El curioso coche de Mr. Bean que nació para el museo y terminó en otro lugar

El coche que Rowan Atkinson encargó a Aston Martin no es simplemente otro deportivo clásico propiedad de una celebridad. Es una pieza que reúne tres mundos que rara vez coinciden: la historia de una marca, la exclusividad de una producción limitada y la obsesión de un propietario que quiso llevarla mucho más lejos. Fue el primer V8 Zagato fabricado, estuvo expuesto en el Salón de Ginebra de 1986 y acabó transformado para poder competir sin dejar de ser legal en carretera. Ahora, casi cuatro décadas después, vuelve a estar en venta por 325.000 euros.

La historia empieza con el Aston Martin V8 Zagato, una colaboración que convirtió al tradicional gran turismo británico en una máquina mucho más radical. Entre 1986 y 1989 apenas se fabricaron 89 unidades: 52 coupés y 37 descapotables. La unidad que perteneció a Atkinson tiene además un valor añadido difícil de repetir, porque fue la primera de producción después de los dos prototipos y la misma que Aston Martin mostró al público en Ginebra.

Que Rowan Atkinson terminara siendo su propietario tampoco es una casualidad. El actor británico ha desarrollado durante décadas una relación especialmente intensa con el automóvil. Su garaje ha incluido modelos de enorme relevancia histórica y económica, entre ellos un McLaren F1 cuya cotización actual puede situarse en cifras cercanas a los 20 millones de euros. Pero lo interesante de Atkinson no es solamente cuánto ha gastado en coches, sino el conocimiento y la implicación que ha demostrado con ellos.

En el caso del V8 Zagato, esa implicación llegó hasta el punto de no aceptar que el coche permaneciera como una pieza de colección. Atkinson quería conducirlo en competición. Y no buscó simplemente un preparador externo para convertirlo en un coche de carreras: recurrió directamente a Aston Martin para que la propia marca modificara su automóvil. El resultado fue una interpretación muy personal de lo que debía ser un deportivo británico de alta gama.

Ilustración del V8 Zagato. / Mundiario.

El V8 original entregaba 432 CV, pero la preparación solicitada por Atkinson elevó la potencia hasta 478 CV. También recibió elementos pensados para competir, como una jaula antivuelco, ventanillas aligeradas, un depósito de combustible de mayor capacidad e instrumentación adicional. La filosofía era clara: aumentar las capacidades del automóvil en circuito sin destruir aquello que hacía especial al Zagato fuera de él.

Cuando un coche de colección todavía quiere correr

Ahí está precisamente la particularidad de esta unidad. Muchos automóviles históricos terminan protegidos detrás de una barrera, utilizados únicamente en concentraciones o trasladados en camiones para evitar cualquier riesgo. Atkinson tomó el camino contrario. Su Aston Martin fue concebido para ser disfrutado conduciendo, y la preparación realizada por la propia fábrica buscó conservar esa posibilidad incluso después de convertirlo en una máquina mucho más próxima a la competición.

Hay además una lectura cultural detrás de la historia. En Reino Unido existe una tradición especialmente arraigada alrededor del automóvil clásico y de los grandes deportivos, que ha llevado a numerosos músicos, actores y personalidades públicas a convertirse en coleccionistas. En ese contexto aparecen nombres como Eric Clapton, Jay Kay o Elton John. Atkinson pertenece a esa generación de famosos que no se limita a adquirir coches caros, sino que mantiene una relación mucho más profunda con la cultura del automóvil.

El precio actual introduce una paradoja interesante. La unidad se ofrece por unos 325.000 euros, una cantidad extraordinaria para cualquier automóvil convencional, pero llamativa si se considera que se trata del primer V8 Zagato de producción, un ejemplar expuesto en Ginebra y un vehículo con una historia documentada alrededor de uno de los actores británicos más conocidos. Su valor no procede únicamente de sus 478 CV, sino de la suma de procedencia, rareza, modificaciones y conservación.

También conviene recordar cómo ha cambiado el valor del dinero. El Aston Martin V8 Zagato tenía en su momento un precio equivalente a unos 142.500 euros actuales tomando como referencia el cambio de la época, una cifra que con la inflación equivaldría aproximadamente a 420.000 euros de hoy. Es decir, el precio de venta actual no cuenta toda la historia económica del coche: detrás hay una pieza cuyo coste original ya pertenecía a la parte más exclusiva del mercado.

El verdadero atractivo del Aston Martin de Atkinson, sin embargo, está en otra parte. Representa una época en la que un fabricante podía construir un deportivo casi artesanal, un actor podía pedir que lo transformaran específicamente para sus necesidades y un automóvil de colección todavía podía salir a la carretera y entrar en un circuito. Hoy, cuando muchos coches son definidos por el software, las baterías y las actualizaciones remotas, esta unidad recuerda que también existe otra forma de entender el automóvil: como una máquina con personalidad, historia y cicatrices. Y quizá por eso el Aston Martin de Rowan Atkinson vale algo más que sus 325.000 euros: conserva una manera de vivir el automóvil que cada vez resulta más difícil de encontrar. @mundiario