El laborismo se cansa del Brexit: Burnham ya diseña la reconexión con Bruselas

El debate sobre el futuro europeo del Reino Unido ha entrado en una fase que, hasta hace muy poco, parecía políticamente improbable. El primer ministro Andy Burnham ha abierto la puerta a estudiar incluso una futura reincorporación británica a la Unión Europea, aunque ha evitado convertir esa posibilidad en una propuesta inmediata. La diferencia con los gobiernos anteriores es significativa: las líneas rojas que durante años habían dejado fuera del debate el mercado único, la unión aduanera y el regreso a la UE ya no aparecen como cuestiones intocables.

El primer ministro británico ha planteado cuatro escenarios básicos: mantener la relación actual, avanzar hacia una unión aduanera, recuperar una relación más estrecha con el mercado único o, en sus propias palabras, “go all the way”, es decir, llegar hasta la reincorporación plena a la Unión Europea. Burnham insiste en que primero hay que estudiar qué es posible, cuáles serían las consecuencias y qué opción podría sostenerse a largo plazo. No ha anunciado una negociación de adhesión ni un referéndum. Lo que ha hecho es algo políticamente anterior: volver a colocar el Brexit dentro de la discusión estratégica sobre el futuro del país.

El movimiento tiene especial relevancia porque el Partido Laborista había mantenido hasta ahora una posición mucho más limitada. La estrategia posterior al Brexit consistía en buscar una relación más estrecha con Bruselas sin cuestionar formalmente la salida. Burnham, en cambio, sostiene que un país no puede elaborar una estrategia económica y exterior para las próximas décadas sin decidir qué relación quiere mantener con su principal mercado.

El Reino Unido abandonó el mercado único y la unión aduanera al culminar el Brexit, y desde entonces la relación comercial se articula sobre el Acuerdo de Comercio y Cooperación. La pertenencia al mercado único implica las cuatro libertades de circulación —bienes, servicios, capitales y personas—, mientras que una unión aduanera exige una política comercial común frente a terceros países.

Por eso, las opciones que Burnham ha colocado sobre la mesa no son equivalentes. Volver a la unión aduanera no sería regresar a la UE, y entrar en el mercado único tampoco significaría automáticamente recuperar todos los derechos y obligaciones de un Estado miembro. La reincorporación plena sería un proceso completamente distinto.

La primera posibilidad sería mantener el modelo actual e intentar reducir determinadas barreras mediante acuerdos sectoriales. La segunda consistiría en una unión aduanera, que facilitaría el comercio de mercancías con la UE, pero limitaría la libertad británica para establecer su propia política arancelaria. La tercera supondría recuperar un acceso mucho más profundo al mercado único y tendría implicaciones mayores en materia regulatoria y de movilidad. Y la cuarta sería solicitar formalmente el ingreso.

¿Puede realmente el Reino Unido volver a la UE?

Sí, jurídicamente puede solicitarlo, pero no existe un mecanismo de «reingreso automático». El Reino Unido tendría que utilizar el procedimiento de adhesión previsto en el artículo 49 del Tratado de la Unión Europea, como cualquier otro Estado europeo que aspire a convertirse en miembro.

Eso significa que una decisión política de Londres sería solamente el principio. El país tendría que presentar una solicitud formal. Después, la Comisión Europea emitiría un dictamen y los Estados miembros tendrían que aprobar por unanimidad el inicio de las negociaciones. Posteriormente llegarían las negociaciones sobre el conjunto de la legislación comunitaria y las condiciones de adhesión. El acuerdo final necesitaría también la aprobación de las instituciones europeas y la ratificación de todos los Estados miembros conforme a sus procedimientos constitucionales.

Además, el Reino Unido tendría que asumir las obligaciones derivadas de la pertenencia a la UE y aceptar el acquis communautaire, el conjunto de normas y políticas comunitarias. Los criterios de Copenhague exigen instituciones democráticas estables, respeto del Estado de derecho y los derechos fundamentales, una economía de mercado capaz de competir dentro de la Unión y capacidad para asumir las obligaciones derivadas de la integración europea.

Por tanto, Burnham no puede decidir unilateralmente que Gran Bretaña vuelva a Bruselas, pero lo que sí puede hacer es modificar la posición británica y comenzar a construir políticamente las condiciones para que una futura generación pueda plantearlo. Ahí radica, probablemente, la verdadera importancia de su movimiento, ya que el primer ministro no necesita anunciar ahora una candidatura para la Unión Europea para cambiar progresivamente la relación.

Un posible camino sería avanzar primero en cuestiones concretas: comercio, controles fronterizos, movilidad juvenil, energía, investigación, seguridad, migración y cooperación industrial. Londres y Bruselas ya trabajan en varias de esas áreas, y ambos gobiernos tienen previsto profundizar el diálogo en una próxima cumbre bilateral. Burnham y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hablaron el 22 de septiembre de la importancia de preparar un resultado positivo para esa próxima reunión y de cooperar frente a amenazas de seguridad, migración irregular y competencia económica.

Después podría llegar una relación aduanera más estrecha. Y posteriormente, si existiera respaldo político y social suficiente, podría plantearse una integración más profunda en el mercado único. Cada paso reduciría algunas de las barreras creadas por el Brexit y permitiría comprobar hasta dónde están dispuestos a llegar Londres y Bruselas.

Ese es el posible camino que Burnham está pavimentando: no saltar directamente desde el Brexit hasta la adhesión, sino convertir la aproximación gradual en una cuestión normal de política pública y dejar abierta la posibilidad de que una futura elección británica incluya una opción de reincorporación.

Macron y Sánchez: «Bienvenidos de nuevo»

La reacción europea ante el histórico giro estratégico de Londres ha sido inmediata y de máximo nivel político. Durante una rueda de prensa conjunta celebrada en el Palacio de la Moncloa en Madrid, el presidente francés, Emmanuel Macron, respondió con un directo «Bienvenidos de vuelta» al ser consultado sobre el debate abierto por el primer ministro británico. Macron aplaudió la «valentía» del mandatario laborista tras admitir que el Brexit causó «más daño que bien», y aseguró que si el Reino Unido avanza decididamente en esa dirección, sería una excelente noticia tanto para su país como para el proyecto europeo.

Acompañando la postura francesa, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, calificó el Brexit como una «enorme pérdida» para ambas partes y afirmó con rotundidad que España y la Unión Europea «abrirían sus brazos de nuevo» al pueblo británico. No obstante, este entusiasmo institucional vino acompañado de una clara advertencia de Macron: el reingreso o un mayor acercamiento comercial no se podrá negociar «a la carta». Con ello, París dejó claro que Londres no podrá elegir únicamente los beneficios del mercado único o la unión aduanera sin asumir las libertades y responsabilidades regulatorias comunes que rigen al bloque.

La eventual vuelta del Reino Unido tampoco dependería únicamente de que los británicos cambiasen de opinión, ya que los 27 Estados miembros tendrían que aceptar la candidatura y, posteriormente, aprobar por unanimidad las condiciones de adhesión. Además, no está garantizado que el país recuperase exactamente las excepciones de las que disfrutaba antes del Brexit. Su anterior pertenencia incluía condiciones específicas en distintos ámbitos y, tras su salida, el marco institucional europeo ha cambiado, por lo que una nueva adhesión tendría que negociarse en el contexto de la Unión Europea de ese momento.

Existe también una cuestión política: algunos gobiernos europeos podrían considerar beneficiosa una reincorporación británica por razones económicas, diplomáticas y de seguridad, mientras otros podrían exigir compromisos claros sobre las reglas comunes antes de respaldarla.

El dato fundamental es que Burnham no ha anunciado el regreso del Reino Unido a la UE. Ha hecho algo más prudente y, políticamente, quizá más trascendente: ha retirado la reincorporación de la lista de asuntos que no deben discutirse.

Hasta ahora, el debate británico se movía principalmente entre el Brexit y distintas fórmulas para suavizar sus consecuencias. Burnham ha introducido una tercera dimensión: la posibilidad de preguntarse si la salida fue el punto final de la relación con Europa o solamente una etapa de un proceso que podría cambiar nuevamente.

La próxima cumbre entre Londres y Bruselas puede servir para comprobar hasta dónde llega esa apertura. La agenda inmediata seguirá siendo práctica y estará marcada por cuestiones comerciales, regulatorias y de seguridad. Pero detrás de esas negociaciones aparece una pregunta de mayor alcance: si el Reino Unido quiere limitarse a reparar parte de las consecuencias del Brexit o si pretende construir, paso a paso, una relación que algún día pueda desembocar en el regreso a la Unión Europea. @mundiario