Crimen sin castigo

Durante lo peor de la pandemia, Estados Unidos ha vivido una especie de tregua. Los desproporcionados niveles de violencia, que desde su fundación caracterizan a esta república de gatillo tan fácil, se vieron temporalmente reducidos como si el país no pudiera hacer frente a dos tragedias simultáneas. Toda esa letal severidad tan americana aminoró su ritmo y se trasladó al terreno de la política con la incitación de Trump y el ímpetu de movimientos extremistas de derecha e izquierda.

Con la llegada de la primavera, los tiroteos indiscriminados y los casos de brutalidad policial han retornado hasta sus niveles habituales. Esta catástrofe consentida resulta vergonzosamente familiar sin que un cambio en la Casa Blanca vaya a suponer mucho. Lo único diferente… Ver Más