El Real Madrid de José Mourinho marcha viento en popa y a toda vela, como se decía antaño cuando las cosas en casa iban sobre ruedas. El técnico de Setúbal ha logrado dinamizar en tiempo récord a una plantilla de talento descomunal, contagiar un entusiasmo competitivo feroz y consumar un lifting emocional que tiene al Santiago Bernabéu en estado de felicidad indisimulada.
Dos goleadas consecutivas en el feudo de la Castellana en apenas cinco días —cuatro tantos a la Real Sociedad y cuatro al Málaga— confirman que este equipo va a ser un aspirante feroz a todo. La plantilla suma compromiso colectivo y un rigor defensivo implacable que le permite dominar los partidos desde la solvencia física y la contundencia en las dos áreas.
Los cimientos de este proyecto prometedor empiezan desde atrás con un trabajo solidario de todas las líneas. Con solo dos goles encajados en los tres primeros compromisos oficiales, Thibaut Courtois ya no necesita ponerse la capa de héroe en cada jornada. Ahora tiene por delante a diez guerreros comprometidos, donde hasta el propio Vinicius baja a defender como pocas veces se le había visto.
Esta solidez y voracidad ofensiva inevitablemente traen el recuerdo de la mítica ‘Liga de los Récords’ de los 100 puntos y 121 goles. Aquella obra de arte construida por el propio Mourinho logró frenar en seco la hegemonía del Barcelona en su momento, asentando las bases de un equipo implacable al contragolpe y devastador en el juego directo.
En este nuevo engranaje, Jude Bellingham ha emergido sin discusión como el nuevo ‘boss’ del equipo dentro del terreno de juego. Portando el dorsal 5 de Zidane con la fiereza de un Pirri o un Fernando Hierro del siglo XXI, el centrocampista británico prolonga su estado de gracia tras su histórico papel en la pasada cita mundialista.
El liderazgo de Bellingham y la gestión de vestuario de Mourinho
Bellingham no solo abrió la lata ante el Málaga y propició el segundo tanto de la tarde, sino que sube, baja, presiona, conduce, asiste y lidera a sus compañeros. Su exhibición fue de tal magnitud que los 70.000 espectadores del Bernabéu —incluidos los aficionados malaguistas en un bonito gesto de respeto— se pusieron en pie para dedicarle una ovación memorable cuando se retiró sustituido.
Mourinho, como buen estratega inteligente, ha sabido además activar a toda su cualificada tropa sin generar grietas en el vestuario blanco. Pese a repetir gran parte del bloque en los duelos previos, introdujo cinco cambios en el once titular frente al Málaga, demostrando que en Valdebebas no hay espacio para caras largas y que los 20 titulares de la plantilla van a ser fundamentales.
La cohesión del grupo se ve reforzada por detalles cotidianos como las comidas comunitarias tras las sesiones de entrenamiento en la ciudad deportiva. Este tipo de dinámicas está convirtiendo al conjunto blanco en una máquina perfectamente engrasada donde todos los futbolistas reman exactamente hacia el mismo objetivo colectivo sin importar el protagonismo individual.
Jude amenaza con superar el liderazgo de Mbappé y Vinicius
Tras dos años marcados por los amargores y la inestabilidad en el juego, el madridismo se pellizca ante el inicio de una etapa que invita a soñar en grande. La grada del Santiago Bernabéu vuelve a disfrutar de un fútbol contundente, solidario y voraz, devolviendo la sonrisa a Chamartín desde las primeras semanas de competición oficial.
Algo grande se está moviendo de nuevo en la capital con Jude Bellingham desatado como un futbolista total. Su despliegue sobre el césped representa la bandera de esta transformación, contagiando una energía competitiva que marca el camino y eleva la exigencia colectiva del plantel en cada encuentro.
Si esta dinámica de resultados y compromiso se consolida con el paso del calendario, el empuje del centrocampista británico promete arrastrar al resto de sus compañeros, en especial a referentes de la talla de Kylian Mbappé y Vinicius Junior. Con un frente de ataque afinado y solidario, este Real Madrid amenaza con no dejar ni un solo caramelo a sus rivales en la pelea encarnizada por todos los títulos de la temporada.
El impacto del inglés trasciende lo puramente táctico para adentrarse en el terreno del carisma. Con una madurez impropia de su edad, Bellingham tiene toda la pinta de transformarse en el verdadero caudillo del vestuario blanco, encarnando la figura de un líder de la vieja escuela al más puro estilo de Fernando Hierro o Raúl González.
Resta por comprobar si este rendimiento descomunal se mantendrá cuando aparezcan los tramos decisivos del curso. De momento, el bernabéu asiste al nacimiento de una jerarquía indiscutible: Jude ha presentado sus credenciales para ser el jefe del presente y el dueño del futuro merengue. @mundiario
