Por: Héctor E. contreras.
Lucas 21:34-35 y Eclesiastés 9:11-12.
La Biblia declara el tiempo como sigue a continuación: Día- Eternidad- Generación- Hora y Siglo. Para tí, ¿qué es el tiempo? En el periódico Hoy, del sábado 8 de octubre de 2022, en su página de “Encuentros”, la escritora Adriana Mukien Sang Ben, escribió la siguiente declaración: “Me sentía invencible. Que podía con todo y con más. Con el tiempo, comprendí que el conocimiento es tan amplio que me faltarían docenas de vida para aprender todo lo que quería y aspiraba. Entonces me di cuenta de que la vida era también naturaleza, familia, amor en pareja y amigos. A fuerza de tropiezos, desilusiones y lágrimas, tomé conciencia de que los seres humanos somos frágiles, incompletos, imperfectos y que llevamos a cuestas pesados fardos de nuestras infancias que inciden en nuestra vida adulta”. Hasta aquí su testimonio acerca de lo que ella entiende que verdaderamente somos.
El sabio Salomón, después de darse cuenta lo que era el tiempo, terminó escribiendo: ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?, Eclesiastés 3:9. El que tú disfrutes tu familia, trabajo, tu tiempo, depende en gran manera de tu actitud. Todo se vuelve pesado cuando se pierde el sentido del propósito que Dios tiene contigo. El verso 11 de este mismo capítulo declara, que: “Dios ha puesto eternidad en el corazón”, lo que significa que nunca podremos estar completamente satisfechos con los logros alcanzados en la tierra. Esto es debido a que Dios nos ha creado a su imagen, por lo tanto, 1-) Tenemos ansias espirituales, 2-) Valores eternos y 3-) Nada que no sea del Dios eterno puede satisfacernos verdaderamente. Él ha puesto en nosotros añoranza por este mundo imperfecto, que sólo se halla bajo su gobierno perfecto. Nos ha permitido vislumbrar la perfección de su creación, pero sólo en un débil resplandor. Nunca podremos conocer el futuro ni comprender todas las cosas. De modo que debemos confiar en Él ahora y realizar aquí lo que nos corresponda por medio de lo que Él, como Dios y nuestro Creador, nos ordene hacer. ¿Amén? Creo que sí, también un ¡Aleluya!
“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra”, Lucas 21:34-35. ¿A cuál día se refiere el Señor? ¿Al de su venida? Si, Él habla a sus discípulos sobre la necesidad de velar en espera de aquel glorioso día. Sin embargo, ese día puede ser cualquiera para todos los que vivimos en esta tierra. Puedo hablar de mi mismo, cuando escribo este mensaje y es que, por tres ocasiones he tenido que arrastrarme en el baño, porque de repente llega a mí un cansancio asombroso, una sudoración que invade todo mi cuerpo, obligándome a lanzarme al piso hasta recuperar la fuerza de nuevo, de donde he sido auxiliado por mi amada esposa. Han sido episodios que han llegado en un abrir y cerrar de ojos; entonces, mis amados del Señor, ese también puede ser nuestro día, cuando no sabemos si podremos levantarnos de una situación adversa que se nos presenta de repente. Después de todo esto, mis amados, es saber que Dios está a nuestro lado y sostiene con sus brazos de poder cuando nos encontramos en tal circunstancia.
“Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos. Porque tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos”, Eclesiastés 9:11-12. No es difícil pensar en casos donde el más rápido o el más fuerte no gana, el sabio pasa hambre y los inteligentes no son recompensados con riqueza, ni honor. Cuando se ven casos así, la gente dice que la vida es injusta, y en verdad tienen razón. El mundo es finito y el pecado ha torcido la vida, haciendo de ella todo lo contrario a lo que es el propósito de Dios. Salomón está tratando de reducir nuestras expectativas. El libro de Proverbios enfatiza cómo sería la vida si todos actuáramos con justicia. Eclesiastés explica lo que sucede a menudo en nuestro mundo imperfecto y pecaminoso. Debemos mantener nuestra perspectiva. Nunca dejar que las injusticias de la vida nos impidan realizar un trabajo serio y dedicado. Servimos a Dios, no a la gente, según la siguiente declaración:
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”, Colosenses 3:23-24.
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído se volverán a las fábulas”, II-Timoteo 4:1-4. Para Timoteo fue importante predicar el evangelio a fin de que la fe cristiana pudiera difundirse a través del mundo. Nosotros creemos en Cristo hoy, porque personas como Timoteo fueron fieles a su misión. Todavía hoy, es de vital importancia para los creyentes difundir el evangelio. “A tiempo y fuera de tiempo”, significa estar listos para servir a Dios en cualquiera circunstancia, sea o no conveniente. Es estar alerta a las oportunidades que Dios nos da.
Hoy y ahora es tu tiempo de gozarte con lo que Dios te ha permitido obtener, reconociendo siempre su señorío sobre tí, entendiendo verdaderamente que Dios es Dios y no tu.
Que la gracia de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, esté en cada vida desde ahora y para siempre. ¡Amén!



