El sol vuelve a ponerse en Londres después de una noche donde los termómetros han descendido hasta los 9 grados . «Ahora se empieza a estar un poco mejor, pero ha habido momento en los que hemos pasado mucho frío», explica John . Está algo anestesiado y habla muy despacio. Lleva en la cola algo más de nueve horas y calcula que se despedirá de la Reina Isabel II en dos. John vive en Brighton y ayer por la tarde, al terminar su turno en la tienda de alimentación donde trabaja, cogió un tren que le llevó a la estación de Victoria. Un termo con té, un sándwich y una manta le han ayudado a hacer la espera un poco más llevadera. Como él han pasado la noche también Ana María y Sophie . Cuando terminaron de cenar, cambiaron de planes y, en lugar de juntarse con sus nuevos compañeros de la universidad para una noche de copas y baile, algo les llevó hasta el final de la cola. «Sentimos que era lo que teníamos que hacer. Por nuestros padres, nuestros abuelos y por nosotras. La Reina siempre ha estado en nuestras vidas», afirma Ana María. A primera hora de la mañana, la gente empieza a impacientarse, sobre todo los que se incorporan ahora al final de la cola, que en las ultimas horas la Policía Metropolitana ha llegado a dividir en tres diferentes para organizar a toda la gente que llega para presentar sus respetos a la Reina. Noticia Relacionada estandar Si Los sobrecogedores sollozos de los dolientes dentro de Westminster Hall Ivannia Salazar Tras diez, doce o veinte horas de cola, el último adiós a la Reina Isabel II en este grandioso salón de casi mil años dura apenas unos segundos A las nueve de la mañana, las horas de espera para la cola vuelven a ser de catorce. Pero el ánimo no se resiente , incluso los de aquellos que han ido con niños. «Se iban a quedar con sus abuelos, pero cuando nos han escuchado levantarnos esta mañana han querido venir. De momento lo llevan bien», cuenta Wilson. Sus hijos tienen 8 y 10 años . A todos ellos les hubiera gustado haber presentado sus respetos ayer al Rey Carlos III, quien se acercó a saludar a otros compatriotas que, como ellos, hacían la cola. «Él ha estado muchos años viendo cómo su madre estaba al frente del país. Lo hará bien porque ha tenido tiempo para aprender de sus aciertos», señala Anna, la mujer de Wilson. MÁS INFORMACIÓN noticia No Carlos III y el Príncipe Guillermo visitan la cola de la capilla ardiente de Isabel II noticia No Los que guardan la fila y los (políticos) que se la saltan En la cola habilitada para gente con movilidad reducida, la espera es de cinco horas. A la mayoría no les ha hecho falta ponerse el despertador para venir. « Isabel II fue mi jefa durante mas de 30 años. Pero nos ha cuidado a todos durante 70», concluye Nigel. Militar retirado, este es su último servicio a la Reina.

