January 5, 2023
Imagen para móvil, amp y app Código móvil The contraband found in «VIP» cells at Cereso No.3 prison in Juarez, Mexico after a prison break where 17 people died on New Years Day. The warden also said one cell had a safe with more than 1.7 million pesos, worth $87,613@sitdowncrimepod pic.twitter.com/NEKAfmg9bU— BIG MAN ON CAMPUS (@JeffNadu)
January 5, 2023
Código AMP The contraband found in «VIP» cells at Cereso No.3 prison in Juarez, Mexico after a prison break where 17 people died on New Years Day. The warden also said one cell had a safe with more than 1.7 million pesos, worth $87,613@sitdowncrimepod pic.twitter.com/NEKAfmg9bU— BIG MAN ON CAMPUS (@JeffNadu)
January 5, 2023
Código APP The contraband found in «VIP» cells at Cereso No.3 prison in Juarez, Mexico after a prison break where 17 people died on New Years Day. The warden also said one cell had a safe with more than 1.7 million pesos, worth $87,613@sitdowncrimepod pic.twitter.com/NEKAfmg9bU— BIG MAN ON CAMPUS (@JeffNadu)
January 5, 2023
Se calcula que sólo en el estado de México unos 34.000 reos comparten el espacio habilitado para 14.000 personas, con una la tasa de sobrepoblación carcelaria de un 136,77%. La población reclusa en todo el país es de 226.000. El corrupto sistema penitenciario mexicano provoca que las instalaciones estén controladas por los propios prisioneros que, como se ha constatado en el caso de los presos de Ciudad Juárez, contaban con televisiones, móviles, camas ‘king size’, armas largas, diferentes tipos de drogas (heroína, cocaína, marihuana…), mesas de billar y cajas fuertes donde guardaban millonarias sumas. A todo lujo Quizás lo peor es que este centro albergaba a muchos presos peligrosos sin ser una cárcel de máxima seguridad. El alcohol corría por las mesas en estas diez celdas ‘privadas’ en las que se podían beber cerveza, mezcal y tequila siempre que se deseara con estancias rehabilitadas que lucían azulejos nuevos con ‘jacuzzi’ insertado. Ante la desorganización del sistema penitenciario no sorprende este tipo de instalaciones. Tal y como salió a la luz en 2010 con el caso de Los Zetas saliendo y entrando de prisión a su antojo, organizando fiestas o cometiendo delitos en las narices de los funcionarios. Reclutaban a otros reclusos como sicarios, decidían el horario de visitas y el reparto de la droga. La Comisión Estatal de los Derechos Humanos alertó hace dos años sobre la peligrosa autonomía de la cárcel de Ciudad Juárez que incluía comercio con alimentos o llaves en propiedad de los presos para acceder a salones y comedores. Tras los altercados, 200 presos han sido trasladados en helicópteros a otros reclusorios. La Policía, sin medios La ‘sitiada’ Culiacán tras el arresto del hijo del Chapo, y la violenta Ciudad Juárez, por la espectacular huida del Neto, demuestran el poder del narco en México ante la fallida postura del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que desde su llegada al poder sostuvo la máxima de «abrazos, no balazos» como táctica para luchar ante el todopoderoso crimen organizado mexicano. La reafirmación constante de que AMLO no plantearía la batalla al narcotráfico es consecuente con la política llevada a cabo por anteriores administraciones. Esa tibieza se justifica para impedir una reyerta frontal con la violencia más extrema del planeta, por lo menos en número de asesinatos (44.000 homicidios dolosos en 2021, según el Instituto Nacional de Estadística) y desaparecidos (110.000 personas, datos de la Comisión Nacional de Búsqueda). A lo que hay que añadir 536 feminicidios y 17 periodistas asesinados en un año. El Gobierno pretende luchar contra esta inseguridad amparado en la militarización de México, pasando la Guardia Nacional a la Sedena (Secretaría de Defensa Nacional) con el peligro de una falta de libertades pueda darse en el futuro. Los militares tienen la misión de restablecer la paz en las zonas asediadas por el crimen organizado, por lo que, según el reportero de Sinaloa, Ismael Bojórquez, han aprovechado los resistentes narcotraficantes «para organizarse, armarse y fortalecer sus estructuras y sus finanzas». Multitud de vehículos, calcinados por las bandas, siembran las calles de Culiacán ante la imposibilidad de que la Policía los retirara debido a la falta de medios. Mientras, los malhechores conviven con el lujo y las comodidades aún entre rejas; eso suponiendo que los encarcelen en un México que ronda el 90% de impunidad para juzgar los delitos más graves.

