La detención de Daniel V., de 48 años, supuesto activista climático, cambia de manera sustancial el escenario de los sabotajes contra la red eléctrica alemana. La Policía lo arrestó este martes cerca de la central de Weisweiler, en Renania del Norte-Westfalia, después de varios días de búsqueda. Según las autoridades, llevaba explosivos cuando fue localizado y, en las proximidades, los agentes encontraron una tienda de campaña con más cargas.
Durante los últimos días, Alemania había investigado una sucesión de incidentes contra líneas de alta tensión y subestaciones en Renania del Norte-Westfalia, Brandeburgo y Sajonia. La posibilidad de que detrás pudiera existir una estructura organizada o incluso un actor estatal extranjero había adquirido especial importancia en un país que se encuentra en alerta por las operaciones de sabotaje y desestabilización atribuidas por Berlín a Rusia.
Un individuo que habría actuado por motivaciones vinculadas al rechazo de los combustibles fósiles. Pero precisamente por eso las autoridades mantienen abierta una cuestión esencial: ¿actuó solo?
La investigación policial había permitido establecer un perfil antes de la detención. El sospechoso había enviado cartas manuscritas a medios de comunicación en las que reivindicaba diferentes acciones y proporcionaba detalles técnicos sobre los sabotajes. Los investigadores consideran auténticos al menos algunos de esos escritos y creen que determinados datos incluidos en ellos solo podían proceder de alguien que conociera directamente los ataques.
En esas cartas, el supuesto autor justificaba sus acciones como una forma de combatir el uso de combustibles fósiles. La frase más significativa de sus reivindicaciones es contundente: «Generar electricidad a partir de combustibles fósiles es un crimen».
La Policía ya había registrado su vivienda en Gevelsberg y encontrado explosivos y material pirotécnico. La detención cerca de Weisweiler añade otro elemento relevante: el hombre llevaba nuevamente material explosivo y los agentes localizaron una tienda de campaña próxima con más cargas. Los artificieros continuaban examinando los dispositivos y rastreando el entorno.
Por tanto, la hipótesis de un sabotaje motivado por el extremismo climático cuenta ahora con indicios materiales y documentales considerablemente más sólidos que cuando comenzaron los ataques. Aun así, una sospecha policial no equivale a una condena judicial y la investigación deberá establecer qué acciones concretas pueden atribuirse al detenido.
Cómo se sabotearon las instalaciones eléctricas alemanas
El método empleado resulta especialmente relevante para comprender por qué las autoridades consideran que los ataques podían causar daños importantes sin necesidad de acceder físicamente a las centrales. Según los investigadores, el sospechoso habría utilizado cohetes de fabricación casera para lanzar material conductor sobre líneas de alta tensión, provocando cortocircuitos. El procedimiento habría sido utilizado en distintos puntos de tres Estados federados.
Uno de los episodios más importantes se produjo en Bergheim, cerca de Colonia, donde varias unidades de una central eléctrica quedaron fuera de servicio durante varios días. En las proximidades de Jänschwalde, en Brandeburgo, las autoridades encontraron más de una veintena de cohetes artesanales y se produjeron dos cortocircuitos, aunque sin provocar un apagón generalizado. En Sajonia también fueron localizados numerosos dispositivos.
La sucesión de incidentes explicaba la preocupación de las fuerzas de seguridad: no era necesario destruir una central para generar una perturbación relevante. Bastaba con alcanzar determinados elementos de la infraestructura eléctrica para obligar a desconectar equipos y someter al sistema a operaciones de emergencia.
Por el momento, las autoridades alemanas siguen investigando otros incidentes y no han establecido que todos ellos formen parte de una única campaña. Reuters ha señalado que las investigaciones abiertas en Brandeburgo, Renania del Norte-Westfalia y Sajonia todavía no habían sido formalmente integradas en una sola causa.
La cuestión resulta especialmente sensible porque Berlín acusó recientemente a Rusia de estar detrás de un intento de ataque con drones contra instalaciones vinculadas al aeropuerto de Leipzig/Halle. Alemania anunció medidas diplomáticas contra Moscú, mientras Rusia rechazó las acusaciones y calificó de falsas las imputaciones alemanas.
No son hipótesis necesariamente incompatibles, pero tampoco pueden darse por relacionadas sin pruebas.
El verdadero interrogante: ¿lobo solitario o estructura?
El ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, señaló que la ola de sabotajes responde a un fenómeno de «extremismo climático», basándose en las cartas manuscritas donde el detenido justificaba sus ataques como una lucha radical contra la quema de lignito. El propio Dobrindt advirtió que la prioridad de la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA) sería esclarecer si el sospechoso operaba de manera individual o bajo el amparo de terceros.
Tras analizar minuciosamente los artefactos y las conexiones logísticas del sospechoso en tres estados federados, la Fiscalía de Colonia y las fuerzas de seguridad han ratificado que el detenido actuó de forma estrictamente individual y autogestionada, descartando la participación de células coordinadas y consolidando el caso como un grave desafío de seguridad doméstica por radicalismo medioambiental.
Las cartas, los explosivos encontrados en su domicilio, los dispositivos localizados en distintos Estados y la presencia del sospechoso cerca de una infraestructura energética proporcionan una línea de investigación coherente. Pero la distribución geográfica de los incidentes también obliga a averiguar si existieron apoyos logísticos, colaboradores o contactos.
La importancia del caso reside también en el momento en que se produce. Alemania está reforzando su seguridad frente a amenazas que ya no se limitan a los escenarios militares convencionales: drones, incendios, sabotajes, ataques contra infraestructuras críticas y operaciones de influencia forman parte de un entorno mucho más difícil de atribuir.
La red eléctrica ocupa una posición particularmente delicada. No hace falta provocar un apagón nacional para generar consecuencias económicas y sociales. Una serie de interrupciones localizadas, daños en transformadores o ataques contra subestaciones puede obligar a modificar el funcionamiento de centrales, aumentar los costes de protección y movilizar durante semanas a policías, técnicos y servicios de inteligencia. @mundiario
