La ofensiva rusa golpeó durante la noche del viernes y la madrugada del sábado distintos puntos de Ucrania con una combinación de drones y misiles. Uno de los episodios más graves tuvo lugar en el área metropolitana de Kiev, donde un depósito de municiones fue alcanzado y las explosiones posteriores multiplicaron los efectos del impacto inicial.
Las autoridades sitúan en 37 los fallecidos en el entorno del arsenal, aunque el balance puede aumentar mientras continúan las labores de búsqueda y rescate. Más de 40 personas han resultado heridas, entre ellas cuatro menores, y alrededor de medio centenar de edificios han sufrido daños.
A estas víctimas se suma la muerte de una niña de dos años después de que un dron alcanzara un café de la capital, según informó el alcalde de Kiev, Vitali Klitschko.
El ataque ha obligado también a evacuar a cerca de 400 personas y a cerrar una carretera estratégica que conecta Kiev con el oeste del país. Unos 300 efectivos de los servicios de emergencia y seguridad participan en las operaciones sobre el terreno.
Zelenski pone el foco en la ubicación del arsenal
La dimensión de la tragedia ha provocado una segunda preocupación: no solo se investiga el ataque ruso, sino también las circunstancias que rodeaban al depósito alcanzado.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha confirmado la apertura de una investigación para determinar por qué se almacenaban municiones, minas, proyectiles y drones tan cerca de zonas residenciales. Según su versión, las detonaciones del material almacenado pudieron agravar considerablemente las consecuencias del bombardeo.
El Gobierno ucraniano habla de una posible negligencia de las autoridades responsables. El primer ministro, Sergii Koretskyi, ha llegado a calificar lo ocurrido de «negligencia criminal» y ha reclamado que los responsables respondan por sus decisiones. La polémica recuerda a otro ataque registrado en la región de Kiev el pasado 6 de junio, cuando nueve personas murieron en Vyshneve.
Moscú lanza cientos de drones contra varias regiones
La ofensiva no se limitó a los alrededores de la capital. La Fuerza Aérea ucraniana asegura que Rusia empleó 267 drones, además de un misil antibuque Oniks y un misil balístico Iskander-M. Las defensas ucranianas lograron derribar o neutralizar 233 drones, aunque no pudieron evitar víctimas y graves daños. Odesa, Dnipro, Zaporiyia, Sumy, Jersón, Járkov, Mikolaiv, Donetsk y Cherníhiv también fueron atacadas.
El episodio vuelve a mostrar la presión que soporta Ucrania ante las oleadas de drones y misiles rusos. Para Kiev, la capacidad de interceptarlos sigue dependiendo en buena medida de sus sistemas de defensa aérea y del apoyo militar proporcionado por sus aliados.
La zona atacada tiene además un fuerte peso simbólico: en 2022, Bucha y otros municipios del entorno de Kiev quedaron asociados a algunos de los episodios más graves cometidos durante la ocupación rusa. Ahora, cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala, vuelve a convertirse en escenario de una tragedia. @mundiario

