Abelardo de la Espriella ha querido que su primer día como presidente de Colombia fuera también una declaración de intenciones sobre el nuevo mapa político de América Latina. La ceremonia de investidura celebrada este viernes en Cali, lejos del tradicional escenario del Capitolio Nacional de Bogotá, reunió a una parte significativa de los principales dirigentes de la derecha regional y sirvió al nuevo mandatario para presentar su llegada al poder como algo más que un relevo presidencial: como el comienzo de un nuevo ciclo político para el país y para la región.
En su primer discurso como jefe de Estado, De la Espriella reivindicó el resultado de las elecciones de junio como una victoria de la libertad frente a lo que definió como el riesgo de los “modelos totalitarios bolivarianos”. Y anunció un giro copernicano en la política exterior: Colombia buscará reforzar sus vínculos con las democracias occidentales, recuperar peso internacional, profundizar la cooperación contra el crimen organizado y convertir su red diplomática en una herramienta para atraer inversiones, abrir mercados y defender los intereses económicos del país.
Pero hubo un anuncio especialmente significativo. “Uno de mis primeros actos de Gobierno al finalizar esta ceremonia será suscribir el Escudo de las Américas”, proclamó.
La decisión coloca a Colombia en una posición mucho más próxima a la estrategia latinoamericana de la Administración de Donald Trump. El Escudo de las Américas se plantea como un instrumento de cooperación regional frente al narcotráfico y las organizaciones criminales y representa, en términos políticos, uno de los mayores cambios respecto a la etapa de Gustavo Petro, marcada por frecuentes desencuentros con Washington.
Una investidura con sello ideológico
La fotografía de familia de la jornada fue reveladora. En Cali estuvieron el presidente argentino, Javier Milei; el chileno José Antonio Kast; el ecuatoriano Daniel Noboa; el panameño José Raúl Mulino; el paraguayo Santiago Peña y el hondureño Nasry Asfura, además de representantes de Estados Unidos e Israel. La presencia de estos dirigentes convirtió la investidura en una suerte de cumbre informal de la derecha latinoamericana. Muchos de ellos comparten con De la Espriella una agenda basada en la reducción del peso del Estado, la seguridad, la lucha contra el narcotráfico y una defensa más explícita de los valores conservadores.
El presidente argentino, que recibió un doctorado honoris causa en la Universidad Santiago de Cali, celebró que los “vientos de la historia” estén soplando hacia la libertad después de los triunfos de las derechas en distintos países de la región. El nuevo presidente colombiano, por su parte, recibió a Milei con un efusivo “¡viva la libertad, carajo!” y lo definió como una fuente de inspiración para su propia batalla política.
El rey Felipe VI de España; el presidente de Argentina, Javier Milei; el presidente de Chile, José Antonio Kast; el presidente de Paraguay, Santiago Peña Palacios; y el fiscal adjunto de Estados Unidos, Todd Blanche, llegaron este viernes a Cali como invitados a la ceremonia de… pic.twitter.com/JXV2aLGtyN
— El Colombiano (@elcolombiano) August 7, 2026
También Kast, uno de los principales referentes de la nueva derecha chilena, aprovechó su llegada a Cali para reivindicar el carácter republicano de los cambios de Gobierno. Noboa, Mulino y Peña mantuvieron igualmente encuentros bilaterales con el nuevo presidente colombiano.
Colombia abandona el espacio de afinidad política construido por el ahora expresidente Gustavo Petro con los gobiernos progresistas y busca integrarse en el nuevo eje conservador que está ganando terreno en América Latina. No obstante, la fotografía también tuvo ausencias relevantes. No estuvieron Nayib Bukele, cuya política de mano dura ha sido una de las principales referencias del discurso de seguridad de De la Espriella, ni Keiko Fujimori. Tampoco acudieron los presidentes de izquierda como el propio Petro, la mexicana Claudia Sheinbaum, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva o el uruguayo Yamandú Orsi.
El Escudo de las Américas acerca a Bogotá a Washington
La adhesión al Escudo de las Américas constituye probablemente una de las decisiones de mayor alcance estratégico del nuevo Gobierno. Durante la presidencia de Petro, la relación con Estados Unidos atravesó numerosos episodios de tensión, especialmente en materia de drogas, deportaciones, seguridad y política exterior. De la Espriella pretende reconstruir ahora esa alianza en la que Colombia vuelva a ser el socio prioritario de Washington en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.
La propia composición de la delegación estadounidense enviada a Cali apuntó en esa dirección. Donald Trump no viajó a Colombia y tampoco lo hicieron el vicepresidente JD Vance ni el secretario de Estado Marco Rubio. Washington estuvo representado, sin embargo, por figuras vinculadas directamente a la seguridad y la lucha antidroga, entre ellas Todd Blanche, fiscal general interino, Terrence C. Cole, administrador de la DEA, y Sara Carter, directora de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas.
La nueva relación entre Bogotá y Washington tendrá en la seguridad uno de sus pilares fundamentales. De la Espriella quiere además utilizar la política exterior como una extensión de su programa económico. “Cada embajada deberá convertirse en un instrumento eficaz al servicio del desarrollo y la protección y proyección internacional de Colombia ante el mundo”, afirmó. Para este gobierno, el presidente tiene reservada para la diplomacia colombiana un rol en la exploración de mercados, reducir barreras, atraer capital extranjero y aumentar la capacidad de Colombia para competir internacionalmente.
Israel, otro giro de fondo
El segundo gran cambio se encuentra en Oriente Próximo. De la Espriella ha decidido recuperar las relaciones con Israel, deterioradas hasta la ruptura durante el Gobierno de Petro por la ofensiva israelí en Gaza. El nuevo Ejecutivo colombiano considera prioritario reconstruir los vínculos con el Gobierno de Benjamín Netanyahu y ha anunciado incluso la posibilidad de trasladar la embajada colombiana a Jerusalén.
La reunión mantenida antes de la investidura con el ministro israelí de Exteriores, Gideon Saar, anticipó el nuevo rumbo. El vicepresidente José Manuel Restrepo anunció que en octubre está prevista una visita de una delegación colombiana a Israel y la puesta en marcha de una Comisión Económica Binacional destinada a impulsar tecnología, innovación, inversión y emprendimiento.
El cambio no es menor. Durante cuatro años, Colombia había situado la cuestión palestina y la crítica a Israel entre los ejes de su política exterior. De la Espriella plantea exactamente lo contrario: Israel como socio estratégico en seguridad, tecnología e inversión.
Colombia, dijo De la Espriella, “deja de ser un paria que contemporiza con el delito transnacional”. La formulación resume una de las claves de su proyecto exterior. Frente a la política de Petro, caracterizada por una diplomacia fuertemente ideologizada y por una aproximación crítica hacia Estados Unidos, Israel y determinadas instituciones internacionales, De la Espriella promete una política exterior basada en alianzas con países que compartan sus valores. @mundiario
