EE UU investiga el ataque a una boda en Irán mientras Vance minimiza la guerra: “a veces pasan cosas”

La imagen resulta difícil de encajar en el lenguaje cuidadosamente elegido por Washington. En una vivienda de Kuhestak, en el sur de Irán, varias familias se habían reunido para celebrar una boda cuando una explosión convirtió la fiesta en una escena de destrucción. Entre los primeros fallecidos figuraba un niño de cuatro años. Posteriormente, una mujer herida murió, elevando a cinco el balance conocido de víctimas mortales, mientras los heridos se acercaban a setenta según distintas fuentes.

El episodio está siendo investigado por Estados Unidos, pero las evidencias disponibles han complicado la posibilidad de atribuirlo simplemente a un proyectil iraní o a daños indirectos. Reuters verificó imágenes y vídeos del lugar y los sometió al análisis de cuatro expertos en armamento. Tres de ellos consideraron probable que la munición fuera estadounidense y coincidieron en que los daños eran compatibles con un impacto directo sobre el edificio, no con el rebote o la explosión secundaria de un proyectil destinado a otro objetivo

El ataque tuvo lugar durante la noche del 1 de septiembre, en una zona próxima al estrecho de Ormuz. Ese mismo día, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó una oleada de ataques contra objetivos iraníes, incluidos sistemas de defensa aérea, radares, instalaciones marítimas, capacidades para colocar minas y centros de comunicaciones.

Dos funcionarios estadounidenses citados bajo condición de anonimato señalaron que las fuerzas de Estados Unidos habían atacado objetivos militares en el área de Kuhestak y, en concreto, una torre de comunicaciones portuaria. El problema es que esa infraestructura se encontraba a unos 135 metros del lugar donde se celebraba la boda. La investigación, respaldada por análisis independientes de armamento y el propio reconocimiento del Pentágono, se centra ahora en determinar si el impacto directo contra la vivienda civil se debió a un fallo técnico de guía en la munición estadounidense de alta precisión o a un error humano en la identificación del objetivo.

Después de que la administración de Donald Trump y el vicepresidente J. D. Vance se pronunciaran formalmente sobre las acusaciones de Teherán, el CENTCOM confirmó que examina detalladamente las informaciones del bombardeo en la aldea. Por su parte, la Casa Blanca expresó un profundo escepticismo ante los reportes de los medios estatales iraníes, que denuncian la muerte de al menos cinco civiles y decenas de heridos. Durante una rueda de prensa, el vicepresidente Vance aseguró que la investigación exhaustiva se realiza porque Washington «quiere saber» con certeza qué ocurrió, y defendió que el ejército estadounidense nunca toma como objetivo a la población civil.

Vance: “nunca atacamos civiles”, pero “a veces pasan cosas”

El vicepresidente rechazó inicialmente las informaciones procedentes de Irán y manifestó su “extremo escepticismo” ante las versiones difundidas por medios estatales iraníes. Sin embargo, el dato de las víctimas no procede únicamente de Teherán: la Media Luna Roja iraní, integrada en el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, también informó sobre el ataque y sus consecuencias.

Vance insistió en una distinción esencial para la postura estadounidense: «Lo que puedo decir con total seguridad es que, a diferencia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, Estados Unidos nunca ataca a civiles en combate». Y añadió: «Por desgracia, obviamente, a veces pasan cosas«.

La cuestión pendiente, por tanto, no es únicamente si Estados Unidos pretendía matar civiles —algo que Washington niega—, sino si existieron fallos en la identificación del objetivo, en la selección de la munición, en la evaluación de la presencia de civiles o en la ejecución del ataque.

El ataque contra la boda devuelve al primer plano otro episodio mucho más grave ocurrido el 28 de febrero, cuando un misil destruyó una escuela primaria en Minab. Las autoridades iraníes situaron entonces el número de muertos por encima de 175 entre alumnos y profesores. Reuters informó posteriormente de que una investigación militar estadounidense preliminar apuntaba a que las fuerzas de Estados Unidos habían sido probablemente responsables del ataque, debido a un error relacionado con las coordenadas utilizadas para identificar el objetivo. El Pentágono todavía no ha hecho público el informe completo.

Una investigación transparente sobre Kuhestak tendría, por ello, una importancia que va más allá de las cuatro o cinco víctimas de una sola noche: permitiría determinar qué ocurrió, qué información manejaban los responsables del ataque y si existieron fallos corregibles.

La controversia se produce además justo cuando Vance ha decidido cuestionar la propia definición del conflicto. «Yo no lo llamaría guerra», afirmó en la Casa Blanca, pese a que Estados Unidos e Irán llevan meses intercambiando ataques y Washington mantiene decenas de miles de efectivos en Oriente Próximo. El CENTCOM cifra en más de 50.000 los militares estadounidenses desplegados actualmente en la región.

El argumento de Vance es que Estados Unidos habría concluido sus principales operaciones de combate y que ahora su prioridad es impedir que Irán siga atacando el tráfico comercial en el estrecho de Ormuz. También descartó reanudar negociaciones mientras Teherán continúe atacando buques mercantes.

El coste de minimizar un conflicto que sigue activo

La dificultad de esa explicación está en la distancia entre la etiqueta política y los hechos militares. Si existen ataques aéreos, represalias, buques militares, tropas desplegadas, objetivos destruidos y bajas de ambos bandos, resulta comprensible que sus adversarios políticos describan la situación como una guerra. Vance, en cambio, intenta presentarla como una operación militar limitada cuyo objetivo principal sería contener las acciones iraníes y proteger la navegación. 

Definir el conflicto como guerra tiene consecuencias políticas internas, especialmente cuando se aproximan las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre. La Administración Trump afronta además el encarecimiento del petróleo y una presión creciente sobre su estrategia iraní. Las encuestadoras de EE UU han señalado que la guerra está afectando a la popularidad presidencial y complicando el escenario para los candidatos republicanos.

El caso de Kuhestak coloca a Washington ante una contradicción difícil de resolver. Estados Unidos puede sostener que no ataca civiles deliberadamente y, al mismo tiempo, reconocer que una operación destinada contra un objetivo militar pudo acabar causando víctimas en una celebración privada. @mundiario