Por: Héctor E. Contreras.
Mateo 6:1-4.
Una y la principal característica del creyente, la describe nuestro Señor Jesucristo cuando hablaba sobre el juramento. Él dijo: “Pero sea vuestro hablar: Si, si, no, no; porque lo que es más de esto, de mí procede”, Mateo 5:37. Los votos y los juramentos eran comunes, pero Jesús dijo a sus seguidores que no debían jurar, que su palabra debía estar según la siguiente declaración: “Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”, Santiago 5:12. ¿Se le conoce a usted como una persona de palabra? La veracidad parece ser algo tan raro que sentimos que debemos finalizar nuestra declaración con un “lo juro”. Si decimos siempre la verdad, no tendremos necesidad de respaldar nuestras palabras con una promesa o juramento.
“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”, Mateo 6:1-4. Jesús ofrece tres ejemplos específicos sobre cómo nuestra práctica de la piedad debe ser diferente de las prácticas externas de los fariseos. El principio general válido para los creyentes en Jesucristo es que el motivo de las observaciones religiosas es agradar a Dios y no recibir alabanzas de los demás.
Al contrario de los hipócritas, los creyentes no deben hacer alarde de sus dádivas. La recompensa de esos simuladores (los hipócritas), es presente y humana, en comparación con la recompensa divina de los que dan sin ostentación. Cuando Jesús dice “no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, quiere significar que nuestros motivos para dar deben ser puros.
Es fácil dar con motivos mixtos, hacer algo en favor de alguien si nos va a beneficiar en alguna manera. Los creyentes deben evitar todo artificio y dar solo por la satisfacción de dar y así responder al amor de Dios. ¿Cuál es tu motivación al dar?
Es muy fácil dar por reconocimiento y alabanza. Para asegurarnos de que nuestros motivos no son egoístas, debemos realizar nuestras buenas obras quieta y silenciosamente, sin esperar recompensa alguna. Jesús dice que debemos revisar nuestros motivos en cuanto a generosidad se refiere, Mateo 6:6. Algunas personas, especialmente los líderes religiosos, querían que los vieran como “santos” y la oración pública era una de las maneras que empleaban para lograrlo. Jesús vio más allá de sus actos de justicia propia y enseñó que la esencia de la oración no radica en lo que se dice, ni cómo ni dónde, sino en la comunicación con Dios. Es válido orar en público, pero orar sólo donde vamos a ser vistos es una indicación de que nuestra audiencia verdadera no es Dios. Nuestra coherencia debe ir mucho más allá de lo que es nuestro orgullo o carnalidad. Debe estar enfocada en todo tiempo en agradar a Dios con lo que hacemos con el propósito de bendecir a quien servimos y alabar a nuestro Dios con nuestro accionar.
“De manera que teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”, Romanos 12:6-8. Profecía: Se refiere tanto a aquellos a quienes los dones otorgados por el Padre creador les permite ver la vida desde una perspectiva profética especial, independientemente de la función pública que desempeñen o del uso especial que haga de ellos el Espíritu Santo para proclamar abiertamente una profecía; o a la manifestación de una profecía hecha pública, diciendo algo que Dios haya puesto en su mente. Esto lo reafirma el siguiente versículo: “A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas”, I-Corintios 12:10. Cuando el apóstol escribe:
A la medida de la fe, parece significar que cualquier tipo de actividad profética debe ejercerse de acuerdo con la madurez espiritual concedida a aquel que habla. Al final del verso 8 encontramos la palabra: “alegría”, la cual es comparable con “bullicioso” e “hilaridad”, (hilarotes) gracia, regocijo, gozo, benevolencia, afabilidad, jovialidad, alborozo. En algunas culturas primitivas los traductores de la Biblia definen hilarotes como: “el corazón se está riendo y los ojos están danzando”. Esta palabra se ha usado a menudo para designar el porte alegre de aquellos que visitaban a los enfermos, y de aquellos que daban limosnas. La persona que exhibe hilarotes es como un rayo de sol que ilumina la habitación del enfermo con calor humano y amor.
Los dones espirituales son colocados en la Iglesia como recursos para ministrar al cuerpo donde sea más necesario. Este pasaje despliega los dones del Padre, dados a cada persona como un medio para poder llevar su propósito a nuestra propia vida. Estos deben ser usados siempre con la guía del Espíritu Santo, nunca en lo que es lo humano o para vanagloriarnos de lo que tenemos, lo cual no es nuestro, porque viene de Dios por medio de Jesucristo.
Los dones del Padre difieren en naturaleza, poder y eficacia de acuerdo con su sabiduría y gracia, no de acuerdo con nuestra fe. La “medida de fe”, 12:3 o la proporción de fe significa, que Dios le dará el poder espiritual adecuado y necesario para llevar a cabo cada responsabilidad dentro del seno de la Iglesia. No podemos por voluntad o esfuerzo propio producir más fe y llegar a ser maestros o siervos más competentes. Dios es el que da dones a su Iglesia y otorga fe y poder de acuerdo a sus propósitos; nunca a la voluntad humana.
Los dones y talentos dentro del cuerpo de Cristo, tienen un valor incalculable a la luz de lo que es verdaderamente ser servidores del Reino de Dios. Si lo que tú tienes lo usas para engrandecer el nombre de Cristo, estás dentro de los propósitos de Dios para tí. Dios busca gente sencilla, que le confiesen y sirvan con gozo, regocijo y con conocimiento de lo que es estar sirviendo a Él. Encamina tu vida, tus dones y talentos para honrar el nombre de Dios. Es la verdadera forma de ser coherente con lo que has creído.
Que la gracia de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo reine en cada vida.




