¿Álvaro Arbeloa tiene sus días contados en la Premier League?

Álvaro Arbeloa rozó con la yema de los dedos su ansiado primer triunfo en los banquillos de la Premier League, pero el fútbol británico le asestó el golpe más cruel de su incipiente carrera en Inglaterra. El preparador salmantino saboreó la victoria hasta el minuto 88 de un encuentro que su equipo dominó y mereció ganar durante tres cuartas partes del tiempo reglamentario. Sin embargo, un clamoroso apagón colectivo en el suspiro final permitió al Ipswich voltear el marcador de forma agónica, condenando al Fulham a un auténtico drama clasificatorio que prolonga su condición de conjunto incapaz de ganar y lo mantiene hundido en la zona de descenso.

La tarde se había puesto de cara para el conjunto de Craven Cottage gracias a la inspiración individual de Ryan Sessegnon, cuyo golazo desde fuera del área hizo justicia a la notable superioridad exhibida sobre el césped. La diana del carrilero inglés plasmó en el electrónico la abrumadora autoridad de los pupilos de Arbeloa frente a un Ipswich completamente desdibujado. Durante gran parte de la contienda, los londinenses dictaron el compás del partido con autoridad, sin sospechar que el desenlace depararía un desenfreno incontrolable.

La columna vertebral armada por el estratega español funcionó a las mil maravillas para someter tácticamente al rival. Con Calvin Bassey mandando con sobriedad en la retaguardia, Alex Iwobi aportando dinamismo entre líneas, Joshua King canalizando los apoyos y Oscar Bobb desbordando con electricidad desde el costado diestro, el Fulham se apoderó de la pelota. El adversario fue totalmente incapaz de discutirle la posesión a los blancos durante más de una hora de constante iniciativa visitante.

Mejor plantado en cada palmo de la cancha, ocupando las zonas intermedias con criterio e interpretando con inteligencia los huecos en la zaga rival, el equipo londinense generó suficientes aproximaciones para haber sentenciado el duelo mucho antes. Sin embargo, la falta de pegada volvió a penalizar a los Cottagers, que fueron dilapidando una tras otra sus opciones claras de gol hasta que la genialidad de Sessegnon al inicio del segundo periodo abrió momentáneamente el camino de la esperanza.

En el centro de las ocasiones desperdiciadas volvió a quedar retratado Gonzalo García, el único futbolista español que mantiene la titularidad indiscutible en los planes de Arbeloa. El delantero formado en la cantera del Real Madrid continuó peleado con la definición y evidenció una marcada ansiedad de cara a puerta. Su casillero goleador en el torneo inglés sigue clavado en una solitaria diana, aquella anotada frente al Chelsea en la fecha inaugural, una sequía que empieza a pesar demasiado en la delantera blanca.

El asedio desordenado del Ipswich y la condena final

El atacante hispano intentó compensar su falta de acierto en el remate con una entrega encomiable sin balón, ofreciendo constante presión sobre la salida enemiga y trazando desmarques de arrastre para habilitar a sus acompañantes en el frente ofensivo. No obstante, en la despiadada élite británica los arietes viven de los números, y queda por ver si el despliegue físico de Gonzalo será un argumento suficiente para que el técnico salmantino lo sostenga en la alineación titular en las próximas jornadas.

El partido cambió de signo de manera radical en el último cuarto de hora, cuando el Ipswich se vio contra las cuerdas y decidió lanzarse con todo al ataque a la desesperada. Lo que comenzó como un asedio desordenado terminó transformándose en un cerco angustioso que metió al Fulham en su propio tercio de cancha. Arbeloa no encontró la fórmula desde el banquillo para refrescar el centro del campo ni enfriar el ritmo del juego, permitiendo que la presión ambiental fuera minando la resistencia de sus jugadores.

La endeble estructura defensiva que intentó montar el cuerpo técnico para blindar el 0-1 saltó por los aires en el minuto 88 tras una brillante maniobra de Dango Ouattara. El atacante rival se inventó un golazo descomunal para poner el empate y destrozar de un plumazo todo el trabajo previo del cuadro visitante. Lejos de conformarse con las tablas, la inercia del choque llevó en volandas a los locales, que apenas dos minutos más tarde desataron el delirio con el definitivo 2-1 firmado por Dara O’Shea en medio del desconcierto defensivo londinense.

La debacle final deja una sensación de impotencia mayúscula en el cuerpo técnico del Fulham, que comprobó con amargura cómo su plantilla es incapaz de sumar de tres incluso cuando supera ampliamente a su contrincante en volumen de juego e ideas tácticas. Perder puntos en los instantes decisivos refleja una fragilidad psicológica alarmante que suele caracterizar a los proyectos atrapados en la espiral negativa del fondo de la tabla.

Con el pitido final, el rostro desencajado de Álvaro Arbeloa resumió el calvario de un técnico que sigue sin dar con la tecla de la solidez en el campeonato más exigente del mundo. La derrota deja al Fulham atascado en los puestos de peligro y enciende las luces de alarma sobre el margen de maniobra del exentrenador de las categorías inferiores blancas. O el vestuario aprende a cerrar los partidos con oficio o el sueño de la Premier amenaza con convertirse en una pesadilla insostenible. @mundiario