Oficialmente, la era de Carlos Corberán en el Valencia CF ha llegado a su fin. Tras los malos resultados cosechados en este inicio de curso, el club ha decidido prescindir del técnico que salvó al equipo del descenso en las dos últimas campañas —cuando nadie daba un duro por los ché—, con el objetivo de sacar del pozo clasificatorio a una plantilla que transmite cada vez peores sensaciones.
La entidad de Mestalla ha dado un giro de 180 grados a su planificación deportiva mediante el despido inmediato tanto de Corberán como del CEO de Fútbol, Ron Gourlay. La decisión, adoptada directamente desde Singapur tras la intervención del presidente Kiat Lim, interrumpe el proyecto de ambos profesionales apenas dos meses después de haber firmado una ampliación de contrato hasta 2028.
El detonante ha sido la profunda crisis de resultados e imagen del primer equipo, agudizada tras la dolorosa goleada por 0-5 encajada ante el FC Barcelona en Mestalla y el posterior tropiezo por 1-0 en el Sánchez-Pizjuán. La incapacidad de reacción de la plantilla y el progresivo distanciamiento con parte del vestuario terminaron por precipitar la marcha del entrenador valenciano, quien cierra su etapa tras haber dirigido 72 partidos oficiales.
Junto a Corberán, la directiva ha prescindido de Gourlay y de todo su equipo de trabajo, integrado por Lisandro Isei, Hans Gillhaus, Andrés Zamora y Malek Shafei. El club ha justificado esta reestructuración en la necesidad de iniciar una nueva etapa en la gestión del área de fútbol para construir un proyecto sólido, competitivo y sostenible.
Ante la inmediatez del calendario, Óscar Sánchez, técnico del VCF Mestalla, asume las riendas del primer equipo de manera provisional. El preparador del filial dirigirá los compromisos de esta misma semana: la visita del martes a Mendizorroza para medirse al Deportivo Alavés y el choque dominical en casa frente a la Real Sociedad.
Una apuesta arriesgada que salta por los aires
La marcha de Ron Gourlay deja al descubierto el estrepitoso fracaso de una de las apuestas más arriesgadas de la dirección deportiva en el pasado mercado estival. El ejecutivo escocés lideró personalmente la ampliación de contrato de Carlos Corberán hasta 2028, a pesar de que el técnico ya tenía vínculo hasta 2027, vendiendo su continuidad como la piedra angular del proyecto a largo plazo.
Sin embargo, el crédito de la dupla duró muy poco sobre el terreno de juego. Las primeras alarmas saltaron con una dolorosa derrota en La Coruña que el propio entrenador tildó de «vergonzosa», sembrando unas dudas futbolísticas que terminaron por fracturar de forma irreversible la confianza de la propiedad singapuriense.
La sentencia definitiva se firmó desde el propio palco de Mestalla durante la humillante goleada encajada por 0-5 ante el FC Barcelona. La presencia del presidente Kiat Lim en el estadio aceleró la toma de decisiones drásticas, precipitando un desenlace que se consumó tras la posterior e inerte derrota en el Sánchez-Pizjuán.
De este modo, la etapa del preparador valenciano en el banquillo ché concluye de forma abrupta tras 72 partidos oficiales. Si bien logró rescatar al equipo de una situación límite a su llegada y mantenerlo en la élite, su proyecto fue incapaz de encontrar la regularidad necesaria para consolidarse en la zona noble de la clasificación.
Ahora, el Valencia se adentra en un escenario de urgencia absoluta con seis puntos decisivos en juego en apenas cinco días. A las órdenes del técnico interino Óscar Sánchez, la plantilla deberá dar la cara en Mendizorroza y Mestalla mientras el valencianismo aguarda la llegada del nuevo organigrama deportivo para conocer el rumbo real de la entidad. @mundiario
