Reino Unido planta cara a Milei por las Malvinas: “nuestro compromiso es absoluto e inquebrantable”

La disputa por las Islas Malvinas vuelve a subir de temperatura más de cuatro décadas después de la guerra que enfrentó a Argentina y Reino Unido en 1982. El detonante esta vez no es militar, sino una combinación de geopolítica, petróleo y un inesperado movimiento de Donald Trump que ha llevado a Javier Milei a recuperar con fuerza una de las reivindicaciones históricas de la política exterior argentina.

Londres no ha tardado en responder. El ministro de Defensa británico, Wes Streeting, ha reafirmado este viernes que las Malvinas “son británicas” y ha calificado el último discurso de Milei como una cuestión relacionada fundamentalmente con la política interna argentina. “Las Malvinas son británicas porque los habitantes de las Malvinas eligen ser británicos”, afirmó Streeting en un mensaje publicado en redes sociales. “Nuestro compromiso con las Malvinas es absoluto e inquebrantable”, escribió en X.

La respuesta británica llega apenas horas después de que Milei afirmara en un mensaje televisado que en el mundo soplan “vientos de cambio” favorables a la reivindicación argentina. El presidente argentino basa buena parte de su renovada ofensiva diplomática en las recientes declaraciones de Trump, que ha dejado abierta la posibilidad de revisar la tradicional posición de Washington sobre el conflicto.

El presidente argentino ha recuperado una cuestión que posee una enorme carga emocional y política en Argentina. La guerra de 1982 terminó con la derrota de las fuerzas argentinas y la consolidación del control británico sobre el archipiélago, pero Buenos Aires nunca abandonó formalmente su reclamación de soberanía.

Milei ha decidido ahora elevar el tono. “Las Islas Malvinas son argentinas por historia y por derecho”, sostuvo el presidente, antes de anunciar nuevas medidas para intentar obstaculizar las actividades económicas desarrolladas en torno al archipiélago. Su estrategia combina presión diplomática, sanciones económicas y refuerzo de las capacidades militares argentinas en el Atlántico Sur.

 

¿Qué es el proyecto Sea Lion?

Sea Lion convierte el conflicto en una disputa por los recursos. El proyecto impulsado por la británica Rockhopper y la israelí Navitas, constituye el nuevo foco de tensión. Las empresas preparan la explotación de un yacimiento situado aproximadamente a 220 kilómetros al norte de las islas. Para Buenos Aires, no se trata simplemente de una actividad empresarial desarrollada en un territorio cuya soberanía disputa, sino de la explotación de recursos naturales que Argentina considera propios.

Milei ha anunciado que endurecerá las sanciones contra las compañías que participen en operaciones que Argentina considere no autorizadas. La amenaza podría extenderse, además, a accionistas y proveedores vinculados a esas empresas. El Gobierno argentino sostiene que Naciones Unidas lleva décadas reclamando a Buenos Aires y Londres que eviten acciones unilaterales mientras permanezca abierta la controversia sobre la soberanía. Milei considera que la explotación petrolera constituye precisamente una de esas actuaciones.

La cuestión adquiere una dimensión estratégica porque el petróleo introduce una variable que no existía con la misma intensidad durante buena parte de las décadas anteriores. La disputa ya no gira únicamente alrededor de quién administra las islas, sino también de quién controla los recursos energéticos existentes en las aguas circundantes.

Londres invoca la voluntad de los isleños

La principal respuesta británica se apoya en un argumento diferente al de Buenos Aires: el derecho de los habitantes de las islas a decidir su futuro. Los isleños votaron de forma abrumadora en el referéndum celebrado en 2013 a favor de mantener su estatus como territorio británico de ultramar.

Milei rechaza esa interpretación. En su discurso, sostuvo que los habitantes actuales constituyen una “población implantada” en un territorio que Argentina considera ocupado y, por tanto, negó que puedan ejercer un derecho legítimo de autodeterminación sobre la soberanía del archipiélago. Londres sostiene exactamente lo contrario. De ahí que la frase de Streeting sea algo más que una respuesta coyuntural al presidente argentino: resume la posición británica que ha mantenido el Reino Unido durante décadas.

Las islas son británicas porque sus habitantes quieren seguir siendo británicos. Esa diferencia conceptual explica por qué la controversia resulta tan difícil de resolver. Argentina sitúa el conflicto principalmente en términos de soberanía territorial y continuidad histórica; Reino Unido coloca en el centro la voluntad de la población que habita actualmente el archipiélago.

Trump introduce una variable inesperada

El factor que ha cambiado el escenario es Donald Trump. El presidente estadounidense ha sugerido que Washington podría reconsiderar su posición tradicional sobre la disputa. No ha anunciado un reconocimiento de la soberanía argentina ni un cambio formal de política, pero la mera posibilidad supone una novedad de enorme relevancia diplomática. Estados Unidos respaldó al Reino Unido durante la guerra de 1982, aunque posteriormente mantuvo una posición de neutralidad respecto a la cuestión de la soberanía.

Ahora Trump ha vinculado su malestar con Londres a la relación militar entre ambos países, especialmente al papel británico en la guerra contra Irán y a las diferencias sobre el gasto en defensa. En declaraciones a GB News, Trump reprochó al Reino Unido su falta de apoyo a EE UU y recordó que Londres depende en buena medida del petróleo que atraviesa el estrecho de Ormuz.

El presidente estadounidense también evocó la guerra de 1982 y reconoció que había seguido muy de cerca aquel conflicto. Pero dejó abierta una cuestión que Milei ha aprovechado inmediatamente: la posibilidad de que Estados Unidos deje de considerar intocable su posición tradicional.

La lectura argentina sigue esa estela. Milei considera que la relación privilegiada que mantiene con Trump puede convertirse en un activo estratégico para la reivindicación sobre las Malvinas. “Trump declaró que los Estados Unidos están reevaluando su posición histórica con relación a Malvinas”, afirmó el presidente argentino. Y añadió que esa posibilidad no es inocua porque Washington considera a Argentina un socio “confiable” y estratégicamente relevante. @mundiario