Pastor Andrés Martínez
Como sabrás, nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños, todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que en este año sucedera lo mismo.
En estos dias, la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la televisión y en todas partes no se habla de otra cosa, sino de lo poco que falta para que llegue ese dia.
La verdad, es que es agradable saber que, al menos un dia del año algunas personas
piensan un poco en mi. Como tu sabes, hace muchos años empezaron a festejar mi cumpleaños, al principio no parecian comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en dia nadie sabe para que lo celebran.
La gente se reune y se divierte mucho pero no sabe de que se trata. Recuerdo el año pasado, al llegar el día de mi cumpleaños hicieron una gran fiesta en mi honor,
habia cosas muy deliciosas en la mesa, todo estaba decorado y recuerdo también que habían muchos regalos, pero, ¿Sabes una cosa? ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme.
La fiesta era para mi y cuando llegó el gran día me dejaron afuera, me cerraron la puerta y yo quería compartir la mesa con ellos. La verdad no me sorprendió, porque en los últimos años todos me cierran la puerta.
Como no me invitaron, se me ocurrió estar sin hacer ruido. Entré y me quedé en un rincón, estaban todos bebiendo, habian algunos ebrios contando chistes y riéndose; la estaban pasando en grande. Para colmo llegó un viejo gordo vestido de rojo, de barba blanca
y gritando jo-jo-jo-jo, parecía que había bebido de más, se dejo caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él, gritando: Santa Claus, Santa Claus
¡Como si la fiesta fuese en su honor!
Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse, yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara y ¿Sabes? nadie me abrazo.
De repente todos empezaron a repartirse los regalos, uno a uno los fueron abriendo, hasta que se abrieron todos, me acerque para ver si de casualidad había alguno para mí.
¿Qué sentirías si el día de tu cumpleaños se hicieran regalos unos a otros y a ti no te regalaran nada? comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido, cerre la puerta y me retiré.
Cada año que pasa es peor, la gente sólo se acuerda de la cena, de los regalos
y de las fiestas, y de mí nadie se acuerda. Quisiera que en esta navidad me permitieras entrar en tu vida, quisiera que me reconocieras porque hace casi dos mil años vine a este mundo para dar mi vida por tí en la cruz y de esa forma poder salvarte. Hoy sólo quiero que tu creas esto con todo tu corazón.
Voy a contarte algo, he pensado que como muchos no me invitaron a su fiesta,
voy a hacer la mia propia, una fiesta grandiosa como la que jamás nadie se imaginó; una fiesta espectacular. Todavía estoy haciendo los últimos arreglos, por lo que este año estoy enviando muchas invitaciones y en este día, hay una invitación para ti.
Solo quiero que me digas si quieres asistir, te reservaré un lugar, y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados, en esta fiesta sólo habrá invitados con previa reservación y se tendrán que quedar afuera aquellos que no contesten mi invitación.
Prepárate, porque cuando todo esté listo daré la gran fiesta.
Hasta pronto.





Excelente escrito. ¡Sin desperdicio!