Cinco años de cárcel y bienes confiscados: el nuevo golpe de Irán contra Jafar Panahi

La consagración internacional no ha protegido a Jafar Panahi de la justicia iraní. El director, distinguido con la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2025 por Un simple accidente, ha sido condenado en rebeldía a cinco años y un mes de prisión, además de perder todos sus bienes por orden judicial. La sentencia incluye otras restricciones: no podrá abandonar Irán ni utilizar las redes sociales durante dos años. El caso vuelve a situar en el centro del debate la persecución de artistas críticos con las autoridades de la República Islámica.

La condena ha sido comunicada por Mostafa Nili, abogado del cineasta, al diario iraní Etemad. Según su versión, la Sala 26 del Tribunal Revolucionario de Teherán ha ordenado la confiscación de sus propiedades muebles e inmuebles. La medida llega después de que las cuentas bancarias de Panahi fueran congeladas la semana anterior, un episodio que anticipaba el endurecimiento de su situación judicial.

El procedimiento presenta, además, una circunstancia controvertida. La defensa sostiene que su cliente no recibió notificación de la celebración de una audiencia y denuncia que se dictó una nueva sentencia sin que pudiera ejercer su derecho a defenderse en ese proceso. El expediente argumentaba que el director se encontraba fuera del país y que no había sido posible localizarlo, aunque, según su abogado, había regresado a Irán el 30 de marzo.

La situación judicial del cineasta tampoco se limita a esta resolución. Nili ha explicado que Panahi tiene tres causas abiertas y que en septiembre compareció ante las autoridades por otro procedimiento. El letrado también ha denunciado que una orden de detención emitida el 20 de mayo de 2026 coincidió con una jornada en la que el director se encontraba en el Tribunal Revolucionario para una audiencia vinculada a otro caso.

Un cineasta premiado internacionalmente y perseguido en su país

La trayectoria de Panahi refleja el enfrentamiento prolongado entre su libertad creativa y las autoridades iraníes. En 2010 fue condenado a seis años de prisión y a veinte años de prohibición para dirigir películas, escribir guiones y viajar al extranjero. Aquella resolución convirtió su situación personal en un símbolo de las restricciones a la libertad de expresión artística en Irán.

En julio de 2022 ingresó en la prisión de Evin para cumplir esa pena. Su encarcelamiento terminó en febrero de 2023, cuando recuperó la libertad después de aproximadamente siete meses entre rejas. Sin embargo, su salida de prisión no supuso el final de los procedimientos judiciales: en diciembre de 2025 recibió otra condena de un año de cárcel por supuestas actividades de propaganda contra el sistema.

El reconocimiento internacional de su trabajo contrasta con estas medidas. Panahi ganó la Cámara de Oro de Cannes en 1995 por El globo blanco, el León de Oro de Venecia en 2000 por El círculo y el Oso de Oro de Berlín en 2015 por Taxi. En 2025 alcanzó uno de los mayores hitos de su carrera al conquistar la Palma de Oro con Un simple accidente, película que también obtuvo dos nominaciones a los Oscar en 2026.

La confiscación de sus bienes amplía el alcance del castigo

La nueva sentencia no se limita a una pena de prisión. La confiscación de todas sus propiedades y el bloqueo previo de sus cuentas bancarias añaden una dimensión económica a las consecuencias del proceso. A ello se suman las restricciones de movimiento y de actividad en las redes sociales, que pueden dificultar tanto su vida cotidiana como su capacidad para comunicarse públicamente.

El caso también plantea interrogantes sobre las garantías procesales, especialmente por las denuncias de la defensa acerca de la falta de notificación de la audiencia. Por el momento, estas circunstancias forman parte de la versión ofrecida por el abogado y no deben confundirse con una resolución independiente sobre las posibles irregularidades.

Para Panahi, el nuevo castigo supone otro capítulo de una trayectoria marcada por las limitaciones impuestas a su trabajo y a su libertad personal. Para el mundo del cine, la condena vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que trasciende los premios: hasta qué punto el reconocimiento cultural internacional puede proteger a un creador frente a las represalias de su propio Estado. @mundiario