El Instituto Confucio es una organización educativa china de propiedad estatal y depende del Ministerio de Educación. Su objetivo oficial es promover el idioma y la cultura chinos, además de facilitar el intercambio cultural. Hay alrededor de 20 Institutos Confucio en Alemania, a menudo afiliados a universidades, lo que constituye una anomalía en relación con los institutos culturales de otros países. «Cualquier intento de gobiernos extranjeros de ejercer influencia política en la investigación, la docencia y el trabajo de relaciones públicas en la Universidad de Leibniz debe ser rechazado estrictamente», declaró tras el incidente la dirección de la Universidad, que hablará con la junta directiva del Instituto Confucio para volver a evaluar su cooperación e invitó a los autores y a la editorial a ponerse al día con la lectura «con ella como anfitriona». «En Alemania hay libertad de ciencia y libertad de expresión. Todos los que viven y enseñan con nosotros deben ser conscientes de esto. Por lo tanto, la cancelación de la conferencia en los dos Institutos Confucio no es aceptable», añadió por su parte el ministro de Ciencia de Baja Sajonia, Björn Thümler.
‘Poder blando’
Desde su nacimiento, en 2004, los Institutos Confucio se han multiplicado hasta superar los 500 y se han ido consolidando como una herramienta de ‘soft power’ que levanta sospechas en varios países occidentales. En 2019, Bélgica retiró su visado al académico chino que dirigía el Instituto Confucio de Bruselas y la UE le prohibió la entrada al espacio Schengen durante ocho años, después de que el diario ‘De Morgen’ informase que las autoridades belgas contaban con indicios de que Song Ximing era culpable de «atentar contra la seguridad nacional». Estas sospechas se generalizaron a partir de 2017, a raíz del artículo 7 de la nueva Ley de Espionaje china, que establece que cualquier ciudadano chino o empresa china están obligados a prestar a poyo a las agencias de inteligencia chinas. Este año China ha dado una vuelta de tuerca más a esta legislación y ha lanzado una nueva regulación que obliga a empresas e instituciones a capacitar a sus empleados en materia de inteligencia y a registrar y comunicar cada paso que den en viajes y actividades en el extranjero, según ha publicado ‘Global Times’, uno de los órganos propagandísticos de Beijing y dependiente del Partido Comunista Chino.

