El séptimo mensaje solemne a la nación, desde que estalló la crisis, hace un año largo, intentó justificar el modelo francés de lucha contra la pandemia: rechazo del confinamiento total (a la italiana), invitación a la «responsabilidad individual» para justificar un confinamiento relativo, con todo de queda nacional de doce horas diarias y «recurso masivo» al teletrabajo.
A partir del fin de semana que viene el confinamiento relativo que se aplica a París y 19 departamentos, desde el 18 de marzo, se aplicará a toda Francia, con medidas “restrictivas” más severas.
Escuelas e institutos cerrarán completamente durante tres semanas, de entrada, coincidiendo, en cierta medidas, con las vacaciones de primavera. Los padres que no tengan acceso al teletrabajo y tengan que cuidar de sus hijos tendrán derecho a ayudas especiales, semejantes al seguro de desempleo.
El comercio «no esencial» se cerrará en toda Francia. Se confirma la prolongación del cierre de bares, restaurantes, cines, teatros, salas de concierto etcétera. Funcionará el comercio “esencial” (comida, librerías, entre otros servicios), pero con medidas sanitarias “más estrictas”.
El toque de queda de doce horas diarias, de las 7 de la tarde a las 6 de la mañana del día siguiente se prolonga indefinidamente.
Los franceses que deseen desplazarse, dentro del territorio nacional podrán hacerlo durante los dos próximos fines de semana. Los desplazamientos al extranjeros “no son aconsejables” y deberán respetar las medidas sanitarias impuestos por los países más próximos. Los franceses residentes en el extranjero que deseen volver a sus domicilios podrán hacerlo. Los trabajadores de zonas fronterizas (con España, Italia, Suiza, Alemania, Bélgica y Luxemburgo) podrán beneficiarse de medias que «faciliten» sus viajes forzosos.

