¿CUÁL ES TU ARMADURA?

Por: Héctor E. Contreras.

hector.contreras26@gmail.com

I-Samuel 17:4-7.

Una de las más grandes demandas de la iglesia es saber distinguir entre la lucha espiritual y otras de tipo social, personal o político. De otra manera, creyentes individuales o grupos de creyentes son fácilmente arrastrados a entablar batalla contra adversarios humanos, en lugar de luchar por medio de la oración contra las invisibles maniobras del infierno que están detrás de la escena. “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”, Efesios 6:10-11. En la vida cristiana batallamos en contra de fuerzas malignas poderosas, encabezadas por Satanás, un luchador vicioso. El apóstol Pedro escribió sobre este personaje lo siguiente: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo, I-Pedro 5:8-9. “Resistid” es un imperativo que nos insta a oponernos a las maniobras de nuestro adversario y para hacer frente a todo lo que se nos presente en contra de nuestra fe, debemos estar fortalecidos y armados en el Señor.

La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”, Romanos 13:12-14. La motivación de Pablo es para que mantengamos una conducta elevada, teniendo especialmente en cuenta la proximidad del regreso del Señor, cuando consumará nuestra salvación. Para poder vivir una vida plena en Cristo Jesús, debemos vestirnos de las armas de la luz, vistiéndonos de él, dejando a un lado todos los deseos de la carne que nos puedan impedir una relación íntima con nuestro Dios por medio de Jesucristo su Hijo. 

Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo. Y traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de bronce. Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y jabalina de bronce entre sus hombros. El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él”, I-Samuel 17:4-7. En los días del éxodo, la mayoría de los israelitas habían temido entrar a la tierra prometida por miedo a los gigantes que vivían allí, Números 13:32-33. El rey Og de Basán necesitaba una cama de unos cuatro metros de largo, Deuteronomio 3:11. Ahora Goliat, de 2.70 metros de alto, ridiculizaba a los soldados israelíes, y parecía invencible ante ellos. Saúl, el más alto de los israelitas, pudo haber estado preocupado porque él era obviamente el rival más adecuado para Goliat. A los ojos de Dios, Goliat no era diferente de los demás hombres de su pueblo. Nuestras batallas no se libran con espada o ejército, se libran con el Espíritu de Dios guiándonos hacia una victoria segura en Cristo Jesús. 

Entonces dijo David al filisteo: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel”, I-Samuel 17:45-46. La armadura que poseía el filisteo, era lo mejor de su tiempo. Eran tres armas para enfrentar al enemigo que este usaba. Su armadura le brindaba a este hombre la seguridad de ser un vencedor en cualquier batalla y en contra de cualquier enemigo. ¿Cuáles fueron las armaduras de David para enfrentar a tal enemigo? Son dos a considerar: 1-) Su confianza en Dios, cuando dijo: “yo vengo a ti en nombre de Jehová de los ejércitos” y 2-) Una honda con la que estaba acostumbrado a cazar en el campo. Su mejor arma fue la certeza de que Dios le acompañaba en esta tremenda jornada. No existe mejor armamento que poseer en nuestros corazones la certeza de que Dios está por nosotros. “te venceré y cortaré la cabeza”, es una enseñanza para cada lector, cada amigo o hermano en la fe que lee estas líneas. 

En ocasiones, se hace necesario cortar la “cabeza” de lo que nos impide acercarnos a nuestro Dios y Señor. Para eliminar al enemigo, no existe mejor armamento que la oración delante de su presencia en nombre de Jesucristo el Señor.

A menudo Dios utiliza objetos simples y ordinarios para llevar a cabo su obra en el mundo. Es muy importante que sean dedicados exclusivamente a Él para su uso. ¿Qué es lo que tú tienes que Dios pueda utilizar? Cualquier cosa puede ser un “instrumento” que Él puede usar. Fue simplemente una pequeña piedra que David utilizó para vencer a su enemigo. ¿Por qué? Porque él se enfrentó al filisteo utilizando la armadura principal que poseía; ¡su confianza en Dios

 Existe un himno muy antiguo, si mal no recuerdo, su coro dice así: “No es la victoria de los ligeros, ni de los fuertes la paz, más de los fieles en Cristo es el eterno solaz”. Tu fidelidad a Dios es lo único que puede brindar las armaduras necesarias para enfrentar al enemigo de tu alma. Puedes ser revestido de toda la armadura del Señor en este tiempo, buscando su presencia viva en ti. 

Que Dios ayude a cada persona, en cada una de sus jornadas y que sean fortalecidas y armadas con la fe y la coraza de justicia de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo el Señor. ¡Bendiciones! Amados del Señor.

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