El esperado regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh atraviesa uno de sus momentos más controvertidos. La cantante, que volvió a liderar la banda después de casi dos décadas de separación, se ha convertido en protagonista de un intenso debate en las redes sociales tras la difusión de varios vídeos de sus conciertos en Zaragoza. Las imágenes, grabadas los días 9 y 10 de octubre, acumularon millones de visualizaciones y desencadenaron críticas sobre su interpretación vocal, su vestuario y su aspecto físico. Una polémica que ha terminado por eclipsar parte de la celebración de su regreso.
El momento que desató la controversia fue un fragmento de la interpretación de Deseos de cosas imposibles, una de las canciones más emblemáticas del grupo. En las imágenes difundidas en TikTok y otras plataformas, algunos usuarios cuestionaron la afinación de la artista y compararon su actuación con las versiones originales de la banda. Sin embargo, las críticas musicales pronto dieron paso a comentarios personales sobre su cuerpo y su forma de vestir, provocando una discusión sobre los límites de la opinión pública y el acoso digital.
Lejos de permanecer completamente al margen de la polémica, la cantante recurrió a sus redes sociales para compartir un mensaje cargado de ironía. Utilizando un verso de Joaquín Sabina, escribió: «Siempre tuve la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta». La publicación fue interpretada como una respuesta a quienes habían criticado el vestido negro y las llamativas botas amarillas que lució durante sus actuaciones. Su reacción recibió el apoyo de personalidades como Paula Echevarría y Jon Kortajarena.
Pero el episodio no terminó ahí. Durante una actuación posterior en Gran Canaria, la artista reconoció que no había ofrecido su mejor interpretación de Tan guapa, una admisión que reavivó la conversación sobre su rendimiento en directo. En paralelo, el debate entre sus seguidores se dividió entre quienes consideran que su regreso todavía necesita una adaptación vocal y quienes denuncian una campaña desproporcionada de ataques personales contra la intérprete.
La Oreja de Van Gogh rompe su silencio
El 27 de octubre, los propios integrantes de la banda decidieron intervenir públicamente. Durante el concierto en Gran Canaria, el teclista Xabi San Martín reconoció que habían atravesado días difíciles y pidió al público un aplauso para Amaia. La cantante agradeció emocionada el gesto y destacó el apoyo que recibe de sus compañeros. Las palabras del músico se interpretaron como una muestra de unidad frente al clima de críticas que rodea a su regreso.
La polémica adquirió otra dimensión cuando Leire Martínez, anterior vocalista del grupo, también se pronunció sobre los ataques. Pese al intenso debate mediático que acompañó su salida de La Oreja de Van Gogh y el regreso de Montero, Martínez calificó las descalificaciones personales dirigidas contra su predecesora de terriblemente injustas y dolorosas. Su intervención aportó una perspectiva diferente a una controversia que algunos seguidores habían convertido en una comparación permanente entre ambas artistas.
¿Críticas musicales o acoso digital?
El caso de Amaia Montero evidencia hasta qué punto las redes sociales pueden transformar una actuación de pocos minutos en un juicio público sobre la trayectoria de una artista. Cuestionar una interpretación forma parte del debate musical, pero convertir el cuerpo, la edad o la apariencia de una cantante en objeto de burlas plantea una discusión distinta. El País abordó esta cuestión el 15 de octubre, después de que uno de los vídeos alcanzara aproximadamente 2,5 millones de visualizaciones, y señaló la dimensión de los ataques relacionados con la imagen física de la intérprete.
La controversia también demuestra que la nostalgia no siempre garantiza una segunda oportunidad libre de exigencias. El regreso de Amaia Montero había despertado enormes expectativas entre quienes crecieron escuchando los primeros éxitos de La Oreja de Van Gogh. Sin embargo, la exposición permanente en redes ha convertido cada actuación en un examen público. Más allá de si su voz convence o no, la pregunta que deja esta polémica es si la industria musical y sus seguidores están dispuestos a permitir que una artista evolucione sin exigirle que sea exactamente la misma persona que fue hace veinte años. @mundiario
