La eternidad del evangelio

Por: Héctor E. Contreras

Isaías 61:1-4.

Jesús, hablando acerca de su regreso a la tierra en gloria, pronunció las siguientes palabras: “Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, Mateo 24:33-35. Cuando Jesús estuvo listo para presentarse a sí mismo y declarar su misión, lo hizo citando en forma dramática el pasaje de Isaías 61:1. Es notable que Él se detuviera en medio de la oración, antes de llegar a la frase “el día de la venganza de Dios”. Jesús enseñó que dicho día sin duda llegaría, pero en su segunda venida, no en la primera. La cita en el NT. la encontramos aquí: “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor”, Lucas 4:18-19. Es el mismo Espíritu que debe estar en cada vida que ha recibido el mismo toque que Jesús, para la libertad de muchos en su nombre.

En el parque por el que camino ejercitando mi cuerpo, existe un tronco alto, ya seco y en el mismo he podido observar como diversas especies de flores han nacido y crecido en lo que alguna vez fue un árbol robusto y de un verdor inimaginable en su tiempo. Ahora sirve de base para el desarrollo de diversas plantas que se han adherido a él. Es similar al siguiente testimonio que detallo a continuación: “En un viaje reciente a Alaska, E.U.A., viajando en autobús por la autopista, pasamos junto a una amplia extensión de tierras con hileras de árboles quemados. Frente a estos árboles negros y chamuscados crecían manchones de hermosas flores de color rosado. Observé que eran las mismas que habíamos visto en una caminata por la montaña en una zona húmeda y salvaje. Más tarde, nuestro guía explicó que eran flores perennes y que crecen habitualmente en los lugares donde ha ocurrido una catástrofe, tales como un incendio o incluso el movimiento de un glaciar”. Señora Laverne Williams, Georgia, USA. Revista El Aposento Alto del 27 de agosto/2022. 

Como el árbol, que después de haber sido derribado por un ventarrón en nuestro parque y que ahora sirve de base para el desarrollo de flores de diversas especies y las flores del testimonio de la Sra. Leverne Williams, así es el Evangelio de Jesucristo perenne, y esta perpetuidad debe continuar a través del tiempo con nuestro ejemplo vivo de que Cristo verdaderamente es nuestro Salvador. No importa el fenómeno que se haya registrado en aquella región de Alaska, las flores vuelven a resurgir desde lo más profundo, con una nueva vida, llena de esplendor. Así es todo aquel que confiese a Jesucristo, pasa de muerte a vida plena en Él. Podemos surgir, levantarnos del centro del huracán más feroz que pueda zarandear nuestras vidas y dejar ver el esplendor que recibimos al recibir a Cristo en nuestros corazones. ¡Bendito sea Dios para siempre!

Fue lo acontecido con Jesús después de su muerte, se levantó con poder de la tumba en que lo habían sepultado y proclamó al mundo su poder regenerador, para que nosotros podamos hallar en Él el renuevo en medio de de todo lo  que nos zarandea y nos abate, por lo cual podemos hallar en Cristo un nuevo reverdecer de esperanza de gloria, por medio de todo cuanto nos rodea. No importa el fuego abrasador que nos ha tocado vivir, el vendaval que haya azotado nuestras vidas, la enfermedad que ha zarandeado nuestros cuerpos; en ocasiones la estrechez económica que nos ha tocado vivir. Para todo esto, Dios tiene la manera de responder en las áreas de nuestras vidas donde hemos sufrido un desastre. Dios puede poner belleza donde hubo cenizas y gozo en el tiempo de dolor. 

El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. 

Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones”, Isaías 61:1-4. Cuando Jesús estaba en la sinagoga, citó las palabras del profeta en Lucas 4:18-19, escritas anteriormente, se detuvo en la mitad del 16:2 después de las palabras “a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová”. Cerrando el libro, dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”, Lucas 4:21. El resto de Isaías 61:2, “y el día de venganza del Dios nuestro”, se cumplirá cuando Jesús vuelva a la tierra otra vez. Ahora estamos bajo el favor de Dios, su ira aún no ha llegado. 

Tu trono ,oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de justicia es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros”, Salmo 45:6-7. Como el trono de Dios es eterno, amando la justicia y aborreciendo la maldad que existe en el mundo, Dios nos unge hoy con óleo de gozo, para que proclamemos la verdad de su Palabra, la verdad del Evangelio de Jesucristo y convirtamos en perpetua “Su Palabra”, “Su Evangelio”. Dios derrama su Espíritu Santo en nuestras vidas, para que nos convirtamos en atalayas de su Palabra y así dar continuidad al Evangelio de Cristo. 

Estamos ungidos y si ungidos escogidos, para llevar buenas nuevas a los abatidos, a los presos de sus propios pensamientos, a los quebrantados de corazón, libertad a los cautivos, a proclamar en voz en cuello que Jesucristo es el libertador de las almas. Todos estamos llamados a decir al mundo, que en Cristo hay libertad y esta libertad es por la eternidad. 

Si has confesado a Jesucristo como tu Señor y Salvador, estás en el deber de dar a conocer todo cuánto Él ha hecho en tí y así su Evangelio continuará extendiéndose y perdurando en cada corazón, en cada vida. Dios te bendiga y te guarde y haga resplandecer su rostro sobre ti y ponga en ti paz.  

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