Camavinga en el once ante el Betis: Mourinho apuesta por la recuperación del galo

El rendimiento de Eduardo Camavinga en la campaña 2025-26 dejó sombras preocupantes en la dinámica del Real Madrid. Aquella dolorosa eliminatoria frente al Bayern Múnich en la Liga de Campeones escenificó el punto más bajo de un bajón futbolístico que se venía gestando meses atrás, desdibujando la proyección del centrocampista francés tras una serie de actuaciones irregulares que sembraron dudas sobre su rol en el proyecto de Chamartín.

Con el cierre del pasado ejercicio, las especulaciones sobre su futuro cobraron fuerza y una salida del club parecía el escenario más factible ante la llegada de ofertas importantes. Sin embargo, el jugador y su entorno apostaron por la permanencia en la capital española, convencidos de revertir la situación bajo las órdenes de José Mourinho y recuperar la versión determinante que lo situó entre las grandes promesas del fútbol mundial.

La llegada del técnico de Setúbal supuso un punto de inflexión decisivo en la trayectoria del internacional galo. A diferencia de lo ocurrido con otros integrantes de la plantilla, Mourinho optó por brindarle minutos y galones desde la pretemporada, diseñando un contexto idóneo para que el futbolista reordenara sus ideas en el terreno de juego y recuperara sensaciones.

La respuesta de Camavinga durante la gira veraniega no se hizo esperar. Con un despliegue táctico sobrio y actuaciones de notable solidez, el mediocentro fue erosionando los reticencias del banquillo hasta convertirse en una pieza de absoluta confianza para el entrenador portugués, quien ha apreciado su capacidad de trabajo y polivalencia en la medular.

Esa firme apuesta de Mourinho se ha trasladado de forma contundente al arranque de LaLiga, donde Camavinga ha tenido presencia activa en cada uno de los compromisos disputados por el conjunto merengue. La continuidad en el once no solo confirma la metamorfosis del galo en la estructura blanca, sino que ratifica la vigencia de una apuesta personal que ha transformado las dudas del curso pasado en una certeza competitiva para el esquema madrileño.

El encuentro ante el Málaga como punto de inflexión

La baja por lesión de Aurélien Tchouaméni abrió una rendija de oportunidad que José Mourinho dosificó con precisión, otorgándole a Eduardo Camavinga apenas 22 minutos repartidos entre los duelos frente al Espanyol y la Real Sociedad. Lejos de desentonar o incurrir en errores del pasado, el internacional francés mostró temple en esas breves intervenciones, cimentando el terreno para la prueba de fuego que el técnico portugués le reservaba ante el Málaga.

Ese compromiso frente al conjunto andaluz se presentó como una auténtica reválida, y Camavinga no la dejó escapar. Sin necesidad de firmar una exhibición deslumbrante ni de emular la elegancia histórica de Fernando Redondo, el centrocampista completó los noventa minutos con un despliegue de notable solidez táctica y criterio en la distribución. Su actuación sirvió para acallar, al menos de forma momentánea, a esa corriente de críticos que semanas atrás exigían su salida precipitada del club sin importar el impacto financiero de la operación.

El pragmatismo de Mourinho no pasó por alto semejante ejercicio de madurez. Convencido por la solidez del galo, el preparador de Setúbal decidió redoblar su apuesta justo una semana después, concediéndole nuevamente la titularidad en un escenario de máxima exigencia europea y doméstica como La Cartuja, un feudo donde el Real Madrid no sabe lo que es ganar desde el año 2021.

En este difícil examen ante el Real Betis, Mou ha apostado por formar un doble pivote de absoluto despliegue junto a Fede Valverde. La misión de la dupla resulta vital para el esquema merengue: contener la circulación de balón del cuadro dirigido por Manuel Pellegrini y sostener el equilibrio defensivo de un equipo que necesita romper su particular maleficio en tierras hispalenses.

De repudiado por la crítica a pieza angular en la pizarra de Mourinho para una cita de máxima tensión, Camavinga ha demostrado que el fútbol concede revanchas a quienes saben esperar su momento. Si el francés logra adueñarse de la medular en un escenario tan hostil, no solo habrá disipado los fantasmas de su crisis, sino que habrá firmado el primer gran capítulo de su definitiva resurrección blanca. @mundiario