El parón de selecciones ha asestado un golpe durísimo a la tranquilidad de los servicios médicos del FC Barcelona en el momento más inoportuno del curso. Durante el compromiso amistoso disputado este martes en el Suncorp Stadium entre Brasil y Australia, Raphinha encendió todas las alarmas al tener que abandonar el terreno de juego en el descanso. La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) confirmó oficialmente que la sustitución respondió a unas molestias musculares localizadas en su muslo derecho.
La noticia cayó como un jarro de agua fría en la Ciudad Condal tras una primera mitad en la que el atacante blaugrana ejerció un papel estelar con la Canarinha. Portando el mítico dorsal número 10 a la espalda y luciendo el brazalete de capitán, el futbolista fue alineado por Carlo Ancelotti como falso nueve, emulando la exitosa variante táctica empleada por Hansi Flick. Su jerarquía quedó patente al firmar desde el punto de penalti el 2-2 con el que ambas escuadras enfilaron el túnel de vestuarios.
Sin embargo, el esfuerzo físico pasó una factura inmediata sobre una zona especialmente sensible para el internacional brasileño. Al notar el pinchazo muscular, el propio jugador optó por frenar en seco y no asumir riesgos innecesarios de cara a la segunda parte, cediendo su lugar sobre el césped a Endrick. El muslo derecho ya le había generado contratiempos lesionales en convocatorias precedentes, lo que aconsejó una retirada preventiva para evitar una rotura fibrilar de mayor gravedad.
El departamento médico del combinado sudamericano someterá al extremo a diversas pruebas diagnósticas en las próximas horas para calibrar el alcance exacto de la dolencia. Con un segundo encuentro amistoso programado para este sábado en la India, el resultado de las resonancias determinará si el atacante permanece concentrado con la expedición nacional o si emprende de urgencia el vuelo de regreso a Barcelona para iniciar el tratamiento de rehabilitación en la Ciutat Esportiva Joan Gamper.
La preocupación en el seno del cuerpo técnico culé es mayúscula dado el peso específico indiscutible que ostenta el futbolista en el esquema ofensivo. Convertido en el atacante más determinante del proyecto azulgrana en lo que va de campaña con un registro demoledor de 14 dianas, perder a su gran estilete ofensivo representaría un revés de proporciones incalculables para afrontar los compromisos venideros de LaLiga y la Champions League.
La factura del virus Fifa y el precedente de Eric García
Este percance agrava el peaje que las ventanas internacionales están cobrando en la plantilla barcelonista en las últimas semanas. Apenas unos días atrás, Eric Garcia tuvo que abandonar la concentración de la Selección Española tras detectársele un edema en la articulación de la rodilla, sumándose a la acumulación de fatiga de unos titulares que apenas disponen de jornadas de descanso entre la competición doméstica y los viajes transoceánicos.
En la rueda de prensa posterior al choque en territorio australiano, Ancelotti no fue interrogado sobre la salida forzosa de su capitán, manteniendo en vilo a la parroquia culé respecto a los primeros pronósticos de la caseta.
Mientras tanto, en los despachos de Can Barça cruzan los dedos esperando que la rápida decisión de parar a tiempo haya contenido el daño en una simple contractura o elongación muscular.
El calendario otoñal no concede el menor margen de maniobra para rotaciones forzadas en ataque, obligando a Flick a rediseñar alternativas con Anthony Gordon, por ejemplo, en caso de confirmarse un periodo prolongado de baja. La dependencia del desequilibrio y la presión alta que garantiza el astro de Porto Alegre deja al descubierto la vulnerabilidad del frente ofensivo sin su jugador más inspirado.
El FC Barcelona permanece a la espera de los partes médicos definitivos procedentes de Australia con el corazón en un puño. Con el regreso de la competición a la vuelta de la esquina y la enfermería recibiendo nuevos inquilinos, la entidad azulgrana vuelve a padecer las consecuencias de un calendario internacional implacable que no perdona ni a sus figuras más deslumbrantes. @mundiario
