El Deportivo gastó 26 millones para volver a Primera y salió en Málaga con siete titulares de Segunda

La historia reciente de LaLiga demuestra que los ascendidos suelen conservar buena parte del bloque que logró el salto. La diferencia es que algunos lo hicieron por continuidad o necesidad; el Deportivo de A Coruña ha realizado una de las inversiones más ambiciosas de un recién ascendido y Antonio Hidalgo sigue confiando mayoritariamente en el equipo anterior.

Antonio Hidalgo alineó este lunes en La Rosaleda a siete futbolistas que pertenecían al Deportivo que la pasada temporada jugaba en Segunda División. Siete de once, que serían ocho si se añade el centrocampista que vino del Las Palmas, también de Segunda. La primera reacción resulta inevitable: ¿para qué se ha realizado una inversión millonaria en fichajes si, llegado el momento de competir, dos tercios del equipo titular continúan siendo los del ascenso?

La pregunta es pertinente, pero necesita contexto histórico. Una revisión de los equipos ascendidos durante la última década demuestra que conservar siete futbolistas del bloque de Segunda en el estreno en Primera **no constituye ninguna anomalía**. Algunos clubes han ido bastante más lejos.

Dato clave de El País

El diario El País aportó después del Málaga-Deportivo (1-1) el dato que permite colocar el caso coruñés bajo el foco. En su crónica del encuentro, publicada este lunes, comparó directamente la política deportiva de ambos recién ascendidos: el Málaga había invertido aproximadamente 300.000 euros en cinco fichajes mientras que el Deportivo había desembolsado 26 millones. Casi cien veces más, subrayaba el periódico de Prisa, antes de concluir que esa diferencia económica no se había apreciado sobre el césped. Ese es otro dato alrededor del cual merece construirse el debate.

No se trata de censurar que Hidalgo confíe en jugadores que conquistaron el ascenso. Al contrario. Si un futbolista de Segunda demuestra que puede competir en Primera, mantenerlo constituye una virtud, no un defecto. El error sería confundir categoría administrativa con calidad futbolística. La pregunta que debe responder el Deportivo es distinta: ¿qué rendimiento está obteniendo de los 26 millones invertidos? Porque esa inversión debería haber tenido como objetivo elevar sensiblemente el nivel de la plantilla. Si después de gastar esa cantidad el entrenador considera que siete de los once mejores futbolistas disponibles continúan siendo jugadores del curso anterior, aparecen dos interpretaciones posibles. Una es que Hidalgo esté administrando prudentemente la integración de los nuevos y que dentro de cinco o diez jornadas el equipo sea muy diferente. Es perfectamente razonable a estas alturas de agosto. La otra resulta bastante menos tranquilizadora: que algunos fichajes todavía no hayan demostrado mejorar lo que había. Y entonces la responsabilidad ya no recaería exclusivamente sobre el entrenador.

El Deportivo ha apostado por jóvenes con potencial y posible revalorización futura. Ese modelo exige paciencia. Asp Jensen, Amatucci, Bright Ede y otros recién llegados no pueden juzgarse definitivamente después de dos jornadas. Pero Primera tampoco concede demasiado tiempo para realizar experimentos. Los puntos de agosto valen exactamente lo mismo que los de abril.

Nadie se pregunta por qué juega Aubameyang. Su rendimiento responde por él. Algo parecido sucede con Leo Román. ¿Y los otros fichajes?

Hay además una excepción que demuestra lo que ocurre cuando una inversión produce un salto inmediato de calidad: Aubameyang. Llegó para ser diferencial y lo está siendo desde el primer día. Marca, amenaza, genera espacios, participa y trabaja defensivamente. Nadie se pregunta por qué juega Aubameyang. Su rendimiento responde por él. Algo parecido sucede con Leo Román, otra incorporación que ha elevado claramente el nivel de una posición. Cuando un fichaje mejora al equipo, el debate desaparece.

El problema se encuentra entre ambos extremos del campo. Allí todavía cuesta apreciar una transformación equivalente a la inversión realizada. Y por eso los siete futbolistas de Segunda son un dato periodísticamente interesante. Después de semejante desembolso, la exigencia razonable no consiste en pedir que Hidalgo siente a los jugadores del ascenso simplemente porque proceden de Segunda. Consiste en esperar que los nuevos sean suficientemente buenos para disputarles el puesto.

Si terminan haciéndolo, los siete de Málaga quedarán como una fotografía circunstancial de agosto. Si pasan las jornadas y el entrenador continúa considerando mejores a quienes ya estaban, entonces sí habrá que preguntar en los despachos qué se compró exactamente con esos 26 millones. @mundiario