El canciller Kurz no tiene intención de renunciar y defiende su inocencia. Los Verdes han pedido públicamente a su partido, el ÖVP, que designe a otra persona «impecable» para seguir dirigiendo el gobierno, pero el partido se ha cerrado en banda en torno a Kurz. «En vista de esta negativa, estamos negociando con otros partidos un gobierno alternativo», anunció este viernes el líder ecologista y vicecanciller Werner Kogler, que, sin embargo, no dio respuesta al gran interrogante que deja esta estrategia. Para un posible gobierno multipartidista sin la participación del ÖVP, Los Verdes no solo necesitarían los votos del SPÖ socialdemócrata y de los Neos liberales, con los que ayer funcionó muy bien el diálogo, sino también los del FPÖ, de extrema derecha. Herbert Kickl, el jefe del FPÖ, señaló que su partido exigiría un papel activo en dicho hipotético gobierno, en referencia a cargos ministeriales. «Quiero tener conversaciones en pie de igualdad y no un procedimiento en el que varias partes negocien algo y luego te acercas al FPÖ, le das una palmadita en la espalda y le das la orden de apoyar todo el asunto», dijo tras su encuentro con Kogler. En vista de esta condición, ni Los Verdes, ni el SPÖ ni los Neos descartan ya la convocatoria de nuevas elecciones.
El ÖVP lleva a cabo desde este viernes discretos contactos para tantear otra posible coalición, mientras gobernadores, alcaldes y presidentes locales del partido hacen llegar a Viena sus muestras de solidaridad y respaldo con el canciller Kurz. Hoy, ante la Cancillería, tuvo lugar una primera protesta ciudadana en la que participaron unos mil manifestantes de izquierda, exigiendo su renuncia, a pesar de que, a medida que se van filtrando a la prensa austriaca las pruebas con las que cuenta la Fiscalía, va quedando más claro que las irregularidades no proceden de su oficina, sino del actual ministro de Trabajo, Martín Kocher, y el responsable de la ÖBAG y hombre de confianza del canciller, Thomas Schmid.

