes potencias.
Precisamente ese era el gran objetivo de la FIFA cuando decidió ampliar el torneo: abrir la puerta a más países sin perder competitividad. Tanto Gianni Infantino como Arsène Wenger defendieron durante todo el campeonato que el nuevo formato había cumplido sus objetivos, convencidos de que el fútbol mundial salió fortalecido con una Copa del Mundo más abierta e inclusiva.
La Final. 🏟️#CopaMundialFIFA pic.twitter.com/zSwOsO1s72
— Copa Mundial FIFA 🏆 (@fifaworldcup_es) July 19, 2026
Los datos son demoledores. Más espectadores, más ingresos, más países representados y un impacto mediático nunca visto. La FIFA puede presentar el Mundial de 2026 como un éxito rotundo desde el punto de vista económico y de audiencia. Sin embargo, el torneo también ha abierto nuevos debates: los enormes desplazamientos entre sedes, la política de visados de Estados Unidos, las tensiones diplomáticas que afectaron a algunas selecciones, como el caso de Irán, o la posibilidad de seguir ampliando la competición apenas unos días después de su conclusión. De hecho, la CONMEBOL ya ha propuesto que el Mundial del centenario, en 2030, reúna a 64 selecciones, una idea que la FIFA estudiará, aunque por ahora no existe ninguna decisión oficial y el torneo sigue previsto con 48 equipos.
Porque la verdadera pregunta ya no es dónde está el límite de crecimiento del Mundial, sino cuál será el coste de seguir ampliándolo. Los récords de asistencia, audiencia e ingresos son incontestables, pero el fútbol también tendrá que decidir hasta qué punto está dispuesto a asumir más kilómetros, más emisiones, más complejidad organizativa y más condicionantes políticos para seguir batiendo récords. @mundiario
