Tres valiosos puntos volaron desde Mendizorroza con destino directo al Metropolitano gracias a la providencial aportación de la retaguardia. El Atlético de Madrid se impuso por un ajustado 1-2 al Deportivo Alavés en un choque de máxima exigencia para los pupilos de Diego Pablo Simeone. Pese a que el conjunto colchonero disfrutó de superioridad numérica durante buena parte del segundo acto, el desenlace no se decantó a su favor sino hasta el minuto 86, momento en el que lograron derribar la muralla local y quebrar el empate que amenazaba con congelar sus aspiraciones ligueras.
El conjunto rojiblanco desembarcaba en territorio vitoriano con la obligación ineludible de sumar de tres para no perder la estela del líder del campeonato, un FC Barcelona comandado con pulso firme por Hansi Flick. El vestuario encaraba el desafío con la satisfacción de haber vaciado la enfermería y contar, por fin, con toda su artillería pesada en plenas condiciones físicas. Sin embargo, la pólvora de los hombres llamados a marcar las diferencias volvió a brillar por su ausencia, y ninguno de sus principales arietes logró inaugurar su casillero en una tarde especialmente gris para los rematadores natos.
La sequía volvió a envolver de manera simultánea a Julián Alvarez, Alexander Sorloth y Jonathan David. El delantero argentino prolongó su inquietante momento de atasco sin poder estrenarse en competición oficial este curso, mientras que el ariete noruego y el internacional canadiense tampoco encontraron los resquicios necesarios para perforar las mallas babazorras. Los delanteros de referencia del cuadro madrileño quedaron neutralizados por la férrea zaga local, viéndose obligados a trabajar lejos de las zonas de remate para desahogar el juego asociativo de sus compañeros.
A pesar de esa falta de pegada en la punta de lanza, los visitantes se las ingeniaron para abrir la lata en el marcador por mediación de Alejandro Grimaldo. El carrilero zurdo volvió a erigirse en un recurso letal en tres cuartos de campo para rubricar su segunda jornada consecutiva viendo portería. Con esta diana, el internacional español alcanza los tres goles en lo que va de campaña en LaLiga, confirmando su excelente momento físico y su extraordinaria facilidad para pisar el área contraria desde posiciones secundarias.
El primer tanto de la contienda nació a partir de una elaboración paciente y madurada con criterio por el cuadro madrileño. La acción se inició en el flanco izquierdo con Ademola Lookman contemporizando antes de ceder el esférico hacia la frontal para la incorporación de Grimaldo. El carrilero conectó un sutil taconazo para habilitar a Jonathan David, quien devolvió la pared de primeras al corazón del área para que el propio Grimaldo fusilara con un certero disparo cruzado que batió al guardameta rival.
Empate provisional y una tarjeta roja que dejó tocado de muerte a los locales
Al borde del descanso y con solo un minuto de tiempo añadido por delante, el Deportivo Alavés encontró petróleo en una acción a balón parado colgada con veneno hacia el corazón del área rojiblanca. En medio de un tumultuoso forcejeo, Robin Le Normand agarró y derribó a su par en una jugada caótica que continuó viva unos segundos con otra descomunal parada de Oblak y un despeje milagroso de Koke sobre la misma línea de gol.
Sin embargo, el colegiado invalidó los heroicismos colchoneros al señalar el punto de penalti por la infracción del central internacional, sancionándole además con una tarjeta amarilla que dejó al Atlético contra las cuerdas antes de enfilar el túnel de vestuarios.
Una roja que condena al Alavés
El guion del encuentro saltó por los aires en el minuto 58 tras una acción que encendió todas las alarmas en el banquillo rojiblanco. Ángel Pérez llegó muy a destiempo a la disputa y propinó una durísima entrada sobre Julián Álvarez, impactando muy arriba y a una altura sumamente peligrosa, lo que dejó al delantero argentino tendido en el césped con evidentes gestos de dolor. Aunque el colegiado le mostró inicialmente la cartulina amarilla, la gravedad del impacto motivó la inmediata llamada desde la sala VOR para revisar la jugada en la pantalla a pie de campo.
Tras consultar el monitor, el árbitro rectificó su decisión inicial, anuló la amonestación y le mostró la tarjeta roja directa al jugador del Alavés. La contundencia de la infracción no dejó margen a la duda y el conjunto babazorro se quedó con diez futbolistas justo a la hora de partido, viéndose obligado a resistir el último tramo con un hombre menos ante el asedio colchonero.
Baena, siempre Baena
Diego Pablo Simeone buscó agitar el árbol desde el descanso con un doble cambio de perfil ofensivo, introduciendo a Álex Baena y buscando reactivar el frente de ataque con Julián Álvarez. Aunque el conjunto rojiblanco ganó en volumen de juego y rondó el área con insistencia, a la ofensiva le faltó el colmillo necesario para resolver con contundencia. Con la superioridad numérica tras la expulsión rival, el Atlético monopolizó la posesión casi por completo, pero volvió a atascarse en la toma de decisiones al pisar los tres cuartos de campo, chocando contra el orden defensivo de un Alavés muy replegado.
Lejos de desesperarse ante el reloj, los pupilos del Cholo tiraron de oficio y maduraron la jugada con calma hasta encontrar el premio en el minuto 86. El balón cayó en el costado zurdo a los pies de Álex Baena, quien se inventó un recurso sublime al conectar un centro envenenado con el exterior del pie hacia el segundo palo. En esa zona emergió con la fuerza de un titán el Cuti Romero, que le ganó la espalda a toda la zaga babazorra para conectar un cabezazo inapelable al fondo de la red y sellar tres puntos agónicos y de oro para el Metropolitano. @mundiario
