LA ETERNIDAD COMIENZA.

Por Aik Ambiorix.

Al entrar al pasillo de la eternidad, muchos a quienes el eterno les permite refrescarse en ese camino a la Nueva Jerusalén y testificar más tarde de grandes misterios vistos, pueden recordar sus experiencias en este conflictivo viaje que según la Biblia debe estar acompañado de luces y victorias para salvación, u oscuridad y derrotas para pérdida.

La vida es un legado de Dios sin horas ni tiempo, muchos al primer día de nacer, otros a cien años al morir, pero el eterno es quien dice sí o no y los humanos no entendemos, no aceptamos ni valoramos muchas veces esta realidad hasta que sus pies tocan el camino de la eternidad.

La indiferencia a la fe y a todo lo que es de Dios y su palabra es un diarismo en los seres humanos, quienes estamos tan afanados por nosotros mismos y por lo material que nos rodea sin creer ni aceptar a Dios.

Esta eternidad cambia el rumbo de todo cuando se es creyente, aunque muchos del reino lamentamos la pérdida física de nuestros amigos y familiares, el texto sagrado lo declara ganancia y cuando se está en ese camino a la eternidad es válido, hermoso e incomparable, por lo que no se descifra humanamente el ir a la Nueva Jerusalén; sólo sentir el fresco al caminar hacia sus pasillos eternos no lo sabe decir la mente humana.

Cuando sientas que la vida se te va no te preocupes por regresar, deja que Dios decida si el próximo paso será vivir de nuevo en lo físico o tal vez creer que mueres; cuando tu cuerpo fallece vamos contigo al funeral y todos lloramos.

En un grave proceso de salud lo entendí todo:

  1. Vivir, si, vivimos porque Dios dijo si, entonces como quiera seguimos en él.
  2. Decide irte cuando él diga, todos decimos que es mejor, pero nadie acepta que sea hoy.
  3. La eternidad comienza ya en ti.
  4. Lo demás lo decide Dios.

Lloré tanto el quebranto físico de mi hermano Felipe Reyes como el de mi sobrino de 17 años. El domingo pasado le dije al pastor Pedro Vargas después del culto horas antes de morir Felipe: «Pedro, he llorado mucho por Felipe, pero a las 3 de la mañana de hoy me di cuenta de una cosa: No había dado gracias por su quebranto A Dios”. Vargas me dijo: «así es, debemos dar gracias a Dios Por Felipe.»

Horas después la noticia de su muerte lució que todo se derrumbaba para todos nosotros, pero solo Dios y él disfrutaron ese inicio de eternidad por el pasillo de la vida verdadera.

Un nuevo ciudadano de la vida eterna recibido en gloria sobrepasa a lo que nuestras mentes pueden conocer, ver y a veces aceptar.

¡Gloria a Dios Por Felipe!

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