Por: Héctor E. Contreras.
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Salmo 42:5, 11 y Salmo 23:1-6.
“Me acercaba a mi destino final de mi larga caminata, y podía ver la arboleda de abetos que aparecía elevándose por encima de mí. Sin embargo, una zarza espinosa y gruesa se interpuso en mi camino. Sacando las tijeras de bolsillo trasero, agarré el primer tallo del arbusto, lo corté y lo eché a un lado. Cortando poco a poco, se abrió paso dentro del sendero espinoso. A mitad del camino cuesta arriba, noté en este proceso el paralelo en mi recién caminar de fe. Por meses, el dolor fue agobiante, de tal modo que un encuentro diario con Dios era casi imposible. Sabía que la Escritura era el bálsamo para mi pena. Pero la zarza de la tristeza aun parecían bloquear la esperanza”. Este es el testimonio escrito de la Sra. Karla Sue Lowe-Phelps, de Misuri, EE.UU.
“En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel está su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor”, Ezequiel 34:14-15. Dios promete asumir el cargo de pastor de su rebaño esparcido. Cuando los líderes alguna vez fallen, no nos desesperemos, sino recordemos que Dios todavía tiene el control y promete regresar y cuidar su rebaño. Sabemos que podemos volvernos a Dios para buscar su ayuda. Él puede transformar cualquier situación trágica y producir un bien para su Reino. En el Salmo 23, encontramos las siguientes palabras: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre”, Salmo 23:1-3. En el verso primero, siempre debemos recordar que Jesús es el buen pastor, alguien que fue más allá de lo que David relaciona en su salmo: Jesús dio su vida por sus ovejas. Este salmo es refrescante y realmente pastoral y refleja la absoluta confianza de Dios.
La gente debe confiar plenamente en Dios y en su Palabra, porque Él siempre actúa de acuerdo a ella; su Palabra. Cada situación que enfrentamos es una oportunidad para confiar a plenitud en Dios en lugar de en nuestras propias inclinaciones. Confiar en el cuidado pastoral de Jesús, es creer que nos sostendrá y protegerá; además, restaurará nuestras vidas. Cuando permitimos que Dios nuestro pastor nos guíe, tenemos contentamiento pleno. Cuando decidimos pecar, sin embargo, estamos decidiendo ir por nuestro propio camino y no podemos culpar a Dios por el entorno que nosotros mismos hemos creado. Nuestro pastor conoce los “delicados pastos” y las “aguas de reposo” que nos restaurarán. Llegaremos a esos lugares únicamente cuando lo sigamos en obediencia. Al rebelarnos contra la dirección del buen pastor, en realidad nos rebelamos contra lo que nos conviene.
“Aunque ande en valle se sombre de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días”, Salmo 23:4-6. La muerte proyecta una sombra aterradora sobre nuestra vida porque estamos completamente indefensos cuando ésta llega. Podemos luchar con muchos otros enemigos—dolor, sufrimiento, enfermedad, daños—pero la fortaleza y el ánimo no pueden vencer a la muerte. Esta tiene la palabra final. Sólo una persona que puede caminar con nosotros a lo largo del valle sombrío de la muerte y hacernos pasar hasta el otro lado a salvo: El Dios de la vida, nuestro pastor. La vida es incierta, y por eso debemos seguir a este pastor que nos ofrece un eterno solaz. En la antigua cultura del Cercano Oriente, era costumbre ungir a una persona en un banquete con aceite fragante, como con una loción. Los anfitriones debían proteger a sus invitados a toda costa. Dios ofrece la protección de un anfitrión aun cuando estemos en medio de los enemigos. Al final de este salmo, vemos que los creyentes morarán con Dios, el perfecto pastor y anfitrión, promete guiarnos y protegernos a lo largo de la vida para llevarnos a morar para siempre con Él. ¡Bendito sea su nombre! ¡Aleluya!
“¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle. Salvación mía y Dios mío”, Salmo 42:5 y 11.
11. El espíritu de la fe habla ahora al alma abatida, haciendo que su mirada se desvíe de las circunstancias y se dirija hacia el rostro de Dios. El postrer curso de la acción ante cualquier conflicto es esperar que termine, no importa cuán desolador pueda ser su resultado. ¡Dios está por tí!
Las palabras de la Sra. Karla Sue Lowe-Phelps en su testimonio, cuando dio inicio a cortar la zarza con espinas que le impedían cruzar el sendero por donde iba, fue cuando despertó del dolor agobiante que por años llevaba dentro de sí, haciendo que esto le imposibilitara tener una relación cercana con Dios. Ella añade: “Mientras subía la colina, decidí cortar mis tallos de tristeza. A la vez que mantenía el ritmo de cortar las espinas literales, repetía el Salmo 23. Cada corte y con cada frase, sentí que salía del valle terrenal y espiritual de las zarzas. Al oler la dulce fragancia del pino, miré a los árboles bañados por el sol que se mecían como salmos vivientes ante su Creador. La creación de Dios me recordó que al recitar y confiar en su Palabra, Dios nos concede la esperanza”, al final del testimonio.
Mi invitación con este mensaje y el testimonio de la Sra. Karla, es invitarles a que reflexionen sobre su propia vida, sobre su relación de familia, laborales u otras cosas. La verdad es que mucha gente en este tiempo, por años llevan una carga interior en la mayoría de los casos les impide avanzar en sus propios proyectos y propósitos que tienen por delante; simplemente porque su interior está enfermo con algo vivido en el pasado y no es capaz de hacer una paradita y meditar en lo que es su propia vida. Su vida delante de la familia, del amigo o lo que es lo mismo, de sí mismo. Es el tiempo de cortar la zarza espinosa y gruesa que se interpone en tu camino. Saca tus tijeras del Espíritu y comienza a cortar todas estas zarzas que te impiden avanzar y en el nombre de Jesús puedas quedar libre de ese pasado tormentoso que tanto te ha costado.
Dios está por tí, por tu vida, por tu familia, por sus proyectos; sólo debes levantarte y decir que sí puedes. Bendiciones del cielo para cada persona que
Dios le permite leer estas líneas.



