Donald Trump ha elevado el tono contra el Tribunal Supremo después de que la institución rechazara, por ahora, desbloquear las restricciones al voto por correo impulsadas por su Administración de cara a las elecciones de mitad de mandato.
El presidente utilizó Truth Social para expresar especialmente su decepción con Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett, los tres jueces conservadores designados durante su primer mandato. Su reproche fue contundente: aseguró que no eran las personas que había entrevistado cuando buscaba candidatos para el Supremo.
La decisión judicial supone un obstáculo relevante para la estrategia electoral de Trump. La Administración pretendía introducir nuevas condiciones relacionadas con el tratamiento y seguimiento de las papeletas enviadas por correo, además de imponer plazos específicos a los Estados para comunicar determinados procedimientos electorales.
Por qué el voto por correo se ha convertido en un frente político
La disputa no se limita a una cuestión administrativa. El voto por correo se ha convertido en uno de los grandes campos de batalla de la política estadounidense desde las elecciones presidenciales de 2020.
Trump ha cuestionado reiteradamente, sin aportar pruebas que demuestren un fraude generalizado, la fiabilidad de este sistema. En esta ocasión, su Administración buscaba modificar algunos procedimientos bajo la competencia del Servicio Postal de Estados Unidos, pero una jueza federal de Massachusetts había paralizado temporalmente esas medidas.
El Supremo ha decidido mantener ese bloqueo. La mayoría considera improbable que el Gobierno termine imponiéndose sobre el fondo del caso y entiende que no existen razones suficientes para conceder una suspensión de emergencia.
El calendario también pesa. Con las elecciones del 3 de noviembre cada vez más cerca, Kavanaugh señaló que los funcionarios electorales no disponían de tiempo suficiente para aplicar las nuevas reglas de una manera razonable.
Una relación cada vez más complicada con sus propios jueces
El episodio revela una tensión de mayor alcance: Trump espera que los magistrados que ayudó a colocar en el Supremo respalden determinadas prioridades políticas, mientras que estos deben actuar con independencia.
No todos los jueces conservadores respaldaron la misma posición. Clarence Thomas y Samuel Alito discreparon de la decisión mayoritaria, mientras que Kavanaugh coincidió con el resultado, aunque por razones vinculadas al calendario electoral.
El voto por correo se suma así a una lista de asuntos en los que el Supremo ha frenado iniciativas de Trump. Entre ellos figuran su política arancelaria y determinadas medidas relacionadas con la ciudadanía por nacimiento.
El pulso tiene además una dimensión electoral. Las elecciones de mitad de mandato determinarán el equilibrio de poder en el Congreso, por lo que cualquier modificación de las reglas de votación puede tener consecuencias políticas relevantes. La batalla judicial, por tanto, difícilmente terminará con este fallo: todo apunta a que las normas electorales seguirán siendo uno de los principales terrenos de confrontación entre Trump, los Estados y los tribunales. @mundiario

