Algunos aspectos militares tras la cumbre

La Cumbre Atlántica de Madrid ha supuesto una esencial puesta al día conceptual. Rusia ha pasado de «socio estratégico» (Concepto Estratégico (CE), Lisboa 2010), a «amenaza más directa e importante» para nuestra seguridad (CE. Madrid 2022). Y China, que ni figuraba en aquél, ha «ascendido» ahora al nivel de desafío sistémico. Superando al pasado, incluso en alcance y nivel de ambición, es todo un juicio de política de bloques y confrontación geopolítica de alcance planetario, que nos retrotrae hacia el modelo de sistema bipolar flexible enunciado por Kaplan. Sugiere, quizás, la pretensión norteamericana de ampliar el área de actuación de la Alianza más allá de la zona euroatlántica.

Además de los aspectos más políticos abordados en la Cumbre, los militares y operativos son especialmente trascendentes para España. Lo acordado en Madrid entre Biden y Sánchez profundiza el compromiso español con EE UU, con el estacionamiento permanente de dos buques de guerra estadounidenses adicionales en Rota. Bien que tal acuerdo, al modificar el vigente Convenio de Cooperación para la Defensa entre EE. UU. y España, deba ser aprobado en el congreso de los diputados. La pelotera en el seno del Gobierno parece asegurada.

La decisión de incrementar, desde 40.000 hasta 300.000, los efectivos de la Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad (VJTF) de la OTAN supone para España un enorme desafío. La desplomada operatividad de nuestras FAS, tras años de penurias económicas, pasa ahora su factura. El nuevo grado de alistamiento exige, más allá de las habituales y creativas contabilidades gubernamentales, un sustancial e inmediato incremento del gasto en defensa, acompañado de estabilidad presupuestaria. En el Ejército de Tierra, por ejemplo, identificar fuerzas adicionales para la VJTF, a los aproximadamente 1.000 efectivos «earmarked» (designados), sobre la base de la BRIAC XII (El Goloso) va a ser un objetivo difícilmente alcanzable. Por no hablar del gasto de sostenimiento tras su potencial despliegue, por ejemplo, en Rumanía.

Por otra parte ―digan lo que digan―, la no inclusión textual de Ceuta y Melilla entre los lugares «calientes», seguirá obligando a nuestro país a un permanente esfuerzo de vigilia, preparación y planeamiento de contingencia frente a la amenaza «no compartida», aunque sí bien conocida.