Por: Héctor E. Contreras.
Lucas 3:15-17.
El evangelista norteamaricano, Billy Graham, en el año 1983 escribió su famoso libro titulado “El mundo en llama”. Su obra forma parte de las bibliotecas de la mayoría de evangelistas y predicadores desde entonces. En el tiempo actual, podemos ver que, en los lugares más remotos, sin ir más lejos, desde Estados Unidos y casi toda Europa, les invade un calor que abruma y asusta, ya que miles de personas están muriendo por causa de las altas temperaturas. Sólo en España, leyendo la prensa del día de ayer, 21 de Julio, se publicó la muerte de alrededor de 500 personas por causa del calor. La temperatura actual en algunos lugares ya ronda los 40 grados fahrenheit, llevándonos a entender que debemos estar preparados para afrontar uno de los veranos más agotadores que está casi sobre nosotros. La Biblia registra que existe un lugar mucho más caluroso que el actual, un lago con la mezcla de fuego y azufre, Apocalipsis 21:8. Los herederos de este lago, son aquellos que hasta ahora han ignorado el mensaje de Jesucristo. Abro una invitación para que tú, que ahora lees estas líneas, busques a Dios por medio de Cristo Jesús.
“Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que responda por medio de fuego, ése sea Dios”, I-Reyes 18:24. El profeta Elías estaba tan seguro del Dios a quien profesaba, que en vez de encender una hoguera en el altar que había preparado, ordenó llenar de agua todo a su alrededor, porque sabía que Dios le respondería a la petición hecha en su oración en cuanto al consumo de lo ofertado al Señor. Conocedor del poder de Dios, retó a sus enemigos a sabiendas de que el dios de ellos no tenía ningún poder, porque simplemente era un ídolo ideado por ellos mismos. Como siempre, cuando clamamos a Dios creyendo en su poder y en su Palabra, obtendremos la respuesta que buscamos. Los versos 38-39 de este mismo libro y capítulo dicen así: “Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a tí el corazón de ellos.
Entonces cayó fuego de Jehová y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja”. Dios, que respondió ayer a Elías, puede responderte a tí hoy. ¡Sólo debes clamar! Él te oirá.
“¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras, y a tu presencia se escurriesen los montes, como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos, y las naciones temblasen a tu presencia!” Isaías 64:1-2. La apariencia de Dios es tan intensa como un fuego abrasador que consume todo a su paso. Si somos tan impuros, ¿cómo podemos ser salvos? Solo por la misericordia de Dios. Los israelitas experimentaron la gloria de Dios en el monte Sinaí, Éxodo 19:16-19. Cuando Dios se presentó ante Moisés, hubo truenos, humo y un terremoto. Si Dios se presenta ante nosotros en este tiempo, su gloria nos aplastaría, especialmente cuando miráramos nuestros “trapos de inmundicia”, Isaías 64:6. Este último verso nos enseña que el pecado nos hace impuros para que nos podamos acercar más a Dios, más que un mendigo en harapos podría comer a la mesa del rey. Nuestros mejores esfuerzos siguen infectados de pecado. La única esperanza, por lo tanto, es la fe en Jesucristo, quien nos puede limpiar con el fuego purificador de Dios y llevarnos ante la misma presencia de Él.
“Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, respondió Juan, diciendo: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”, Lucas 3:15-17. Hacía más de cuatrocientos años que no había profecía en Israel. Existía la creencia general que cuando el Mesías viniera, la profecía reaparecería, según el profeta Malaquías, quien 450 años antes de Cristo escribió: “He aquí yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”, Malaquías 3:1 y “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no se que yo venga y hiera la tierra con maldición”, Malaquías 4:4-5.
Cuando Juan irrumpió en la escena, la gente se emocionó. Sin embargo, es obvio que Juan hablaba como los profetas de antaño al decir que el pueblo debía volverse de los pecados a Dios, para experimentar su misericordia y aprobación. Este es un mensaje para todos los tiempos y lugares, pero Juan lo presentó con una urgencia particular, preparaba a la gente para la venida del Mesías. Es bueno señalar que, el bautismo de Juan con agua simbolizaba el lavamiento de los pecados. Su bautismo se ajustaba a su mensaje de arrepentimiento y cambio en la gente. El bautismo de Jesús con fuego incluye el poder necesario para hacer lo que Dios había ya dispuesto. Se inició en el día de Pentecostés, Hechos 2, cuando el Espíritu Santo vino a los creyentes en forma de lenguas de fuego, dándoles poder para proclamar en muchos idiomas la resurrección de Jesús. El bautismo por fuego también simboliza la obra del Espíritu Santo, que trae el juicio de Dios sobre quienes rechazan el arrepentimiento.
También, en su mensaje, Juan advierte del juicio venidero comparando a los que rechazan vivir para Dios con la paja; lo inservible del grano. En contraste compara a los que se arrepienten y arreglan sus vidas con el grano que se nutre a sí mismo. El aventador era un instrumento de madera en forma de tenedor usado para limpiar el grano en la trilla. Quienes se niegan a que Dios los use, serán desechados porque son inútiles al desarrollo de la obra de Dios. Los que se arrepienten y creen, confesando a Cristo como su Salvador, poseen un gran valor ante los ojos de Dios, porque comienzan una nueva vida de servicio productivo para gloria de Él.
En uno de sus grandes discursos, el Presidente John F. Kennedy, hablando sobre el fuego de Dios, dijo: “El resplandor de ese fuego puede iluminar al mundo”. Déjate quemar por el fuego de Dios, para que seas transformado conforme a sus propósitos para con tu vida. Bendición del cielo para todos.



