La conmemoración de la simbólica efeméride de 1945, temida hace semanas más fuera que dentro de Ucrania en función de grandes ataques o fastuosos desfiles que anunciaban fuentes difusas y otras desmentían, no fue ayer tal. «Putin debía haber llevado 20.000 ataúdes a la Plaza Roja para que las madres rusas vean cómo murieron sus hijos», reprochó el primer viceministro ucraniano de Interior, Ievguen Ienine. Más allá, apenas llegó el rumor de los «festejos militares» rusos en Mariúpol y el sur de Zaporiyia ocupado o inmerso en combates. Caso de Meritopol, donde su alcalde, Ivan Fedorov, hizo saber ayer que el enemigo no consiguió celebrar la parada castrense que llevaba preparando «casi un mes». Con la población local huida o encerrada en sus casas, aseguró la autoridad municipal, los rusos llevaron hasta la ciudad «a los residentes de la Crimea ocupada, las aldeas del distrito y Lungansk» y simularon la marcha. Ninguna fuente independiente puede confirmarlo.
«Putin debía haber llevado 20.000 ataúdes a la Plaza Roja para que las madres rusas vean cómo murieron sus hijos», reprochó el primer viceministro ucraniano de Interior, Ievguen Ienine
Allí en Lugansk, tampoco se pudo verificar el lunes en qué circunstancias está la sesentena de desaparecidos en un bombardeo el sábado en una escuela de la aldea de Bilogorivka, y no se pudo porque el acoso bélico ruso no permitió ingresar a los equipos de rescate. Igualmente, ninguna ayuda pudo acceder a la vecina Roubijne, también fuertemente atacada. La zona está en el ojo de la guerra.
«Quédense en los refugios»
«No sabemos que nos deparará el enemigo hoy, cualquier cosa terrible puede ser, por favor salgan lo menos posible y quédense en los refugios», advertía a primera hora Sergei Gaidai, el delegado de la Administración del Estado en esta región separatista, en la que Moscú puede exhibir su mayor –aunque pobre– progreso desde que a finales de marzo tuvo que replegarse del norte de Ucrania. A saber: el ingreso en la ciudad de Kremina desde el flanco que une Sievierodonetsk –teatro de gravísimos combates desde el viernes– con Lysychansk y de allí, 30 kilómetros en dirección oeste donde no consolidan posiciones y siguen los enfrentamientos con la resistencia de Ucrania en su intento por hacerse con las poblaciones de Yarova y Limán.
Desde la última de esas ciudades se están produciendo evacuaciones agónicas, principalmente mujeres, niños y personas mayores enfermas, que son transportadas diariamente bajo el fuego con el patrocinio de organizaciones humanitarias en un autobús blindado marca Usuzu y matrícula de Polonia que conduce Nikolai. Muestra el interior a condición de que no se tomen fotos, un interior como una cámara acorazada, «de una pieza», dice, 25 asientos y los maleteros listos para llegar al enclave sitiado con víveres todas las mañanas y volver con refugiados. En la pantalla de su móvil, el conductor muestra en vídeos el traslado de ancianos que llegan en camillas, de otros que se llevan bidones de agua y de pasajeros esta semana atrás en pleno traslado, que parecen ir conteniendo la respiración tras los cristales dobles, fortificados, que arrojan una luz tamizada e irreal dentro del vehículo. No tiene distintivos por fuera, es blanco, amén de una pegatina delantera y otra trasera con los colores de la bandera ucraniana donde únicamente consta la palabra «ayuda».
Lejos del Donbass, en Odesa, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se vio obligado este lunes a protegerse debido al ataque con misiles que se perpetró durante su visita sorpresa
Lejos del Donbass, en Odesa, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se vio obligado este lunes a protegerse debido al ataque con misiles que se perpetró durante su visita sorpresa, en la que se reunión con el primer ministro ucraniano, Denys Shmygal. Oficiales de este país concretaron que se trató de cuatro cohetes guiados de alta precisión Onyx disparados desde la península de Crimea, donde Kiev está denunciando que los rusos están concentrando nuevas unidades de artillería destinadas a intentar hacerse con ganancias territoriales en la provincia de Jersón, cuya capital de 270.000 habitantes a orillas del mar Negro es lo más importante que Moscú ha logrado dominar desde el 24 de febrero. Al este, en Mikolaiv, las autoridades locales también notificaron potentes ataques.

