FORJANDO NUESTRO FUTURO

Por: Héctor E. Contreras.

hector.contreras26@gmail.com

Miqueas 4:1-3.

¿De dónde viene la palabra forjar? Es equivalente a fraguar, inventar, idear, imaginar, fabricar. También es la idea de trabajar un metal y darle una forma definida cuando el metal está caliente por medio de golpes o presión. Recuerdo el pasado y me elevo al taller donde había una fragua. Era un instrumento y el fuego se producía soplando con una manigueta manual, donde se calentaba el hierro para luego realizar la obra o instrumento que solo el maestro llevaba en su mente. La RAE lo define con cinco puntos los cuales son muy importantes:

1-) Dar la primera forma con el martillo a cualquier pieza de metal.

2-) Especialmente entre albañiles, fabricar y formar.

3-) Revocar toscamente con yeso o mortero.

4-) Construir con viguetas y bovedillas y otro sistema el entramado de un piso.

5-) Inventar, fingir, fabricar. La vida cristiana se inicia, primero confesando a Jesucristo y luego, forjando nuestro carácter para recibir el cambio que realiza el Espíritu Santo cuando llega al corazón. 

La Biblia dice:Respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en el fuego que nunca se apagará”, Lucas 3:1617. Es ese fuego que emana del Espíritu Santo que quema toda nuestra hojarasca, luego de habernos bautizado, produciendo en nosotros hombres y mujeres forjados por ese fuego abrasador, que nos transforma a imagen y semejanza del Señor. La forja es un proceso que consiste en cambiar la forma de un metal caliente por medio de golpes de un martillo o presión en una prensa. Es un proceso térmico que se emplea para incrementar la dureza de las aleaciones del hierro. Existen cuatro elementos necesarios para darle forma a la vida cristiana, para su proceso de formación: Herrero – Jesús, Metal – Creyente, Fuego – Presencia de Dios y Aceite – Llenura del Espíritu Santo. 

Para que el Señor pueda darle forma y restaurar la vida del creyente, este debe saber que tiene que estar en las manos de su Señor, para que éste le de la limpieza que necesita. 

Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra, Isaías 2:3-4. Aprender y caminar por las sendas de Dios, es una forma de forjar nuestro carácter, nuestra vida. Los instrumentos de pelea se convertirán en hoces para cortar la siembra; nunca más se levantará la espada para herir y abatir los pueblos, porque Dios hará del hombre y la mujer personas idóneas con el carácter de Dios, forjados a su imagen.

“En aquel tiempo haré para ti pacto con las bestias del campo, con las aves del cielo y con las serpientes de la tierra; y quitaré de la tierra arco y espada y guerra, y te haré dormir segura. Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia”, Isaías 2:18-19. Dios renueva su pacto con Israel bajo la forma de votos matrimoniales. Promete una relación caracterizada por su permanencia, sus normas estrictas, trato justo, amor perseverante, ternura, seguridad y continua revelación de sí mismo. Lo fue ayer para su pueblo, Israel, pero también para tí, en este tiempo, quiere restaurar esta relación como si fuera un matrimonio donde los votos de la pareja se presentan ante el pastor o sacerdote, como un compromiso que perdurará para toda la vida. 

Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”, Juan 15:3. ¡Qué hermoso cuando dejamos que el Señor nos toque! Cuando Jesús nos toca, recibimos un cambio en nuestro semblante por la limpieza que ha hecho en nuestras vidas, sin embargo, el proceso no termina allí, porque una de las más grandes dificultades para nosotros es entrar en el fuego de Dios. Para que un creyente reciba una forja debe estar en el fuego de Dios, solo así recibirá la forma que Dios quiere darle a su vida. 

Por lo cuál te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos”, II-Timoteo 1:6. El aceite es el proceso de poder y dureza por la que tiene que pasar el creyente, mediante este proceso recibirá la aprobación de Dios para ser su testigo y hablar sin temor su palabra.  

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, I-Pedro 1:6-7. En el proceso de las pruebas es cuando Dios va forjando nuestro carácter, nuestra vida. El yunque es un instrumento donde se apoya en hierro, recibiendo el ardiente hierro y se golpea fuertemente hasta llevar a formar lo que desea el forjador. Al ser forjados por el fuego del Espíritu Santo, nos lleva a una firmeza de la fe y la glorificación de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. La fe en la persona de Cristo y en la obra de la cruz, permite al creyente mantenerse firme en su rechazo en cuanto a lo que el mundo le ofrece. En ocasiones este rechazo hasta puede costarle la vida. El creyente con su fe firme, glorifica a Dios y considera una bendición mantenerse firme junto a su Señor. 

Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas, porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”, Miqueas 4:1-3. El monte de la Casa de Jehová, puede considerarse una referencia al reino espiritual de Dios, según la declaración de nuestro Señor, hablando con los fariseos dijo: “Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros”, Lucas 17:20-21

Cuando el profeta habla de la ley, aquí significa “instrucción” o “enseñanza”.  En contraste con las expectativas de los fariseos, el reino no es algo externo y material, en el sentido de un dominio político, sino interno y espiritual. Está entre vosotros, puede ser traducido como “en medio de vosotros”. Si es así, Jesús está diciendo que en él se encarna un reino que, en su incredulidad, los fariseos no aciertan a entender. “El Reino de Dios está entre vosotros”, dijo Jesús. 

Esto nunca podrá ser posible si actuamos independientemente de Dios, de su poder y su gracia. La posibilidad de recuperar lo perdido con la caída de la gracia, llega únicamente a través del perdón de los pecados y de la redención plena en Cristo Jesús por medio de su muerte en la cruz. En toda la Biblia ni siquiera se sugiere:

1-) Que exista en el ser humano una chispa divina, la cual se la puede inflamar por medio de nobles esfuerzos humanos .

2-)O que la divinidad resida de algún modo en los seres humanos, como para que éstos sean capaces de llegar a ser “dioses”. Es todo lo contrario, el ser humano está perdido en las tinieblas y alejado de Dios, según estos versos: “En aquel tiempo estábais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundoyteniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”, Efesios 2:12 y 4:18

Sin embargo, la salvación plena restaura las relaciones con Dios y abre las puertas al imperio de su Reino que “entre nosotros está”, mientras caminamos con él. Jesús ha enviado al Espíritu Santo para que su unción como el Mesías se transmitiera también a nosotros. “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; Y poner en libertad a los oprimidos”, Lucas 4:18. “Porque en su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”, Juan 1:16. Con estas dos últimas citas, puedo añadir que, si es así y sobre estos términos solamente un ser humano puede llegar a decir: “El reino de Dios está en mí”. 

El reino de Dios puede llegar a tu vida hoy y forjar en tí un nuevo ser para gloria de su nombre. Dios es el forjador de hombres y mujeres que aceptan el reto de ser transformados por el poder purificador de su Espíritu Santo, quien provoca el fuego que arrasa con todo lo que, por años has llevado dentro de tí. Deja que él venga a tu vida en este tiempo y vivas la experiencia que nunca antes has vivido, Cristo en tu corazón, en tu vida, en tu familia. 

Que la bendición de Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo esté en cada vida, en cada hogar, familia y empresa. La paz sobreabunde en sus corazones, ahora y siempre.

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