El Tribunal Penal Internacional (TPI), la principal institución encargada de perseguir los crímenes más graves contra la humanidad cuando los sistemas judiciales nacionales no actúan, atraviesa una de las mayores crisis de sus más de dos décadas de existencia. La Asamblea de los Estados Partes ha decidido destituir a su fiscal jefe, Karim Khan, tras un largo procedimiento disciplinario derivado de una denuncia por presunta conducta sexual indebida presentada por una antigua colaboradora.
La resolución, aprobada durante una reunión celebrada en Nueva York con el respaldo de 82 de los 125 Estados miembros, supone un precedente histórico porque nunca antes un fiscal del TPI había sido cesado por decisión de los países que integran la Corte. La medida llega, además, en uno de los momentos de mayor vulnerabilidad institucional del tribunal, sometido a una intensa campaña de presión diplomática y política por parte de la Administración de Donald Trump.
Karim Khan, jurista británico de origen pakistaní y de 56 años, llevaba al frente de la Fiscalía desde 2021. Su suspensión cautelar ya se produjo el pasado mes de junio, después de solicitar él mismo apartarse temporalmente del cargo mientras avanzaban las investigaciones.
La denuncia fue presentada por una antigua asesora de la Fiscalía, identificada públicamente únicamente como Sarah, una abogada malasia que estudió Derecho en el Reino Unido y los Países Bajos que entró en el TPI después de que consiguiera una plaza como becaria. Según una investigación del diario neerlandés NRC, la mujer es casada, tiene un hijo y trabajaba directamente bajo las órdenes de Khan desde que obtuviera el puesto a través de un proceso de selección interna.
En una entrevista con CNN, Sarah aseguró haber sufrido durante meses una escalada de comportamientos que describe como “una progresión de intentos” que culminaron, según su relato, en agresiones sexuales no consentidas durante viajes oficiales y en dependencias vinculadas al tribunal. La denunciante sostuvo que en ningún momento existió consentimiento debido al enorme desequilibrio de poder existente entre ambos. “Lo que creo que mucha gente no entiende es que el señor Khan no era solo mi jefe; era el jefe de todos”, explicó.
Khan anuncia una batalla por el cargo
El procedimiento disciplinario ha estado marcado por la controversia. El Mecanismo Independiente de Supervisión del propio Tribunal concluyó que las pruebas apuntaban a la existencia de contacto sexual no consentido. Sin embargo, posteriormente un panel independiente formado por tres jueces internacionales consideró que el material disponible no permitía acreditar los hechos más allá de toda duda razonable, el estándar exigido en el ámbito penal.
La Asamblea de los Estados Partes optó finalmente por seguir adelante con la destitución, al considerar suficiente el criterio aplicado en el procedimiento disciplinario interno. Lejos de aceptar la decisión, Karim Khan ha reaccionado con dureza. A través de su equipo jurídico ha denunciado que el procedimiento vulneró sus derechos fundamentales y ha anunciado que recurrirá la destitución por “todas las vías legales disponibles”-
Sus abogados sostienen que:
- nunca pudo intervenir durante la sesión decisiva;
- no se permitió actuar a su defensa;
- se modificaron las reglas del procedimiento durante la tramitación;
- y se ignoraron las conclusiones del panel independiente que cuestionaba la suficiencia de las pruebas.
Según su defensa, el proceso estuvo marcado por graves irregularidades incompatibles con las garantías que deben proteger la independencia de los altos cargos del tribunal.
La crisis llega en el peor momento para la Corte
La salida de Khan coincide con un escenario extremadamente delicado para el Tribunal Penal Internacional. Estados Unidos mantiene sanciones económicas contra varios jueces y fiscales del organismo tras las órdenes internacionales de detención emitidas contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el que fuera su ministro de Defensa, Yoav Gallant, por presuntos crímenes cometidos durante la ofensiva militar en Gaza.
Washington, que nunca ha reconocido plenamente la jurisdicción del TPI sobre ciudadanos estadounidenses o israelíes, ha endurecido aún más su ofensiva institucional. Hace apenas unas semanas, el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, llegó a afirmar públicamente que Estados Unidos estaba dispuesto a “desmantelar el Tribunal Penal Internacional ladrillo a ladrillo” si fuera necesario.
Las investigaciones impulsadas por Khan contra dirigentes israelíes han convertido al fiscal británico en uno de los principales objetivos políticos del Gobierno de Netanyahu. Tras conocerse la destitución, el embajador israelí ante Naciones Unidas, Danny Danon, celebró públicamente la decisión. “Khan pensó que su cacería de brujas política contra Israel y sus escandalosas órdenes de arresto distraerían de las graves acusaciones de conducta sexual indebida, pero se equivocó”, escribió el diplomático israelí.
El propio Khan siempre negó cualquier relación entre ambos asuntos, aunque durante meses defendió que existía una campaña organizada para apartarlo precisamente después de solicitar esas órdenes de detención.
Las investigaciones continúan
Pese a la gravedad de la crisis institucional, la Oficina del Fiscal ha querido lanzar un mensaje de continuidad. El organismo ha asegurado que todas las investigaciones abiertas seguirán adelante con normalidad, incluidas las relativas a Palestina, Ucrania, Afganistán y el resto de conflictos bajo jurisdicción del tribunal.
Las órdenes de detención emitidas durante el mandato de Khan, entre ellas las dirigidas contra Netanyahu o el presidente ruso, Vladímir Putin, permanecen plenamente vigentes al haber sido aprobadas por las correspondientes salas judiciales. La Fiscalía también ha reiterado su compromiso con una política de “tolerancia cero” frente al acoso sexual y cualquier otra conducta indebida dentro de la institución.
La destitución de Karim Khan golpea de lleno la imagen de una institución creada para perseguir genocidios, crímenes de guerra y delitos contra la humanidad en cualquier parte del mundo. Con el tribunal sometido simultáneamente a fuertes presiones diplomáticas, sanciones económicas estadounidenses y una crisis interna sin precedentes, la salida de su fiscal jefe abre una nueva etapa cargada de incertidumbre sobre el futuro de la justicia penal internacional y sobre la capacidad del TPI para mantener su independencia frente a las crecientes tensiones geopolíticas. @mundiario
