Por: Héctor E. Contreras
I-Reyes 17.8-16.
Existe todo un mundo con riquezas abundantes, estas riquezas se componen de muchos bienes materiales. Propiedades lujosas, autos de alta gama, como se les llama hoy, yates lujosos, viviendas despampanantes diversas, poseen también grandes empresas; pueden ser de construcción, ferreterías, supermercados, farmacias y hasta bancas de juego en todo el territorio nacional. Vale destacar también, que así abundan los necesitados, gente que no tiene nada en absoluto, viven en una pobreza extrema. Con la ayuda de Dios, en el mensaje de hoy, trataré de llevar a los lectores de estos escritos un mensaje basado en la entrega, sin mirar a ningún lado da todo lo que posee, porque confía plenamente en la misericordia de Dios. Dios quiere tratar contigo este tema, porque tú también has vivido situaciones difíciles, calamitosas; sin embargo, mira cómo estás hoy. Dios ha sido bueno contigo.
“Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador”, Exodo 15:26. Dios prometió a su pueblo estar libre de las enfermedades que infestaban a los egipcios. Muy pocos supieron que muchas de las leyes morales que les dio posteriormente los mantendrían libres de enfermedades. Un ejemplo fue la ley con respecto a la prostitución, los mantendría libres de enfermedades venéreas. Las leyes de Dios para nosotros en este tiempo, a menudo están diseñadas para mantenernos lejos del peligro. El hombre y la mujer son seres complejos. Nuestro físico, emociones y la vida espiritual, se encuentran entrelazadas. Si quieres que Dios cuide de tí, debes someterte a sus instrucciones para vivir una vida abundante en él. El estar sanos, es similar a tenerlo todo. También, la sujeción no es más que saber escuchar y obedecer, no solamente a Dios, sino a nuestros padres o superiores en el lugar de trabajo, profesores y maestros en general. ¡La obediencia es sinónimo de bendición! ¡Apréndela, acéptala! y serás prosperado en todo, porque Dios es fiel a su palabra.
“Y Amasías dijo al varón de Dios: ¿Qué, pues, se hará de los cien talentos que he dado al ejército de Israel? Y el varón de Dios respondió: Jehová puede dar mucho más que esto. Entonces Amasías apartó el ejército de la gente que había avenido a él de Efraín, para que se fuesen a sus casas; y ellos se enojaron grandemente contra Judá, y volvieron a sus casas encolerizados”, II-Crónicas 25:9-10. Amasías, como gobernante, hizo un acuerdo económico con soldados israelíes, ofreciéndoles una paga por pelear contra él, verso 6. Pero antes de entrar en batalla, Amasías los envió de regreso con el dinero, debido a la advertencia del profeta. A pesar del costo económico en la transacción, sabiamente se dio cuenta de que el dinero no valía la ruina que podía originar la alianza. ¿Qué hubieras hecho tú? El dinero nunca debe ser un obstáculo para tomar decisiones correctas. La bendición de Dios no tiene precio, vale mucho más que cualquier cantidad de dinero. Nunca permitas que las consideraciones financieras dicten tu conducta. Reconocer que Dios te dará todo lo que necesitas para cumplir con sus propósitos, te llevará a ser un líder obediente a su voz y por ende serás una bendición a todos los que estén junto a tí. También añado que, confesar tus pecados de mala administración de lo que Dios ha puesto en tus manos y aceptas el perdón de Dios, te conviertes en una persona sabia, entonces te invito a que obedezcas a su voz y estar en disposición de ser un siervo fiel de él. ¿Estás conmigo?
“Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer ciudad que te sustente. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano”, I-Reyes 17:8-11. Sarepta era una ciudad de la costa mediterránea en Fenicia, donde se realizó el primer milagro de Elías. En medio de la miseria que existía en la ciudad, se encuentra con una mujer viuda que apenas tenía un puñito de harina y unas cuantas gotas de aceite para ella y su hijo comer. Elías le pidió que le entregara el último bocado que le quedaba. Si lo hacía, Dios le daría provisiones que no se agotarían jamás. La mujer se sobrepuso al temor, respondió con fe, y Dios cumplió su promesa. Luego le dice al profeta:
“Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que luego que comamos, y nos dejemos morir”, Verso 12. ¡Cuánta miseria! ¡Cuánta escasez! ¡Cuánta estrechez! ¿Te has visto así en alguna ocasión, cuando no sabes de dónde vendrá ayuda para tí, tu familia? Muchos hemos vivido momentos muy difíciles, momentos de incertidumbre, de llantos y dolor; tiempo en que verdaderamente no sabemos qué hacer. Pero aún vivimos y si es así, es por la gracia y misericordia de Dios para con nosotros. ¡Aleluya!
Lo más importante en este mensaje y esta mujer es que, ella supo escuchar la voz de Dios por medio de los labios de Elías, cuando él le dijo: “No tengas temor; vé, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y traemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra”, Versos 12-13. Esta mujer, a pesar de su miseria, de su estrechez económica, no dudó en obedecer al profeta del Señor. Tan fuerte fue la misericordia de Dios en cuanto a la abundancia, que de la pequeña torta que hizo para Elías, comió el profeta, ella y su hijo y nunca jamás le faltó el sustento para ella, porque Dios proveyó en abundancia. Dios está proveyendo para tí hoy, no solo alimentos o aumento en tu economía, sino su inmenso amor para que puedas ser un ente de ayuda, de socorro para otras personas. Sólo escucha y obedece su voz, entonces verás y vivirás la grandeza de Dios en tu vida.
En ocasiones pensamos mucho cuando tenemos que tomar una decisión de esta envergadura, porque llega el temor, la duda y por tal razón, perdemos la bendición. Tengo que recordar a aquella mujer diminuta, pequeña de estatura, pero con un corazón y un coraje interior que en una ocasión dijo: “Den hasta que les duela”, esta mujer fue la madre Teresa. Al despojarte de lo que posees y darlo al necesitado, estás sembrando para el Reino de Dios. El dar también se convierte en un acto de obediencia a Dios y como antes he escrito; en la obediencia está la bendición más hermosa que podamos recibir de parte de nuestro Dios.
Al final dice la Biblia: “Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho”, verso 16. Les recuerdo que nuestro Dios y Señor es el Dios de lo imposible. Basta creer, escuchar y obedecer su voz para recibir de él bendición sobreabundante. ¡Aleluya! ¡Gloria al Rey de Gloria! ¡Bendito y alabado sea su nombre!
El siguiente pasaje tiene que ver con una mujer que deseaba tener un hijo, pero no había podido concebir debido a la vejez de su marido. Eliseo le profetiza que al año siguiente ella tendría un hijo. Cumplido el tiempo, llegó lo prometido, pero su hijo murió de un fuerte dolor de cabeza. II-Reyes 4:8-25. En el mismo capítulo hallamos el siguiente relato: “Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le diga: ¿Te va bien a tí? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien. Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo y no me lo ha revelado. Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí?” II-Reyes 4:26-28. Al final, el profeta de Dios volvió al hogar de la mujer sunamita y luego de entrar a la habitación donde estaba acostado el hijo de ella, Dios respondió y el niño volvió a la vida. Antes, Eliseo le dijo estas palabras a la mujer: “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré”, verso 30. Dios nunca te abandonará, porque él es tu guardador, tu protector, tu proveedor de todo lo que necesites.
En sus viajes, Eliseo pasaba frecuentemente por Sunem, que estaba ubicada cerca de Jezreel. Esta mujer, la sunamita, se dice que era una mujer importante de la ciudad, lo que implica también que era muy influyente y tenía marido. Al igual que Dios hizo con Sara, Raquel y Ana, así milagrosamente permitió a esta hospitalaria mujer y a su esposo tener un hijo. Se cree que el hijo de la mujer sunamita murió de una inflamación cerebral producida por una insolación. Ahora bien, tanto la conducta de Eliseo como la de la mujer sunamita en este relato, ilustra la importancia de la fe y la perseverancia en Dios. Confía y espera en Dios.
Que la gracia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, reine en cada vida.




