El controvertido desarrollador, que igual convierte su primer tuit en NFT y lo vende por 2,9 millones de dólares, que se dedica a realizar
encuestas en su perfil mientras declara ante congresistas de Estados Unidos
, ha sido sucedido al frente de la plataforma por el informático de origen indio Parag Agrawal que, ayer, en un mensaje a través de su cuenta de Twitter, se mostraba agradecido por la oportunidad. Especialmente con Dorsey.
«Estoy agradecido por el servicio que construiste, la cultura, el alma y el propósito que fomentaste entre nosotros y por guiar a la empresa a través de desafíos realmente importantes», afirmó Agrawal haciendo referencia directa a su antecesor. En el mensaje también dejaba claro su intención de «demostrar al mundo el potencial de Twitter». E intención, y ganas, es lo que necesita actualmente una plataforma que se encuentra muy lejos de esos competidores con los que lleva más de 15 años disputándose la atención del usuario. También de los nuevos jugadores, como TikTok o Twitch.<blockquote class=»twitter-tweet»><p lang=»en» dir=»ltr»>Deep gratitude for <a href=»https://twitter.com/jack?ref_src=twsrc%5Etfw»>@jack</a> and our entire team, and so much excitement for the future. Here’s the note I sent to the company. Thank you all for your trust and support <a href=»https://t.co/eNatG1dqH6″>https://t.co/eNatG1dqH6</a> <a href=»https://t.co/liJmTbpYs1″>pic.twitter.com/liJmTbpYs1</a></p>— Parag Agrawal (@paraga) <a href=»https://twitter.com/paraga/status/1465349749607854083?ref_src=twsrc%5Etfw»>November 29, 2021</a></blockquote> <script async src=»https://platform.twitter.com/widgets.js» charset=»utf-8″></script>
El ingeniero de 37 años, nacido en India, no es uno de los ejecutivos más conocidos de la red social. Él mismo se lo reconocía a los trabajadores ayer en un mensaje. Entró en la aplicación en 2011 y consiguió convertirse en su director de tecnología en 2017. Durante su tiempo en el cargo, e incluso antes, ha sido uno de los principales pilares de Dorsey, así como el encargado de poner al día y mejorar la tecnología de la red social y combatir los mensajes de odio y los sesgos de la herramienta; esos que tantos quebraderos de cabeza le han dado durante los últimos años. Especialmente los raciales.
«Parag ha estado detrás de cada decisión crítica de Twitter en los últimos tiempos. Es curioso, minucioso, racional, creativo, exigente, autoconsciente y humilde», señalaba Dorsey en su carta de despedida de la red social.
Agrawal también se ha ocupado de supervisar Bluesky, uno de los proyectos más ambiciosos en la historia de la tecnológica, y que pasa por la descentralización completa de la experiencia de uso: que sea el propio internauta quien seleccione los algoritmos encargados de sugerirle el contenido. «Creemos que empoderar a más personas y terceros podría ayudar a resolver los problemas de las comunidades y ayudar a más personas», afirmaba Agrawal el pasado mes de junio en una entrevista recogida ahora por ‘The New York Times’.
Muy por detrás del resto
Como ocurre con Facebook, Twitter no es una de las herramientas más queridas por los congresistas de EE.UU.; siempre preocupados por el enorme poder, influencia y capacidad de división de las redes sociales. La plataforma también ha tomado medidas que han sido valoradas como desafortunadas por muchos representantes, especialmente por los conservadores. Una de las más polémicas fue el cierre de la cuenta del expresidente Donald Trump, después del asalto al Capitolio de Estados Unidos del 6 de enero, por incitar a la violencia. Sin embargo, al contrario que buena parte del resto de espacios similares, no tomó acciones directas contra los perfiles de los líderes talibanes tras la toma de Kabul el pasado agosto. Se limitó a controlar que no violasen sus normas de uso.
El nuevo director ejecutivo de Twitter, además, tendrá mucho trabajo por delante si quiere reverdecer los laureles de una plataforma que, de acuerdo con los expertos en marketing y medios digitales, y las cifras frías, está muy lejos de sus principales competidores. Tanto en presencia como en influencia. De acuerdo con el informe Digital 2021 elaborado lanzado por la firma de analítica Hootsuite en la pasada primavera, la ‘app’ del pajarito -que ha tenido un crecimiento bastante plano durante los últimos años- figura como la decimosexta plataforma social más empleada con 353 millones de usuarios mensuales. Muy (pero que muy) lejos de Facebook, que actualmente acumula entre todas sus herramientas 3.580 millones de internautas.
Como el resto, Twitter ha intentado desarrollar herramientas que permitan que la plataforma crezca. Más allá de Bluesky, que se encuentra en desarrollo y sin fecha prevista de lanzamiento, la red social ha encadenado aciertos con caídas estruendosas. El pasado verano, anunció la retirada de ‘Fleets’, servicio similar a las ‘stories’ de Instagram, apenas unos meses después de su lanzamiento. Recientemente, ha añadido funcionalidades de ‘podcasting’ en vivo y la posibilidad de mandar pagos a creadores de contenido. Se trata de una técnica para captar talento. Es decir, perfiles que sean capaces de arrastar al usuario a la plataforma. Con todo, los expertos tienen dudas de que sea suficiente para devolverle lustre a la aplicación.
«Twitter, en concreto, ya no es una herramienta tan influyente como lo fue hace unos años. Ha perdido relevancia en beneficio de otras plataformas, como Instagram», explicaba recientemente a este periódico Pablo Herreros, experto independiente en marketing y redes sociales. Y si Herreros no mostraba mucha fe en los últimos movimientos de la plataforma, Marisa Oliver, directora de la empresa de representación de ‘influencers’ Hamelin, tampoco lo tiene claro: «Nunca ha sido rentable a nivel de ‘startup’, entiendo que quiera subirse al carro de la monetización».

