Argentina se asoma al vacío después de Messi

Argentina acaba de perder mucho más que a su número diez. Lionel Messi se marcha de la selección a los 39 años después de haber vuelto a ser el futbolista sobre el que giró buena parte del equipo durante el Mundial, precisamente cuando todo hacía pensar que su papel debía empezar a ser secundario. Ocurrió lo contrario: ocho goles, cuatro asistencias y el Balón de Plata del torneo. La gran incógnita no es cómo sustituir a Messi, porque probablemente sea imposible hacerlo directamente, sino cuánto queda realmente de Argentina cuando desaparece su principal solución.

Messi escondió muchos de los problemas

El dato más preocupante quizá apareciese muy pronto. Argentina ganó sus dos primeros encuentros y los cinco goles fueron de Messi. A partir de ahí alcanzó nuevamente la final, pero el camino no fue tan convincente como puede sugerir el subcampeonato. Cabo Verde obligó a la Albiceleste a llegar hasta la prórroga, Egipto llegó a colocarla contra las cuerdas y el propio Scaloni reconoció después de la final que varios futbolistas habían llegado al límite físico.

España terminó exponiendo esas dificultades. La selección de Luis de la Fuente dominó la final y Argentina fue incapaz de encontrar demasiadas respuestas ante un rival que controló el encuentro prácticamente de principio a fin. Emiliano Martínez prolongó la resistencia hasta la prórroga, pero el gol de Ferran Torres terminó colocando el resultado donde el juego llevaba tiempo apuntando.

Ahí aparece inevitablemente otra pregunta: ¿ha llegado esta generación al final de su ciclo? La comparación con la España de 2014 puede resultar tentadora. Después de ganarlo prácticamente todo existe el riesgo de acomodarse, perder ese hambre competitiva que anteriormente permitía llegar antes a cada balón y soportar cualquier contexto. Argentina venía de conquistar el Mundial de Catar, las Copas América de 2021 y 2024 y la Finalissima. Quizá haya algo de barriga llena, aunque sería demasiado sencillo explicarlo todo desde ahí.

Sobre todo porque quien menos necesitaba demostrar seguía siendo quien más demostraba. Messi llegó al Mundial con 39 años y terminó nuevamente como la gran referencia argentina. Lo hizo, además, atravesando una situación personal durísima por la grave enfermedad de su padre, Jorge Messi, que falleció el 8 de agosto, apenas veinte días después de la final. Ni siquiera ese contexto impidió que el capitán volviese a asumir buena parte de la responsabilidad competitiva.

¿Y si también se marcha Scaloni?

La segunda grieta es todavía mayor. Lionel Scaloni tampoco garantiza su continuidad. Tras perder contra España explicó que cumplirá su contrato hasta diciembre y añadió que después “seguramente corte”. No parece una frase lanzada únicamente desde la frustración de una derrota: el técnico habló también de la necesidad de pensar si puede volver a construir algo semejante después de ocho años y del enorme desgaste acumulado durante el ciclo.

Eso obligaría a Argentina a afrontar dos reconstrucciones simultáneas. Perdería al mejor futbolista de su historia y también al entrenador que consiguió convertir un vestuario golpeado en una máquina competitiva. Scaloni no solo ganó; construyó una estructura en la que Messi dejó de tener que resolver absolutamente todo. La paradoja es que, en el último Mundial, con algunas piezas importantes lejos de su mejor versión, el equipo volvió a necesitar demasiado al futbolista al que precisamente llevaba años intentando liberar de esa obligación.

Y el recambio tampoco se produce en un contexto institucional tranquilo. La AFA atraviesa diferentes frentes judiciales. La Cámara en lo Penal Económico confirmó en junio los procesamientos de Claudio Tapia, Pablo Toviggino y la propia asociación en una causa relacionada con la retención de aportes y contribuciones de la seguridad social. Paralelamente, medios argentinos han informado de pesquisas en Estados Unidos sobre movimientos financieros y contratos vinculados al fútbol argentino. Son investigaciones y acusaciones en curso, no hechos delictivos definitivamente probados, y la AFA ha rechazado públicamente diferentes señalamientos y ha defendido la legalidad de sus relaciones comerciales.

Leo Messi, tras su gol a Cabo Verde. / @Argentina
Leo Messi, tras su gol a Cabo Verde. / @Argentina

A ello se añadió el expediente disciplinario abierto después de los incidentes de la final del Mundial. La AFA solicitó a la FIFA que las sanciones impuestas pudieran cumplirse también durante amistosos y anunció su intención de recurrir determinadas decisiones. No está acreditado, sin embargo, que las investigaciones económicas supongan un enfrentamiento financiero entre FIFA y AFA, por lo que mezclar ambos asuntos como si formasen parte del mismo procedimiento sería incorrecto.

Argentina tiene futbolistas suficientes para continuar entre las grandes selecciones. Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Cristian Romero y una nueva generación que deberá asumir responsabilidades mantienen una base competitiva considerable. El problema es otro: durante años todo funcionó alrededor de dos certezas llamadas Messi y Scaloni, y ahora ambas pueden desaparecer prácticamente al mismo tiempo. Después de tocar el cielo, la Albiceleste empieza un nuevo ciclo con muchas más preguntas que respuestas. @mundiario