Nadie se queda aquí para siempre. Ni siquiera aquellos que parecían eternos, como Felipe de Edimburgo, que se acaba de morir a los 99 años cuando había superado, aparentemente, una operación de corazón que dada su edad había resultado muy delicada.
Un golpe muy duro para la extraordinaria Isabel II, de 94 años, que adoraba al hombre con el que se casó en 1947, cinco años antes de ascender al trono por carambola (su padre no estaba llamado a ser Rey y le abrió el paso la abdicación de su hermano Eduardo VIII, un snob filonazi). La prueba del aprecio de la Reina por su marido es que ella, siempre comedida, prudente hasta el extremo, de la escuela clásica del… Ver Más

